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Estamos en campaña. Estrategias electorales en Catalunya

Hay dos grupos de independentistas: los que viven en la paralela República Independiente de Catalunya y los que viven en España y hacen campaña como tantas otras veces. La duda es que no sabemos si están coordinados

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Urna, votación

Urnas durante una votación

Escucho declarar a la expresidenta del Parlament de Catalunya, la tercera persona de la cúpula independentista, asegurando que acata el artículo 155 de la Constitución activado por las Cortes españolas y que lo de la declaración de independencia fue algo simbólico. Tras unos minutos de perplejidad, imagino a Puigdemont montando el gobierno de la República en el exilio y a la maquinaria propagandística construyendo el relato del estado represor contra la libertad política mediante performances como la expedición de alcaldes con vara en mano.

Empiezo a preguntarme a qué responde semejante situación. Hay varias opciones: o están locos, o nos toman por idiotas, o están desesperados o tienen una estrategia (retorcida, pero estrategia). Descarto las primeras opciones, sobre todo por el miedo que dan, y me pongo manos a la obra a descifrar la estrategia del “gobierno” de Catalunya 2017.

Mi opinión es que la estrategia es maquiavélica pero infantil, algo facilona. Si dan por hecho que la independencia nunca llegó a declararse, siempre se puede volver a declarar y, con lo bien que les va en esos días en que pueden sacar gente a la calle, lo suyo es poder declarar la independencia más veces y generar hitos de frentismo que trasciendan las fronteras. Pero, oigan, lo de sacar gente a la calle ya sólo lo consiguen para celebrar algo, porque ni el 155 ni las detenciones han provocado ninguna reacción. En Catalunya todo el mundo está en campaña electoral.

Para que nos aclaremos definitivamente, digamos que hay dos grupos de independentistas: los que viven en la paralela República Independiente de Catalunya y los que viven en España y hacen campaña como tantas otras veces en que ha habido elecciones autonómicas catalanas. La duda es que no sabemos si están coordinados.

En el planeta Tierra, mientras, sigue el proceso electoral que convocó el Gobierno de España y que tan bien le saldrá al Partido Popular. No se olviden que ningún gobierno actúa contra sus intereses electorales. Su estrategia es la de jugar en dos campos, el de Catalunya y el de España. Una campaña encadenada en que los mensajes locales sean de utilidad en el ámbito nacional. Hacer una estrategia de ganar España, perdiendo Catalunya.

Al Partit del Socialistes les puede ir bien, tan bien como mal les vaya a Ciutadans, y a la inversa. El partido que lidera Inés Arrimadas podría equivocarse si se muestra excesivamente triunfalista, si da por hecho que serán la lista no independentista más votada. Sería un error leer las encuestas nacionales para interpretar Catalunya, por mucho que eso les motive. Tienen a una gran candidata. Sería una gran presidenta. En su pugna con Ciutadans, Miquel Iceta, candidato del PSC, ya es gato viejo en estas luchas que parecen perdidas. Iceta se merece que le salgan bien las cosas por todo lo que ha trabajado en este proceso. Tiene apoyos y tiene grandes cabezas a su alrededor. Va más pertrechado que Ciutadans. Los socialistas siempre han liderado el bloque moderado no independentista y deben seguir ese camino.

Seguiremos echando de menos la presencia de radical elegancia de los candidatos verdes subsumidos en el enrarecido conglomerado liderados por Podemos, una formación protagonizada por las crisis de concepción de todo lo importante en España 2017: los temas territoriales. Ada Colau debería protagonizar la campaña. Es su mejor marca, a pesar de las contradicciones en las que ha entrado en los últimos meses. En casi todos los flancos se dibuja un ala moderada con la que salvaguardar la posibilidad de que esto de la independencia o la contraindependencia deje de ser el eje.

Los tradicionalistas moderados de Unió Democrática de Catalunya, escondidos y ninguneados, aflorarán en las listas del PSC. Exhibir moderación será una oferta porque los números empiezan a protagonizar la política cotidiana, la de la economía. Y cuándo pregunten qué va a pasar con ese par de millones de personas que creen que la independencia de Catalunya es la única solución, gane quien gane, la respuesta siempre será una consulta pactada.

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