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La otra carta del rescate

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“Tengo el honor de dirigirme a usted en nombre del Gobierno de España, para solicitar formalmente asistencia financiera para la recapitalización de las entidades financieras españolas que así lo requieran". Así empieza la carta de nuestro rescate. Hoy la han enviado. Nuestro ministro de economía ha cursado el documento en el que pide a la Unión Europea que rescate al sistema financiero español con una cantidad de hasta 100.000 millones de euros. Ya es oficial: nos van a rescatar del secuestro con un nuevo secuestro. Lo dice bien claro la escueta misiva del ministro: “Las autoridades españolas ofrecerán todo su apoyo en los criterios de elegibilidad, la definición de la condicionalidad financiera, el seguimiento de las medidas a implantar y en la definición de los contratos de ayuda financiera”. En cristiano: ustedes pidan por esa boquita que nosotros cerraremos las bocas que haga falta y les dejaremos sin el pan que les hace falta. Oficialmente, ésta es la carta que se ha enviado a Europa, convenientemente maquillada para esconder el verdadero rostro magullado del rescate y evitar la alarma de la población. Pero nosotros hemos tenido acceso a la otra carta, la que realmente se ha mandado por vía confidencial. Es ésta.

“Tengo el honor y el gustazo de dirigirme a usted en nombre de los bancos a los que represento para formalizar las bases del negocio que previamente hemos pactado: ustedes nos entregan el dinero y nosotros les entregamos a nuestros clientes como aval. Si algo sale mal, serán ellos los que responderán por nosotros con sus sueldos, prestaciones sociales e impuestos, como quedará fijado en las condiciones del secuestro, al que llamaremos “préstamo” para revestir a toda la operación del aire de democracia necesario para llevar esta operación a buen puerto.

Me permito recordarle el objetivo de nuestro negocio para evitarnos mutuamente equívocos futuros. Gracias a su inyección de dinero público, o sea, de nuestros propios contribuyentes y de los suyos, garantizan ustedes nuestra continuidad como bancos y nos permiten mantener nuestro patrimonio inmobiliario convenientemente hinchado para venderlo al precio que marquemos cuando el mercado sea más favorable. Asimismo, nos evitan la ingrata tarea como supuesto gobierno de tener que acometer una reforma de nuestro sistema financiero, de imponerle límites y condiciones a nuestros bancos y de obligarles a la dación en pago y otras desagradables medidas que afectarían negativamente a nuestros lucrativos negocios. Con su línea de crédito, nos permiten seguir como estábamos en lugar de responder a las demandas ciudadanas que nos piden la persecución del fraude fiscal de nuestros amigos millonarios y una fiscalidad más justa que le permitiría al Estado recaudar suficiente para asegurar las prestaciones sociales. Pero esto perjudicaría a nuestros socios por lo que hemos optado por regalarles una amnistía fiscal que lave su dinero y nuestras caras. Podríamos incluso nacionalizar la banca, ya que finalmente la deuda de los bancos será asumida por nuestro Estado, pero bajo ninguna circunstancia podemos permitir que los bancos queden en manos de la población porque eso significaría el fin de nuestro privilegiado sistema de vida.

Por su parte, a ustedes y sus bancos esta operación les coloca en una posición muy ventajosa respecto a nuestro mercado. Les estamos entregando una mano de obra depreciada y deprimida para que ustedes puedan utilizarla para producir más pagando mucho menos, como ya venimos haciendo con los países de tercera a los que mantenemos en el subdesarrollo. A nosotros no nos importa seguir siendo una economía de tercera, mientras nosotros podamos seguir jugando en primera. Como ven, todos ganamos. Todos nosotros, se entiende. Es un placer entenderse tan bien con ustedes.

Atentamente, el ministro de economía en representación de los bancos.

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