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Razones para el escepticismo económico en 2014

Argumentos de peso sobre por qué este año seguirá siendo malo para la economía española y, sobre todo, para los ciudadanos

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Comienzo por aclarar que no creo que la mayor virtud de los economistas sea hacer previsiones económicas. Creo que los economistas nos parecemos más a los médicos que a los físicos o a los matemáticos. Podemos decir razonadamente si una economía parece sana o enferma, pero somos incapaces de saber con certeza si vamos a caer en recesión o a crecer con fuerza.

Las previsiones de crecimiento económico para 2014 se mueven en un rango entre 0,5% y 1,1% (según el Panel de Previsiones de la Economía Española que elabora  Funcas). En 2013 el PIB cayó alrededor del 1,3%.

No voy a entrar en una discusión numérica sobre si 0,5% es mucho o poco, pero voy a exponer los argumento por los que pienso que 2014 seguirá siendo un mal año en términos económicos.

1. Una crisis mal diagnosticada y con un receta equivocada.

Las anteriores recesiones en la economía española han sido relativamente cortas. Las recesiones de 1975, 1978 y 1992 se dejaron atrás en un periodo de tiempo que fue de 4 a 7 trimestres. En ese periodo la economía retomó los niveles de actividad previos a la crisis.

En esta ocasión llevamos ya 24 trimestres seguidos por debajo del máximo PIB, alcanzado en el primer trimestre de 2008. De hecho, el nivel de actividad actual está un 7,4% por debajo de citado máximo. Según las estimaciones de crecimiento que se manejan actualmente, no es probable que recuperemos el PIB de 2008 hasta el año 2020. La crisis habría durado la increíble cifra de 12 años.

Tan desastrosa situación solo es posible porque la crisis se ha diagnosticado mal y se le han aplicado recetas equivocadas. No quiero abundar en esta idea, pero una crisis similar en Estados Unidos se ha gestionado con mucho mayor éxito en términos de actividad.

Yo no anticipo un cambio de política económica a nivel europeo, ni por parte de los gobiernos ni del Banco Central Europeo. Por lo tanto, creo que en 2014 la política económica seguirá siguiendo la misma que nos ha traído hasta aquí.

Lo que sí ha quedado demostrado es que idea de la “austeridad expansiva” era  complemente absurda.

2. Las austeridad, receta mágica para salir de la crisis, no funciona.

Para evaluar con justicia la política de austeridad hay que analizar si ha servido para controlar la dinámica explosiva de la deuda pública. Para eso sirve exactamente la política de austeridad: para controlar las cuentas públicas. Pero lo cierto es que entre el periodo del “despilfarro” del anterior Gobierno y la “austeridad a rajatabla” del actual, no se observa diferencia alguna en términos de crecimiento de la deuda pública. Aunque el déficit público se reducido en 2013, la deuda sigue creciendo a ritmos similares. Imagino que debe ser descorazonador para los ejecutores de las llamadas “políticas de la austeridad”, con gran coste social, ver que sus resultados han sido, en el mejor de los casos, cuestionables.

La deuda pública empezó a crecer con fuerza en el penúltimo trimestre de 2008. Desde dicha fecha, la deuda ha venido creciendo en promedio alrededor de €25.000 millones al trimestre, tanto con el Gobierno de Zapatero como con el Rajoy. El problema es que esta dinámica de la deuda es explosiva. Explosiva en términos técnicos y, por tanto, insostenible a medio plazo. De forma gruesa, la deuda está creciendo 10 puntos de PIB al año.

Solo hay dos formas de hacer la deuda sostenible: O aumentar el crecimiento nominal del PIB o hacer nuevos ajustes fiscales. Y, dado que estamos con un crecimiento nominal del PIB en torno a cero –en parte por la llamada política de deflación competitiva-, nuevos ajustes fiscales son inevitables. Habrá que subir los impuestos o reducir los gastos, otra vez.

Desde mi punto de vista, el proceso de ajuste fiscal no ha terminado aún y se pondrán en marcha nuevas medidas contractivas. La pregunta es, por tanto, ¿cuándo?

3. El sistema financiero sigue enfermo

Fusiones de cajas, Banco Malo, recapitalizaciones, FROB, recate astronómico de Bankia, preferentes escandalosas, ventas de bancos con pérdidas millonarias,  etc. El sistema financiero español ha estado en el epicentro de nuestra crisis económica y lo sigue estando. En 5 años hemos pasado del “tenemos el sistema financiero más sólido” de 2008 al “ carpetazo” al recate del sistema financiero dado por el Eurogrupo  en noviembre de 2013. Según la versión oficial, la crisis bancaria se ha dejado atrás. Sin embargo, la realidad me hace poner en duda esta versión.

La  mora del sistema bancario  sigue en cifras astronómicas. La mora se acerca al 13%, lo que supera por mucho cualquier cifra anterior. No hay registro histórico que se le acerque. Además, no da muestras de reducirse, más bien todo lo contario. Trimestre tras trimestre supera records. No hace falta ser un experto para darse cuenta que el sistema sigue muy enfermo.

Y, por supuesto, un sistema financiero enfermo (o con una tasa de mora del 13%) no está en condiciones de abrir el grifo del crédito. Simplemente no puede asumir ningún riesgo más. De hecho, el  crédito a familias y empresas se ha contraído un 20% desde los niveles máximos de 2010.

Sin embargo, no es esto lo más preocupante. Lo que más llama la atención es que el ritmo de contracción del crédito se está acelerando. Según la información del Banco de España desde junio de 2013 el crédito se reduce a un ritmo aproximado del 13% anual.

Con este panorama bancario es difícil pensar que la inversión vaya a recuperarse. Y del crédito al consumo, ni hablemos. Mi percepción es que solo las grandes empresas, con llegada a los mercados internacionales, van a tener acceso al crédito. Y eso deja fuera a casi todo nuestro tejido productivo.

4. La “deflación competitiva” es solo deflación.

La deflación competitiva es un proceso extremadamente lento y que no está claro que esté ocurriendo. Ganar competitividad vía baja  inflación en la zona euro, donde la inflación ahora está en el 0,9% es casi imposible. A modo de ejemplo, la inflación media en los últimos 12 meses en España ha sido el 1,8% frente al 1,7% en Alemania. Ganar competitividad vía moderación salarial no parece posible en la Eurozona.

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