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Los sábados, masaje

El "tiempo feliz" de Rajoy vs el "tiempo nuevo" de Pablo Iglesias

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Rajoy defiende las "pullas" en campaña y recalca que C's y Podemos son partidos que han "surgido hace media hora"

 

Nada como un masaje para terminar una semana intensa de campaña electoral. Ayer sábado hubo masaje televisivo por partida doble: uno a Rajoy en Telecinco, en las manos veteranas y amorosas de María Teresa Campos; y otro más enérgico a Pablo Iglesias en Cuatro, a cargo de unos cuantos periodistas y ciudadanos que apretaban sin hacer daño.

¿Vieja política? Y a mucha honra

Que sí, que Rajoy está muy mayor, es aburrido y previsible, frente a la juventud, frescura y audacia de sus oponentes. Pero el presidente ha decidido hacer de la necesidad virtud, y sacar partido a sus desventajas: no es que esté muy mayor, es que tiene mucha experiencia. No lo llamen aburrido, digan mejor sensato. Y previsible, claro que lo es: lo malo conocido frente a lo bueno por conocer.

“¿Vieja política? Y a mucha honra”, parece decir Rajoy en el tramo final de la campaña, vendiendo confianza frente a la incertidumbre de la nueva política. Y por una necesidad puramente biológica: la mitad de los votantes del PP tiene más de sesenta años. Si a Felipe González, según la leyenda urbana, le pintaban canas en los carteles electorales, Rajoy fue con sus canas y su hoja de servicios al programa televisivo que mejor conecta con ese target maduro: Qué tiempo tan feliz, en Telecinco, presentado por María Teresa Campos.

Si quería subrayar su veteranía, nada más entrar en el plató le cayeron de golpe veinte años: Campos le plantó un vídeo del siglo pasado, en el que ella misma entrevistaba a un Rajoy cuarentón, que por contraste hacía más viejo al actual. A partir de ahí, ambos cayeron por el túnel del tiempo hasta la infancia, y desde aquel tiempo remoto fueron escalando década tras década, para que comprobásemos lo trabajados que están los sesenta años del presidente.

En la conversación se pronunciaron palabras tan evocadoras para la audiencia como “guateque”, y cuando había que hablar de los jóvenes se decía “los chavales”. Rajoy necesitaba un millonario para poner un ejemplo, y mencionó a Onassis (chavales, buscadlo en wikipedia). Trajo unas cuantas fotos familiares (las mismas que a Bertín), que lo de enseñar fotos también es muy de yayo. Campos, contagiada del orgullo de la tercera edad, subrayó lo mucho que ha trabajado el presidente en su larga vida, desde que era concejal (“todo político debería comenzar siendo concejal”, coincidieron los dos) hasta que fue “ministro de un montón de cosas”.

María Teresa: "Voy a recurrir a la sabiduría popular, y dirán que estoy muy mayor por decirlo, pero una cosa es predicar y otra dar trigo".

Rajoy: "Sin duda, sin duda".

Con esa facundia se les pasó la hora, dándose la razón entre ellos, defendiendo la cultura del esfuerzo, el respeto al maestro y lo inoportuno que es “hacer experimentos cuando España está en la buena dirección”. No faltó la selección musical de Rajoy: el “Te quiero” de Nino Bravo, que escuchó sin mover una ceja; y la sorprendente “Ojalá que llueva café”, que debe de sonar mucho en los centros de mayores.

Una hora y media para Iglesias

Si Rajoy disfrutó de su hora feliz, Pablo Iglesias se encontró con el regalo de una hora y media de televisión para él solo. Es verdad que Un tiempo nuevo viene marcando audiencias discretas, pero una hora y media de televisión nocturna a una semana de abrir las urnas ya la quisieran otros. La verdad, no sé qué pensar del idilio de las televisiones privadas con la “nueva política”, pero ayer se vio otra vez.

El masaje a Iglesias no fue como el de Rajoy, claro que no. Si al presidente se lo dio María Teresa con manos tiernas y mucha cremita, al de Podemos le van más los masajes enérgicos, de esos que te aprietan, golpean y retuercen pero al final, tras la paliza, te quedas como dios y duermes muy a gusto. Iglesias luce mucho más si le obligan a fruncir el ceño que cuando saca la guitarra.

Tampoco es que le apretaran mucho en Cuatro: ni los periodistas, que de relajados que estaban parecían hipotensos, ni por supuesto los seis ciudadanos “indecisos” a los que se enfrentó. Ya comentamos aquí lo inofensivo de estos formatos televisivos ciudadanistas.

En realidad, tampoco habría sido muy diferente con preguntas más duras. Iglesias ha demostrado ya muchas veces que en un plató puede con lo que le echen. Yo no recuerdo ningún político con tanto control de la escena televisiva. Si le das un minuto, te lo rellena sin desperdiciar un solo segundo. Imaginen en una hora y media todo lo que cabe. Anoche tuvo barra libre para colocar cuanto quiso. Es verdad que algunas consignas suenan demasiado a déjà vu, pero la culpa es nuestra por verlo tantas veces.

Si Rajoy le dijo a Campos que “es positivo que Podemos esté en las instituciones y no en la Puerta del Sol”, uno de los “indecisos” reprochó a Iglesias que hayan dejado la calle. Después, otro “indeciso” jubilado repitió la frase de María Teresa de “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Así, con ambas entrevistas haciéndose eco en el sábado noche, quedó claro que Rajoy representa ese “tiempo tan feliz” del pasado, e Iglesias “un tiempo nuevo”. Cada uno tuvo el masaje que mejor le va para su cuerpo, y no son intercambiables: Rajoy termina descoyuntado si lo entrevistan como ayer a Iglesias; y a Pablo da cosica verlo cuando le canta a María Teresa. Así cada uno logró anoche sus objetivos: el presidente amarrar votantes mayores, Iglesias colocar su mensaje de la remontada. Ambos durmieron a gusto tras el masaje.

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