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Tu casa es un activo tóxico

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Las dos Españas, versión 2012. A un lado, millones de familias para las que la vivienda es un problema: por estar asfixiadas en sus hipotecas; por no poder seguir pagando; por haber sido ya desahuciadas; o por no saber si podrán emanciparse algún día en el caso de jóvenes (y no tan jóvenes) atrapados en el paro, la precariedad y el submileurismo. Al otro lado, un grupo de bancos con las carteras hinchadísimas de créditos hipotecarios, pisos embargados, pisos a estrenar, pisos a medio construir y grandes parcelas de suelo.

A un lado, el derecho a la vivienda que la Constitución reconoce, y que nunca fue tan papel mojado como ahora. Al otro, los llamados activos tóxicos que pudren el sistema financiero español y que obligarán a un rescate con dinero público, del que Bankia sólo es el comienzo.

Ahí está la broma de la crisis española: la vivienda convertida en un activo tóxico. Porque cuando se habla del ladrillo que ahoga a los bancos, estamos hablando de eso: de viviendas. Las de hoy y las de mañana. Los 180.000 millones en activos tóxicos que acumula la banca son eso: suelo en grandes cantidades, promociones en curso, edificios terminados y viviendas obtenidas por impagos. Entre el material tóxico hay mucha urbanización con campo de golf que no echaremos de menos, vale, pero también hay barrios enteros convertidos en tierra quemada, como el Ensanche de Vallecas que inspiró al artista Hans Haacke (todavía están a tiempo de ver su obra en el Reina Sofía).

Ver a los orgullosos banqueros convertidos en agobiados vendedores de pisos puede tener su gracia, y hasta parece una venganza. Pero es muy inquietante ver el mercado inmobiliario en manos del sistema financiero. Que nuestras viviendas hayan pasado de las manos de promotores y constructores a las de los banqueros, no es muy tranquilizador. Que el derecho a la vivienda haya dejado de ser un negocio especulador para convertirse en un activo tóxico, da miedo.

Y aun puede ser peor: con la creación de los famosos “bancos malos”, los activos tóxicos (es decir, nuestras viviendas) pueden dejar de estar en manos de los bancos para acabar en otras aún peores: los fondos de capital riesgo, aquellos hedge funds que están en el origen de la crisis, y que son candidatos a quedarse parte de esa cartera inmobiliaria problemática (pues nadie más que ellos aprecia la basura) para luego (con garantía del Estado, por supuesto) buscar el modo de sacar beneficio a esa montaña de ladrillos y suelo (y siempre saben cómo).

Lo llaman activo tóxico pero no es igual de tóxico para todos. Lo es para los bancos, que se resisten a reconocer pérdidas y confían en que acabaremos una vez más comiéndonos sus excesos. Pero lo que el banco considera basura son también nuestras viviendas de hoy y las de mañana, esos miles de pisos vacíos mientras familias se quedan en la calle, los precios que no bajan tanto como deberían por la resistencia de los bancos a perder, el suelo de nuestros barrios sobre el que levantar nuestro futuro.

Ya que al final nos va a costar dinero a todos, ¿sería muy ingenuo pedir al menos que nuestras viviendas dejen de ser un negocio ayer, un activo tóxico hoy o un producto financiero de riesgo mañana?

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