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Socialistas y cuñados

El grupo de presuntos candidatos a liderar el socialismo recuerda a una de esas cansinas e interminables reuniones de cuñados donde todos esperan a que alguno abandone la habitación para despedazarlo sin piedad.

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Si los socialistas han organizado la conferencia política para cargársela, felicidades, éxito total. Si la habían montado para solucionar las dudas sobre su credibilidad cuando prometen reforma fiscal o revisar los privilegios de la iglesia, entonces, o ha sido un fake, o no nos hemos enterado bien de cómo lo han arreglado. El día previo a la conferencia solo se hablaba de primarias y aspirantes que no hablan. El día después solo se habla de primarias y aspirantes que no hablan.

El grupo de presuntos candidatos a liderar el socialismo recuerda a una de esas cansinas e interminables reuniones de cuñados donde todos se sonríen y se abrazan, nadie dice algo mínimamente relevante para no meter la pata y todos están esperando a que alguno abandone la habitación para despedazarlo sin piedad. En la competición por el liderazgo del PSOE la estrategia de plasma de Mariano Rajoy hace furor. Solo dice cosas Rubalcaba. Ármense de paciencia. Quedan meses y meses de obviedades y lugares comunes.

Había ideas, muchas e interesantes, en los documentos de la conferencia. Pero los propios socialistas se han encargado de enterrarlas bajo un descomunal barullo. Hace demasiado tiempo que en las filas del principal partido de la oposición muchos están más atentos a cuanto demandan los medios de comunicación que a las necesidades y expectativas de sus votantes y militantes.

El liderazgo no se adquiere saliendo mucho en los medios. Se gana marcando la diferencia cuando sales. El ruido no suma, solo resta. No entenderlo es uno de los problemas de los socialistas. Otro aún más grave consiste en ignorar que la desconexión con sus votantes no resulta de un cabreo pasajero o un error de marketing. Se debe al convencimiento de que si mañana vuelven a gobernar, harán lo mismo que el Gobierno actual porque ya lo hicieron una vez y han dado pocas razones para creer lo contrario. Se llama desconfianza y no se arregla ni con un candidato nuevo.

Los socialistas bien pueden dar gracias a Aznar y a las necesidades de promoción de su libro. Si el Partido Popular y Mariano Rajoy no anduvieran tan distraídos entreteniendo al maxilíder enfurecido, no habrían tenido piedad.  En la era PreBárcenas, habrían perpetrado una carnicería.

Desconocemos si los socialistas tienen una alternativa que ofrecer a la "austerocracia" y a las políticas de sufrimiento masivo ejecutadas por el PP. Ignoramos si representan algo más que una "austerocracia con rostro humano". La conferencia se celebraba para despejar esa incógnitas. Pero solo nos ha quedado claro que los socialistas tienen muchas alternativas, pero a sí mismos. Eso si. Todas mudas y calladas. Que se equivoque otro porque, como sucedía en aquel concurso de Les Luthiers, el que piensa, pierde.

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