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Currante

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  • Cultura

    Crónica en primera persona de un desahucio

    #15 Creo que este, según diría Paul Preston, sigue siendo un país de señoritos. Este caciquismo innato de la "raza" se sigue notando todavía en expresiones como la de la periodista de élite Cristina Fallarás. ¡Por Dios, que una profesional como la copa de un pino se tenga que rebajar a trabajar de peladora de patatas! ¡De cocinera, oh, qué horror! ¡Qué desprestigio profesional, después de haber estudiado una carrera, señor, con lo excelsa y clasista de la profesión, con relación a otras profesiones, digamos, más mundanas, vulgares, de la plebe, o mejor dicho: inferiores desde el punto de vista del intelectual!! ¡Que tenga que poner el culo en pompa! ¡Qué barbaridad! ¡Dónde vamos a llegar a parar, cielo santo! ¡Una profesional como ella, que se tenga que rebajar a ésto! ¿No se le irán ahora a caer los anillos? ¡Con trabajos tan vulgares y plebeyos, dónde vamos a ir a parar! Señores, en Estados Unidos los cocineros escriben best sellers, si no miren Anthony Bordain, con su libro Confesiones de un Cheff, y no es ninguna deshonra para él seguir siendo cocinero de su restarante y continuar, además, fregando platos y haciendo tortillas de patatas! Pero por lo visto en este país todavía hay profesiones más clasistas y elitistas, mejor vistas, o intelectualmente consideradas superiores y distintivo o signo de privelegio social, aunque el de cocinero sea un oficio tan amplio y variado que dudo que la Fallarás lo ejerciera con la profesionalidad necesaria. Para ella, como para muchos periodistas en el fondo incultos e ignorantes literariamente hablando, es y será siempre un deshonor hacer tortillas de patatas, ¿verdad? Aunque el subconsciente siempre la traicione, su grito revolucionario para atraerse lectores sigue siendo una buena estrategia.