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Aguirre dice que se va

Esperanza Aguirre. / Europa Press

José María Calleja

Dice Esperanza Aguirre que se va y no se sabe si se va como otras veces, que se quedaba, o se va y renuncia a la presidencia del PP de Madrid, pero sigue como concejala en la oposición, sembrando minas a su odiada alcaldesa Carmena. No se sabe si se irá del todo en unos meses, ante la perspectiva de no tener más poder municipal que la capacidad de embarrar el campo, que no es poca, pero insuficiente para ella.

Antes de las municipales Aguirre se iba a comer el mundo, se iba a llevar todos los votos del PP fetén de Aznar: los de Ciudadanos, los de Vox, los de UPyD; movilizaría a los abstencionistas, hartos del indolente Rajoy, felices de que en Madrid había vuelto a amanecer y reía la primavera con la sola presencia de la lideresa.

Aguirre se veía alcaldesa pletórica desde que le dijo sí a Mariano para ser candidata. Soñaba: de la alcaldía, en uno de los taxis que ponen mi jeta, a la Moncloa. No hacía Esperanza más que recibir apoyos en la particular burbuja de sus muchos mariachis mediáticos, esos que no dejan que se cite su nombre en vano sin desenvainar en su defensa, aunque disparate.

Lo cierto es que, como le ocurrió antes a Arenas, Aguirre perdió pese a ganar; lo que demuestra, entre otras muchas cosas, la incapacidad, trabajada a pulso, del PP para pactar con otros partidos, su parálisis para impedir que se mezclen los distintos, unidos con tal de que no gobiernen los de la gaviota.

Aguirre dice que se va de la dirección del PP de Madrid, que hace falta un congreso fundacional, extraordinario, gente nueva; dice que la campaña electoral no ha sido buena, que erró al bombardear [con la Eta y los Grapo] a Carmena; que la publicación de sus ingresos le quitó doce puntos entre el voto pensionista y que ya presentía que se quedaba sin poltrona en la noche electoral, antes del recuento. ¡Qué injusto para alguien que había alardeado de haber descubierto toda la Gürtel desde antes incluso que existiera!

Granados sigue en la cárcel, allí observa la caída de su jefa, que lo nombró número uno; Díaz Ferrán, su empresario de referencia, sigue entre rejas; Lucía Figar y Salvador Victoria, tan queridos por Esperanza, han dimitido por culpa de los naranjitos, no por ganas; Ignacio González huye, es posible que al ático, y todo el PP empieza a notar el frío helador que hace fuera de las mayorías absolutas: se van a la oposición, pierden el poder.

Aguirre proclama que abandona un minuto antes de que Rajoy anuncie, es posible, no sé que crisis. Se va después de haber irritado hasta al propio Aznar, a Botella y a unos cuantos más del PP de Madrid.

Aguirre presta un anteúltimo servicio a indolente Rajoy al echar la culpa de todo lo que le pasa al PP al PSOE, una consigna que hace furor en la temporada primavera-verano y que estará vigente hasta el otoño de las generales.

Ha entrado el PP en pánico. Ahora, hasta él mismo cree que puede perder el gobierno central, teme perder todo el poder, después del batacazo europeo, del andaluz, del municipal y autonómico, donde ha perdido más poder que votos. Hay una sensación de liquidación por cese del negocio y personas que no son cenizas ven que el PP se empieza a parecer demasiado a UCD.

Hernando, que sigue sin dimitir a pesar de su desprecio a los familiares de las víctimas del franquismo, dice que no se había enterado de la espantada de Aguirre.

A Rajoy debieron darle la noticia de la huida de su querida enemiga Aguirre en el tiempo sagrado de la lectura de la prensa deportiva y por eso, aunque hay que mejorar la comunicación, no ha dicho ni mu.

Solo queda por saber si Esperanza se va del todo o se va solo un rato, como hizo antes. En cualquier caso, se va fastidiada.

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