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Héroes anónimos por el clima

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Claudia Ballesteros tiene 14 años y ha sido seleccionada por Greenpeace como heroína para salvar el planeta y representar en París la voz de la ciudadanía española.

Claudia Ballesteros tiene 14 años y ha sido seleccionada por Greenpeace como heroína para salvar el planeta y representar en París la voz de la ciudadanía española.

“Llevo 25 años pidiendo un cambio. Me tacharon de alarmista, de loco, de utópico, pero el tiempo me ha dado la razón. Entre todos podemos hacer que se frene el ritmo del calentamiento global, pero no podemos hacerlo sin gente consciente que se arriesgue, que se comprometa. En cada rincón he buscado un guerrero poderoso, incluso un héroe. Cuando pensé que los héroes habían desaparecido, no encontré a uno, no, encontré a cientos, a miles. Que esta tendencia de destrucción se revierta está en tus manos. La temperatura no puede aumentar más de 2 grados”.

Una voz en off de tonos épicos conduce el vídeo de la campaña 'Héroes anónimos por el clima', que ha lanzado Greenpeace de cara a la Cumbre del Clima de París (COP21). Una cumbre que, a pesar de haberse teñido de sangre y terror con los últimos atentados yihadistas en la capital francesa, resulta fundamental, pues se celebra en un momento que es crítico también para el medio ambiente. Esa voz pasa a presentarnos a siete personas que representarán en París a “la voz de la ciudadanía”: “Siete héroes unidos por el bien común que no pararán hasta que tu voz sea escuchada. Hasta París el próximo diciembre, hasta la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Hasta que salvemos el planeta. Juntos somos imparables”.

A través de esos siete héroes (así como de un amplio  informe para conocer todo lo necesario de cara a la COP21), Greenpeace nos traslada la necesidad urgente de que sean los ciudadanos quienes actúen y exijan a los líderes mundiales un compromiso ya ineludible. La cumbre de hace seis años en Copenhague resultó un fiasco que ha impedido frenar las dramáticas consecencias del cambio climático. Y París se considera la última oportunidad. Como única alternativa, la transición hacia un modelo energético 100% renovable y el fin del uso de combustibles fósiles. El Gobierno de España, vendido a las grandes compañías energéticas, está boicoteando ese modelo, que, sin embargo, a día de hoy se considera imparable.

Los siete héroes que Greenpeace seleccionó entre los cientos que se presentaron a su proyecto hace unos meses, representan a una opinión pública que, como ha advertido Mario Rodríguez, director ejecutivo de la ONG, “ya no se deja engañar”. Se llaman Iñaki, Carolina, Jorge, Nathalie, Claudia Azarug y Carlos. En el vídeo de la campaña expresan la urgencia de su lucha: “Te miraban como a un loco que hacía cosas que no tenían mucho sentido. Hemos sido los pioneros”; “El producir menos CO2 es el único objetivo”; “Todos deberíamos apostar por un cambio de modelo energético”; “Esto no puede continuar así”; “O actuamos ya o se nos pasa el tiempo”; “Esto lo llevaré hasta el límite de mis fuerzas”; “La Administración no es consciente de la responsabilidad que tiene”; “Si no se hace nada la temperatura subirá, al menos, 5 grados: es para tomárselo muy en serio”; "Lo podemos hacer convenciendo a aquellos a los que votamos de que queremos esto: queremos un cambio”.

¿Podemos ser cada una de nosotras la heroína, cada uno de nosotros el héroe del cambio que queremos? ¿Cómo?

Iñaki Alonso tiene 44 años y es “arquitecto sostenible”. Fundó en Madrid, con Álvaro Guerrero, el estudio de arquitectura sAtt, que apuesta por una arquitectura ecológica guiada por la lógica de la naturaleza. Han resistido al escepticismo y a la crisis económica. Iñaki veía cómo en Segovia morían los cangrejos, los olmos, las abejas, los conejos. Y descubrió que el sector de la construcción tiene un impacto del 40% de las emisiones del CO2. Como durante la carrera no le habían enseñado nada sobre medio ambiente, amplió su formación para desempeñarse profesionalmente en la bioconstrucción: la unión de naturaleza y arquitectura. Construye edificios que apenas consumen energía, que la producen a través de paneles solares o minieólica, que ahorran y depuran agua. Trata de convencer a las administraciones de que la construcción ecológica es más barata que la convencional.

“La tierra que tenemos no es heredada de nuestros padres, la tenemos heredada de nuestros nietos”. Es lo que recuerda Carlos Gosálvez, de 74 años, que es viticultor ecológico en Pozuelo del Rey (Madrid), donde produce un vino llamado Qubél. Y también recuerda que las personas corrientes, las que no somos científicos ni tenemos intereses económicos en este asunto, podemos ver lo que está sucediendo y actuar: él ha reforestado la mitad de sus terrenos para compensar la huella de carbono que deja su actividad.

Esos nietos a los que se refiere bien podrían ser Claudia, Nathalie y Azarug, tres jovencísimos héroes que personifican la conciencia del futuro a través de su esperanzadora acción del presente, de sus emocionantes historias. Un futuro que el Gobierno español le robó a Jorge Puebla, un bombero de Alcobendas (Madrid). Sobrecoge oírle contar que se considera “un cadáver financiero” desde que invirtió en 2007 todos sus ahorros en una planta fotovoltaica: “El Gobierno nos dijo 'el sol puede ser tuyo, ¡invierte en renovables!', y después nos quitaron las ayudas". A pesar de ello, sigue convencido de que la sociedad debe hacer mucho más para lograr derribar las barreras normativas que impiden conseguir energía del sol, un hito histórico porque permitirá que se genere la energía de manera individual, en vez de estar en manos de unos pocos. España, que fue pionera en instalaciones fotovoltaicas, se encuentra ahora a la cola en Europa.

Greenpeace nos ha presentado a estas personas luchadoras para que nos identifiquemos con ellas, para que todos asumamos la importancia que tiene alcanzar en París un acuerdo internacional, para que luchemos nosotros también por una energía 100% renovable no más allá de 2050. Para que lo exijamos a los políticos que van a ir a París. Y para que lo vayamos haciendo realidad en nuestras propias vidas, aunque nos parezca una heroicidad.

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