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El mundo al revés

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Emilio Botín aprovechó la junta general de accionistas de Universia que se celebró el viernes pasado en Málaga para dejar claro que el Decreto Ley de Función Social de la Vivienda que acaba de aprobar la Junta de Andalucía le parece "muy mal, fatal". Según el banquero, "ese tipo de medidas no ayuda en absoluto a la economía española". Se refiere Botín a la intención que tiene la Junta de expropiar durante tres años los pisos ocupados por familias que vayan a ser desahuciadas en un intento de rebajar los cerca de 45 lanzamientos diarios que se están produciendo en Andalucía.

Pero si hacemos caso a Botín, todo esto son exageraciones: en el drama de los desahucios la intervención del Estado sobra. Sobra como sobraba la supervisión estatal en las operaciones financieras. Según él, para resolver el problema basta la regulación de los propios bancos. El Santander sin ir más lejos ha aplazado el crédito de casi 20.000 familias por un importe de 2.000 millones de euros, y ha modificado las condiciones a muchas de ellas.

Hay que agradecer a don Emilio su solidaridad, pero es evidente que la seráfica voluntad de las entidades bancarias no basta por sí misma para solucionar un problema, que sigue ahí. El código de buenas prácticas, o como diablos se llame esa promesa de los bancos al Niño Jesús comprometiéndose a ser excelentes boy-scouts, no está dando resultados. Y en estas circunstancias la obligación del Estado es actuar. Ya hemos visto a dónde nos lleva la vista gorda. El decreto de la Junta no pretende mejorar la economía española; su encomiable iniciativa es un torniquete de emergencia para detener una hemorragia.

El argumento de Botín y sus colegas para dejar las cosas como están es que cualquier modificación de la ley hipotecaria que suponga la protección de la parte más débil será una invitación a dejar de pagar el préstamo. Qué disparate. Un disparate tan interesado como ese otro que confunde el fraude fiscal con la trampilla del parado que hace chapuzas mientras cobra el subsidio de desempleo.

La inmensa mayoría de la gente que deja de pagar la hipoteca no lo hace por gusto. Y los defraudadores fiscales no están en la cola del desempleo, sino en la lista Falciani, que tampoco ayuda gran cosa a la maltrecha economía española.

Que un evasor fiscal como Botín, pillado con las manos en la masa, se considere investido de autoridad para darnos lecciones, y que tamaña desvergüenza no tenga consecuencias inmediatas para su negocio, solo indica que vivimos el mundo al revés y que seguimos hozando en una ciénaga moral.


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