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Mariano Rajoy no se inmuta: no hay plan B

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El Gobierno sólo tiene una prioridad en estos momentos: evitar el rescate de la economía española por la UE y el FMI. Todo lo demás es secundario. Rajoy se lo juega todo a esa carta porque teme que supondrá la derrota electoral del PP en las próximas elecciones, como ha ocurrido en otros países europeos que han pasado por ese tratamiento de choque.

Por eso, en la rueda de prensa de Rajoy convocada hoy en la sede del PP (por cierto, la primera en solitario en España desde que ganó las elecciones) ha destacado una frase sobre una posible intervención europea: "No va a haber ningún rescate de la banca española" (por la UE). Es lo mismo que hizo Sáenz de Santamaría cuando una periodista extranjera preguntó por ello el viernes. "En absoluto", dijo con el gesto tenso. Nada asusta tanto al Gobierno, lo que por otro lado es lógico. 

Rajoy ha comenzado con un resumen de la política económica del Gobierno que se ha escuchado ya en múltiples ocasiones, y que comienza con la reducción del déficit como primer objetivo. Sin embargo, tres de los cinco puntos descritos por el presidente (reformas estructurales de la UE, sostenibilidad de la deuda e integración fiscal y política de la UE) dependen de las instituciones europeas, y no de lo que ocurra en Madrid.

Se confirma que, una vez aprobadas una serie de reformas, Rajoy cree que ha hecho ya lo que se llama "los deberes" y sólo le queda esperar a que el BCE, con el permiso alemán, saque a España del agujero.

Es difícil saber cómo llega Rajoy a esa conclusión. Todas y cada una de las declaraciones de los responsables del BCE y del Bundesbank coinciden en que el banco central no tiene ninguna intención de solucionar el problema de la prima de riesgo española a través de la compra masiva y continuada de la deuda de nuestro país. El eje central de la política económica de Rajoy se basa en una ficción o en un deseo de difícil cumplimiento.

Con la prima de riesgo superando incluso el nivel de 510 puntos, varias de las preguntas en la rueda de prensa se refirieron a esta amenaza. Las dudas sobre la viabilidad del sistema financiero español, con su cuarto banco en la UVI, han provocado otro salto hacia arriba de la prima.

No para Rajoy, que parece creer que no hay relación entre la reputación crediticia de España y el peligro de que tenga que destinar decenas de miles de millones de euros que no tiene a salvar a sus bancos. ¿Ninguna relación?

Este artículo de Ambrose Evans-Pritchard, un periodista del Daily Telegraph que conoce bien España, es un ejemplo de los análisis que han aparecido estos días en la prensa extranjera.

Robert Peston, jefe de economía de la BBC, plantea que el mayor riesgo de capitalizar Bankia entregándole deuda española (que el banco podría utilizar ante el BCE como aval para pedir dinero prestado) es que el Gobierno español está en manos del banco central. El BCE puede imponer un descuento masivo a Bankia si al final acepta esos bonos como garantía, y la cantidad real de dinero que el banco recibiría sería mucho menor que la que necesita.

Por eso, el método de ayuda elegido para Bankia puede reforzar la impresión en los mercados de que el Gobierno español no tiene dinero suficiente para salvar a su sector bancario. Y de ahí la escalada de la prima de riesgo.

Más noticias negativas desde fuera: Nomura y JP Morgan creen que las acciones de Bankia terminarán cayendo un 90% hasta un valor de 0,20 y 0,31 euros.

Este es otro de los deseos de Rajoy que nadie sabe si se convertirá en realidad. Nos ahorraría sufrir el destino de Irlanda, pero tampoco se han recibido mensajes de Berlín o Frankfurt que nos indique que puede cumplirse. Sería mejor que la UE prestara directamente a los bancos a los que haya que salvar, en vez de que la ayuda a un muy alto interés se conceda al Estado español para que a su vez las distribuya entre los bancos necesitados.

Muchas preguntas sobre lo que nos costará Bankia y pocas respuestas. Rajoy dice que ahora mismo es imposible saberlo con seguridad a falta de la auditoría del sector financiero español por empresas extranjeras independientes. Esta fue la línea de argumentación de la vicepresidenta el viernes. Pocas horas después, supimos que la factura supera ya los 23.000 millones de euros. Para el Gobierno, eso no es motivo para investigar por qué el cuarto banco español se ha convertido en un muerto viviente.

El presidente insistió en otro punto que desafía la realidad. Los problemas financieros de las comunidades autónomas son de liquidez, dijo. Cuando un político repite muchas veces la palabra liquidez, hay motivos para preocuparse. Es porque no acepta ni como hipótesis la palabra insolvencia. Pero si un Gobierno autonómico tiene problemas para pagar las nóminas de sus funcionarios, como ya ha ocurrido en Valencia y Cataluña, la frontera entre liquidez y solvencia es muy fina. Con calificaciones cercanas o equivalentes al bono basura, hay CCAA que son de hecho insolventes.

El veredicto de Antoni Gutiérrez-Rubí de esta rueda de prensa ha sido  rotundo.

El presidente parece grogui. Y con él, España. Las ocurrencias en materia de comunicación desvelan graves errores de concepción, estrategia y forma. Si se ha gobernado sin un plan de comunicación serio, coordinado y solvente, es que –seguramente- se ha ido a salto de mata, desbordados por la realidad.

Al cierre de este artículo, la prima de riesgo estaba en 511.

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