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Las nubes frustran una cita histórica del sol con la necrópolis de Arteara, en Gran Canaria

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Las nubes frustran una cita histórica del sol con la necrópolis de Arteara, en Gran Canaria

Las nubes frustran una cita histórica del sol con la necrópolis de Arteara, en Gran Canaria

Las nubes han frustrado hoy la oportunidad de presenciar un eclipse el primer día de la primavera en la necrópolis prehispánica de Arteara, donde los primeros rayos de sol del 20 de marzo marcan desde hace mil años el cambio de estación iluminando la "tumba del Rey".

Este espectáculo de luces, que sobrecoge por su precisión, se repite dos días al año, en cada uno de los dos equinoccios (primavera y otoño), y revela el dominio de la astronomía que los antiguos habitantes de Gran Canaria llegaron a desarrollar para poder controlar el calendario y, con él, los ciclos de la vida.

Este año, la salida del sol que proyecta a través de una hendidura natural de los riscos de Amurga ese rayo solar justo sobre el túmulo principal de la necrópolis coincidía con un eclipse, un acontecimiento que no se producía desde hace tres siglos, en concreto desde el 23 de septiembre de 1699, según ha confirmado a Efe el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

Por ello, la efeméride había despertado tanto interés entre los aficionados a mirar al cielo y, sobre todo, entre los estudiosos del conocimiento que los antiguos habitantes de las islas tenían del calendario solar, del que Gran Canaria conserva un amplio legado en forma de una serie de yacimientos que la Unesco acaba de incluir en su lista de enclaves arqueoastronómicos de relevancia mundial.

En Canarias, el eclipse comenzó a hacerse visible a las 7.45 horas, alcanzó su máximo a las 8.49 (46 % de ocultación) y dejó de apreciarse a las 9.38. Ese horario permitía albergar la esperanza de ver el sol parcialmente eclipsado durante su paso por la hendidura de Amurga, que suele comenzar sobre las 9.15 horas.

Sin embargo, las nubes que hoy han cubierto la mayor parte del archipiélago, incluidas la casi siembre soleada cara sur de Gran Canaria, donde se encuentra Arteara, impidieron ver el fenómeno, y con cierto sufrimiento añadido para el medio centenar de personas allí congregadas, porque los caprichos del tiempo quisieron que empezaran a abrirse claros a las 9.45, ya sin eclipse ni rayo.

Pese a todo, la cita ha servido para que los arqueólogos del Cabildo y los observadores de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria intercambien impresiones sobre cómo vieron los antiguos pobladores de la isla los eclipses, si es que los vieron.

De que los aborígenes de Gran Canaria observaban el sol y controlaban sus ciclos, no hay duda: lo recogen distintos autores en las Crónicas de la Conquista de Canarias y lo corroboran varios yacimientos con orientación astronómica, como la propia necrópolis de Arteara, las cuevas de Risco Caído en Artenara o Cuatro Puertas en Telde y el almogarén del Roque Bentayga en Tejeda.

De que observaron eclipses y dejaron constancia de la impresión que les causó esa visión, solo hay un indicio, y controvertido: una vasija decorada de la colección del Museo Canario en la que algunos arqueólogos ven un eclipse anular.

El especialista en arqueoastronomía de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria, José Carlos Gil, defiende que es probable que los eclipses parciales pasaran desapercibidos a los antiguos pobladores de la isla, pero no los eclipses totales, de los que en los últimos dos milenios ha habido al menos una decena visibles en Canarias.

Puestos a especular sobre si esa vasija muestra un eclipse anular (un círculo oscuro rodeado por una corona luminosa), Gil apunta una fecha que se remonta al siglo VI: el 13 de octubre de 581, cuando se produjo un eclipse total en Canarias con una posición del sol relativamente baja, en la que casi con seguridad se apreció.

"Ese es un efecto muy inusual que llamaría mucho la atención de las personas", argumenta.

¿Se vio alguno así en el marcador de la primavera y el otoño de Arteara? El 23 de septiembre de 591 la llegada del otoño trajo consigo un eclipse total, pero la presencia humana en Arteara en esa fecha solo es una hipótesis, porque la datación más antigua de Carbono 14 de la necrópolis es del siglo XI: precisamente la de la "tumba del Rey", el túmulo de los equinoccios.

José María Rodríguez

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