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¿Qué se vota en la consulta de Podemos?

"Lo peor que puede hacer Podemos es situarse a la defensiva, pensando en resistir en lugar de en construir una fuerza mayoritaria que anticipe el país que queremos, que sea fuerza dirigente antes que fuerza gobernante", afirma la firmante del modelo Recuperar la Ilusión 

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La respuesta a esta pregunta cabe en un tuit: las personas inscritas en Podemos pueden votar hasta el martes qué sistema de votación y ordenación del debate quieren para Vistalegre II. Pero lo interesante de esta consulta no es lo que se vota, sino la relevancia que tiene lo que salga como resultado de la votación. Más allá de los titulares y relatos mediáticos, lo central es que hay un debate de fondo en Podemos que se resume en responder la pregunta ¿cómo pasar de una máquina de guerra electoral a una organización política que aspira a gobernar el país? Este parecería un debate táctico u organizativo, que sin duda también se va a dar, pero tiene de fondo un debate político: ¿cómo definimos el momento histórico? Y, en relación con esa definición, ¿cuál es la estrategia política para alumbrar un nuevo proyecto de país?

Para poder llegar a este debate, para poder exponer las posiciones de cada uno y, sobre todo, para poder encontrarnos en un punto común que nos una y permita un Podemos en el que quepan todas las posiciones políticas que conviven en él, necesitamos tener un tiempo de debate que no puede estar formulado en términos de todo o nada.

Esta es una de las cuestiones cruciales que se deciden en esta consulta. Y por eso apoyo la propuesta de ‘Recuperar la ilusión’, porque permite discutir, acordar en base a la posición política y no a los repartos de cuotas y, finalmente, votar en aquellas cuestiones que no se hayan acordado. Y sobre todo, porque propone que el sistema de votación alumbre unos órganos proporcionales, esto es, que cada propuesta esté representada exactamente en base al apoyo que tiene entre las personas inscritas de Podemos.

En el debate de fondo defenderé que no se ha cerrado la ventana de oportunidad en términos políticos y sociales, aunque el campo electoral ya no esté marcado por una veloz carrera y, por tanto, ya no sea una maquinaria electoral lo que necesitamos para seguir abriendo brecha. Creo que el 15M abrió una crisis de régimen como resultado de la acumulación de crisis económica, social, política, institucional y generacional. En toda crisis de régimen lo que está en juego es en torno a qué sectores sociales y proyectos políticos se construye una nueva hegemonía que sustituya a la que ha entrado en crisis.

Sólo hay dos proyectos alternativos en este país: un proyecto dirigido por y para las mayorías, o un proyecto dirigido por y para los poderes económicos que no se presentan a las elecciones. Esta dicotomía supera los espacios políticos hoy conocidos. La duda hasta el 20D era quién podía liderar la oposición al PP; sin embargo, hoy, con un PSOE en crisis y un PP gobernando con el respaldo de una Europa que se cuidará muy mucho de apretar más el cinturón a la población española viendo el resultado que estas políticas de ajuste han tenido en nuestro entorno, lo que está en debate es si hay alternativa sólida al PP que evite que este sea el nuevo partido del régimen, sustituyendo al PSOE como proyecto hegemónico de este país desde la transición hasta nuestros días.

Con este panorama, lo peor que puede hacer Podemos es situarse a la defensiva, pensando en resistir en lugar de en construir una fuerza mayoritaria que anticipe el país que queremos, que sea fuerza dirigente antes que fuerza gobernante. Este ha sido el proyecto originario de Podemos, y no querer admitir el debate abierto y fraterno en todos sus  términos sobre cómo mantener ese rumbo creo que nos hace correr el riesgo de que un sector gane la organización pero pierda el proyecto que tanta esperanza ha traído a España y Europa.

Esta idea tiene mucho que ver con otro aspecto de la consulta: ¿cómo elegimos a nuestros dirigentes? Los sistemas electorales jamás son inocentes, reflejan las correlaciones de fuerza de un momento dado y la voluntad del legislador de hacia dónde dirigir esas fuerzas. Apoyo la propuesta de ‘Recuperar la ilusión’ por dos razones fundamentales, una relacionada también con la separación de debates: somos el único proyecto de España que reconoce la plurinacionalidad de este país y asume el reto de su articulación como un proyecto, a la vez, unitario. Desde esa posición, tenemos la obligación de ensayar en la articulación política de nuestra organización la relación política entre territorios que queremos para España. Por eso apostamos por que sean los territorios, todos ellos, protagonistas de este debate, y que no se decida en Madrid, entre un grupo cerrado de personas, cómo construimos un proyecto unido que contenga las realidades de los territorios.

La segunda idea es más sencilla: la unidad se construye día a día en el debate entre diferentes, en espacios plurales que alumbren una cultura donde el disenso enriquezca el debate, y el acuerdo, la unidad de de acción.

Y sobre todo, siempre he querido que en este país todos los votos valgan lo mismo, y que el Parlamento sea un reflejo fiel de las ideas que hay en la sociedad. No entiendo la relación que algunos establecen entre sistema mayoritario y fomento de la unidad. ¿En base a qué se construiría una unidad así? Me temo que en base a una dicotomía imposible: someterse a un acuerdo, aun no estando de acuerdo en sus términos, o dejar en una situación de infrarrepresentación las ideas que muchos y muchas defienden por un sistema que penaliza al segundo en liza. En resumen, unidad a costa de obligar a elegir entre lo malo y lo peor.

En algo más que un tuit esto es lo que se decide estos días en la consulta ciudadana que celebra Podemos. En términos más profundos, siento que decidimos algo mucho más importante: ser la fuerza política dirigente que alumbre un país gobernado por y para sus mayorías, o que el PP se constituya como el centro del nuevo régimen levantado sobre la desigualdad y la injusticia. Hoy, la histórica dicotomía entre reforma y ruptura obliga a la articulación de la acción política en la calles como espacio de protesta, pero también en los espacios cotidianos donde se disputa el sentido común, y también en las instituciones donde se toman las decisiones cruciales para afrontar los retos que este país tiene por delante.

Porque el siglo XX ha acabado y aún está en nuestra mano escribir la historia del siglo XXI. Porque la voluntad de poder de las mayorías sigue siendo el motor de toda revolución democrática. Por eso, os invito a recuperar la ilusión de que sí se puede. Vota en Participa.podemos.info.

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