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Javier Cárdenas, vete a Gran Hermano y déjanos en paz

Es el penúltimo síntoma del tremendo desastre, del indigno despilfarro, de la humillante situación que se vive en RTVE

Lean su perfil y se darán cuenta con horror en manos de quién ponen los directivos de la televisión pública los programas

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Javier Cárdenas

Javier Cárdenas.

No me duele nada España, porque no entiendo el concepto, y eso que salgo ganando, pero sí me duele, mucho, mucho, la televisión pública española, en todas sus versiones (nacionales y autonómicas). Viene esto hoy a cuento de Javier Cárdenas, el penúltimo síntoma del tremendo desastre, del indigno despilfarro, de la humillante situación que se vive en RTVE.

Tremendo desastre porque una televisión que ya no vive agobiada por la audiencia para transformarla en publicidad para sobrevivir, debería ser una delicatessen en todos los sentidos. El del entretenimiento inteligente; el de la pluralidad y la apertura a nuevas ideas, pueblos, generaciones; y, por supuesto, el del rigor en la información.

Lo que vemos, lo que aguantamos, sin embargo, es un despilfarro permanente de dinero público que se utiliza para manipular la información o para colocar en antena programas de ínfima calidad que no pasarían el filtro del trabajo de fin de carrera de cualquier escuela audiovisual. Todo ello mezclado, es verdad, con otros espacios verdaderamente interesantes, lo cual demuestra que sí sería posible que todos lo fueran.

La parte humillante la viven los profesionales de la casa, periodistas, programadores, realizadores o técnicos, que sin duda, en su mayor parte, no carecen de talento, tan solo ven cómo no es aprovechado por sus jefes, puestos ahí por el Partido Popular con fines muy diferentes a la búsqueda de la calidad o el aprovechamiento de los valores de la casa.

Pero hablemos de Cárdenas. El puñetero, con tanto ruido, ha logrado que vea su programa. Y claro, he tenido una ración triple de lo que es hoy RTVE. Desastre, despilfarro y humillación, en este caso de los espectadores, a los que día a día se les toma por imbéciles.

Nada mejor se podría esperar de un personaje que ha construido su carrera profesional choteándose en antena de los defectos físicos de la gente, de sus problemas mentales o de su aspecto o manera de hablar. Ni un gramo de inteligencia ni talento, solo zafiedad y explotación del otro en beneficio propio. Lean su perfil y se darán cuenta con horror en manos de quién ponen los directivos de nuestra RTVE los programas.

Por si esto fuera poco, el señor Cárdenas se ha permitido en los últimos días el lujo de utilizar su programa, que, repito, pagamos todos, para atacar a este medio y a su director. Minutos y minutos de insultos y manipulaciones, coreados por su sanedrín de paniaguados colaboradores. ¡Desde una televisión pública! Pero esto, que podría quedar en un asunto entre él y nosotros, resulta que es uno más de los múltiples líos en los que anda metido, desde  promoción de la pseudociencia hasta el chalaneo con diversos medios para que hablen bien de su programa

Cárdenas, vete a Gran Hermano y déjanos en paz.

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