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Logros colectivos, convicción singular

Pedro es un referente al que es fácil recordar en múltiples luchas, que en realidad son facetas de una misma causa: la causa de la Igualdad.

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Michel Sidibé confirmando a Pedro Zerolo como embajador del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida para el Caribe y Latinoamérica, en julio de 2010

Michel Sidibé confirmando a Pedro Zerolo como embajador del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida para el Caribe y Latinoamérica, en julio de 2010

Conocí a Pedro Zerolo una tarde de abril, en el transcurso de una reunión de trabajo con activistas. Se podría decir que le sorprendí in franganti: poniendo de acuerdo a personas, organizando cambios, planificando escenarios, errando a veces, aprendiendo siempre... en suma, urdiendo tramas para hacer de todo esto un lugar mejor.

No pretendo abundar en glosa y elegía, sino más bien hacer una reflexión pública al hilo del estremecedor punto y seguido en el que nos encontramos Pedro, Madrid y la sociedad en su conjunto.

No pretendo abundar en glosa y elegía, pero es preciso recordar que las buenas cosas no ocurren por sí solas. Es necesario que alguien las haga. Los avances sociales no provienen de los objetos inanimados, sino que son el resultado de la acción militante y el compromiso de personas como Pedro, y eso hay que decirlo, entre otras razones, para que sirva de ejemplo e inspiración.
 
La existencia de gobiernos reaccionarios como los de Mariano Rajoy, Ignacio González o Ana Botella nos recuerdan que el progreso de la Humanidad no es automático. El mero paso del tiempo no garantiza la consecución de mejoras sociales.

A medida que la ignorancia y la codicia hacen mella en las estructuras de poder, sumiendo en la desesperación a capas cada vez más extensas de la sociedad, se hace más valioso el compromiso de personas como: Pedro, Carla, Miquel, Boti, José Luis, Gaspar, Uxue, Joan, María Teresa, Alfredo, Elena, Josevi, Puri, Pepe, Carme, Mariano, Beatriz, Toni, Carmen, Javier, Mili, Kike, Kim, Juan Fernando, Andrea, Jesús, Gina, Jerónimo, Leyre, Ixotz, Juana y decenas, centenares, miles de otras personas anónimas que deciden anteponer el interés colectivo por encima del particular y asumen la determinación de avanzar para que avance toda la sociedad.

Pedro es un referente al que es fácil recordar en múltiples luchas, que en realidad son facetas de una misma causa: la causa de la Igualdad.

Desde que nació al uso de la razón, Pedro se ha valido del Derecho y la Política para luchar contra toda forma de discriminación: en defensa de la Mujer; en defensa de la población civil saharaui; en defensa de la justicia social —junto a las y los de su clase—; en defensa de las personas con discapacidad; en defensa de la separación entre el Estado y las organizaciones religiosas; en defensa del Pueblo Gitano; en defensa de las mujeres y los hombres afrodescendientes; en defensa de la interculturalidad; repudiando toda expresión de terrorismo —desde ETA y Al Qaeda, hasta el de ultra derecha que acabó con la vida del jovencísimo Carlos Palomino—; en defensa de las personas que vivimos con VIH —como ciudadano de a pie, pero también como embajador de la Organización de las Naciones Unidas a través de ONUSIDA; en defensa de la democratización de la Jefatura del Estado; en defensa de la población civil palestina —y de todo Oriente Próximo; junto a las asociaciones de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, contra todas las guerras; desde el PSOE... pero sin despreciar jamás a IU, EQUO, ni a ninguna otra fuerza política constituida para defender la causa de la justicia, etc.

Pedro, junto a Marisa, Jaime y demás compañeras y compañeros del grupo socialista en el Ayuntamiento de Madrid, ejerce el mandato electo de trasladar todas estas luchas al marco institucional del consistorio de la ciudad, donde hace lustros que la Bondad no anida, convertido por el PP en un verdadero páramo de desolación, sometido al dictado de marionetas grotescas, cuyos hilos gobierna el despotismo desde la opacidad. ¡Cómo añoramos a Pedro Rico y al anciano Profesor!

Hay quien —erróneamente— cree que la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modificó el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio se reducía simplemente a abolir la discriminación por razón de orientación sexual para el acceso al derecho a formar una familia.

Hay quien —equivocadamente— afirma que la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas se reducía simplemente a abolir la discriminación que impedía a las personas transexuales consignar su verdadera identidad en sus documentos oficiales.

Pero no, el espíritu de esas leyes no se limitó al tenor literal de sus enunciados, sino que por su propia etiología, trasciende su condición de texto normativo, elevándolas a la categoría de libros de texto, instrumentos de pedagogía democrática, generadores de decencia colectiva.

La mejor forma de describir a personas como Pedro Zerolo es enumerar los cambios sociales que, en unión a otras, han contribuido, contribuyen y contribuirán a desencadenar.

Recuerdo que una vez, hará un año, me encontraba haciendo fila, aguardando mi turno para comprar sendas entradas en la taquilla del cine, cuando me fijé en una pareja de chicas en actitud cariñosa. Vendrían a tener 18 años, quizá 20. ¡No os podéis imaginar el derroche de ternura, alegría y complicidad que se mostraban sin poder parar! Eran felices y se disfrutaban con entera libertad... recordé que, a pesar de el brevísimo lapso histórico transcurrido entre su edad y la mía, aquella escena de amor habría resultado inconcebible en mi juventud.

Esas dos chicas, Pedro, pasean por tus grandes Alamedas.

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