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Caridad, solidaridad y justicia: todo vale para los refugiados

Jesús López-Medel

Para muchos que estamos desde el centro progresista a la izquierda, la expresión “la caverna” está referida a algunos medios de comunicación que encerrados en una ideología más que de derechas, son reacios a admitir una realidad que les rompa su ceguera voluntaria y sectarismo.

Pero también la idea de caverna no es solo esa, alusiva a prensa radio o televisión, sino aquellas personas y sectores que conservan unas ideas que parten de prejuicios viejos y anclados en bunkers antiguos de cualquier tipo. Ni siquiera una realidad cierta e indudable les hace abrir un poco los ojos y reconocer hechos que rompen con sus esquemas. Prefieren dejarse llevar por su ángulo muy parcial de visión desenfocada.

Hago esta introducción en relación con algunas reacciones que, con la presencia del papa Francisco en Lesbos, han extraído de dentro y expresado viejas fobias internas.

Pueden criticarse muchas acciones en la historia y del presente de la Iglesia católica, pero nadie, ni los también cavernícolas, pueden negar los cambios que se están produciendo impulsados por un personaje que, además de coraje y valentía, está aportando, sobre todo, humanidad y ternura a un mundo que carece cada vez más de valores.

Por ello, que por vez primera haya un líder mundial que visite Lesbos para conocer por sus propios ojos esa realidad, debe ser apreciado y no recibido con una crítica severa y epítetos fuera de lugar por algunos.

Saber valorar lo bueno cuando lo hacen gente con la que no coincidimos en ideas es símbolo de ponderación y ecuanimidad. De esto también estamos muy necesitados en nuestro país.

Que se critique como gran argumento al papa Francisco este hecho de llevarse consigo fuera de ese infierno a doce refugiados (ninguno de su religión sino musulmanes) como ejercicio de 'caridad' y eso lleve a hacer de afirmaciones duras con el personaje y su institución, me parecen un desenfoque poco afortunado.

La situación de los refugiados, creo que es una de las mayores infamias desde el nazismo. Yo mismo he llegado a escribir desde mi formación jurídica que creo que esas acciones no solo vulneran el Derecho Humanitario e Internacional sino que incluso podrían encajar en el concepto de genocidio según la doctrina de la Corte Penal y la Carta de Roma.

Es, sin duda, una profunda injusticia lo que está aconteciendo. Y eso lo está provocando la acción política de 'seres humanos' (?). Desde los lodos de la invasión de Irak, el aliento occidental a la guerra en Siria, el fundamentalismo de determinados tribus, los intereses de las potencias pero sobre todo, la inhumanidad de unos dirigentes europeos (socialistas, liberales y conservadores), etc, que están provocando esto.

No es simplemente una 'crisis' o 'conflicto' humanitario, como algunos expresan. Es muchísimo más. Es, además de un drama, desde luego, una profunda injusticia y ello requeriría un cambio de enfoque de una Unión Europa que está actuando con gran indignidad.

Pero no solo requiere justicia por quienes debieran actuar de otra manera. También otros valores que no son despreciables. Uno de ellos, la solidaridad de aquellos que son capaces de ir allí (o desde ONGs) para ayudar con su esfuerzo, su tiempo o su dinero a atender a esas personas que son tratadas como inhumanos. ¿Vamos a criticar por insuficientes a aquellos voluntarios que ejerce solidaridad pero no atacan de raíz la injusticia?

Pero también hay un factor que los más ideologizados tienden a despreciar y que es un valor humano fundamental en todas las dimensiones de la vida: el respeto, la cercanía, la ternura, el amor y la caridad. Esto es, humanidad.

Si se pide, con razón, a las personas que traten así a los animales, ¿Por qué somos capaces de censurar a quienes trasmiten esas mismas actitudes a otras personas. ¿No tiene valor la cercanía? ¿El ir al encuentro personalmente hacia el que sufre? ¿El mirar a los ojos a un ser denigrado? ¿El dejarse impactar por unas miradas y llantos? ¿El intentar trasmitir ternura? ¿Nada vale repartir unas caricias a seres maltratados? ¿Y organizar rápidamente el llevarse de una vez doce refugiados, dos terceras partes que nuestro país en este tiempo?

No dar valor a ello y aprovechar para sacar prejuicios antiguos y divulgarlos para zaherir a quien actúa con humanidad es triste.

Ese gesto del papa Francisco de ir, mirar, escuchar, dejarse taladrar por la mirada de esa gente, llevarse en su avión doce personas, tiene inmenso valor. Muchísimo más que todo lo que escribimos en prensa o redes sociales para que esa barbarie humana tenga una salida basada en la dignidad humana. Pero es que, además, estoy convencido que a partir de esa experiencia personal, el papa Bertoglio intensificará su compromiso y denuncia.

Sin querer plantear un debate teológico, la reacción de este simpático 'Papa peronista' como le llama despectivamente la derechona religiosa y política, me recordó el grito de otro papa menos simpático para mí (hasta que tuvo la grandeza inaudita de dimitir). Me refiero a Benedicto XVI que en una visita a Auswich, al campo de exterminio llamado eufemísticamente 'campo de trabajo' exclamó preguntándose ante tanto horror: “¿Dónde estaba Dios?”. Eso dicho por ese personaje y lo que representa, tiene gran fuerza pues introduce un elemento básico de todo pensador: la duda.

No es este un artículo en contra de nadie, ni a favor tampoco del dirigente mundial nacido en la Argentina (que en este sentido, son, al menos los de Buenos Aires, como los de Bilbao) ni de unas creencias que quedaron atrás sino sólo en defensa de unos valores de humanidad y ternura de los cuales no estamos sobrados.

Y así como en mi último artículo, concluía con una referencia musical de una canción de Pedro Guerra ('Contra el poder') permítanme ustedes y el cantautor, recordar otra de él, que se reconoce como no creyente, pero que no le impidió escribir y musicar esta bella canción hace 12 años, afirmando respecto de Dios que “Alguien lo vio en el bolsillo de la nigeriana que embarazada atravesó el estrecho. Alguien lo vio buscando un hueco entre los refugiados que en Ingushetia son como desechos”.

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