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Feliz Navidad, Mariano

La normalidad le va tan bien que Mariano Rajoy ha pasado a otro nivel. Levita sobre la política y los políticos españoles. Él ahora debate sólo con Ángela Merkel o Juncker y sobre cuestiones realmente transcendentes como la estabilidad de Europa

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Antes de que se adelante la competencia, quiero ser el primero en felicitarte las fiestas ahora que va quedando claro que ni se gobierna desde el Parlamento, ni quedaba más daño que amortizar por los casos de la corrupción o el juicio de la Gürtel, ni habrá elecciones el año que viene; a no ser que la oposición te lo siga poniendo tan fácil y entre todos te regalen otra mayoría absoluta, como si fueras su mejor amigo invisible.

El año había empezado regular pero no podría acabar mejor. Ya pueden ir abandonando toda esperanza quienes esperaban o confiaban en una legislatura corta y una convocatoria rápida de otras elecciones donde, ésta vez sí, la gente les daría la razón. A Rajoy no le faltan los votos, le sobran. Mientras Podemos se emplea a fondo en acabar con Eduardo Inda, al apoyo de un Ciudadanos entregado al papel de amante que todo lo aguanta porque mañana su amado pedirá el divorcio a su mujer, hay que sumar la receptividad de un PNV decidido a rentabilizar su papel de nacionalistas buenos y, sobre todo, la complicidad de un PSOE que ha pasado del “No es No” al “Vamos a hacernos una foto subiendo algo” mientras gana tiempo para preparar el advenimiento del nuevo liderazgo. Al presidente le ha bastado con seguir el sabio consejo del señor Miyagi: dar cera, pulir cera.

La normalidad le va tan bien que Mariano Rajoy ha pasado a otro nivel. Levita sobre la política y los políticos españoles. Él ahora debate sólo con Ángela Merkel o Juncker y sobre cuestiones realmente transcendentes como la estabilidad de Europa o qué hacer con los compact disk que compramos en los noventa pensando que eran el futuro. Que esta semana su mayor reto y gran impacto informativo haya consistido en responder a unas ironías adolescentes sobre los condones por parte de Gabriel Rufián, lo dice todo.

Para las cosas locales ha dejado de encargada a la Vicepresidenta Maravilla, quien todo lo arregla diciéndoles a los demás qué deben hacer con cara de estricta madre y cuidadora; un gran avance para la feminización de la política. Para todo lo demás se ha rodeado de otro equipo de ministros guardaespaldas: todos dedican las 24 horas del día a dejar claro que si algo va bien se debe a las sabias instrucción de Rajoy y si algo va mal el presidente lo arreglará. El ministro de Educación y portavoz ejerce de escolta líder y encarna como nadie ese espíritu de responsable de seguridad: todo sonrisas, amabilidad y empatía mientras te acompaña hasta la salida y te pone en la calle.

Si el paro vuelve a crecer en noviembre es por culpa del verano, que este año ha sido más largo. Si el recibo de la luz se ha disparado en un 28% en 2016 se debe también al verano y su falta de lluvia. Si sube la gasolina justo para el puente es cosa de la OPEP que recortado la producción y subido precios. Si crecen los impuestos se trata de cuidar la salud de los fumadores y los bebedores de refrescos. Si hay que tirar de 10.000 millones más de una hucha de las pensiones que, efectivamente, está para gastarse pero no tan rápido, algo debería hacer al respecto el Pacto de Toledo.

Nada ni nadie le afectan. De seguir así, al final de esta legislatura, Rajoy no se presentará a la mundanal reelección, podrá aspirar a la divina canonización.

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