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Las energías renovables ahorran a Europa más dinero del que reciben

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Daniel Mediavilla

Los países de la Unión Europea quieren que en 2020 el 20% de la energía que consuma se produzca con fuentes renovables. Sin embargo, esta política encuentra reticencias porque las tecnologías necesarias  se consideran caras. Ahora,  una evaluación llevada a cabo por el investigador  Yoram Krozer, de la Universidad holandesa de Twente, indica que, durante el periodo de 1998 (cuando el precio medio del petróleo fue el menor de los últimos 50 años) a 2008 (cuando el precio real estaba en su punto más elevado) este tipo de energías aportaron de media 8.000 millones de euros al año de beneficio neto en el uso de electricidad en hogares y servicios.

El beneficio neto al que se refiere el autor durante el periodo estudiado considera que el coste de incentivar las energías renovables soportado por fondos públicos cuando el petróleo es barato, se ve compensado por los beneficios cuando es caro.  La cantidad de 8.000 millones anuales, obtenida a partir de datos de Eurostat, es, según señala el autor, mayor que todo el apoyo público que reciben las tecnologías verdes. 

Krozer asegura que el beneficio habría sido aún mayor si la UE se hubiese anticipado al incremento de los precios del petróleo, aumentando el apoyo público a las renovables durante la etapa de petróleo barato (1998-2002). Con estas medidas se hubiera compensado el ciclo natural de la inversión privada en energías renovables, que resultan más interesantes cuando el petróleo es caro.

Durante el periodo de altos precios del petróleo (2003-2008), la inversión global en renovables se incrementó de 29.000 millones de dólares en 2004 a 151.000 en 2008. Es menos interesante, sin embargo, cuando el hidrocarburo es barato. Así, en la época de petróleo caro, la disposición de una mayor cantidad de energía renovable hubiese abaratado aún más el coste de la electricidad.

“La percepción de que la energía renovable supone un coste social impulsado por las subvenciones es demasiado pesimista y olvida el hecho de que  las subvenciones para los combustibles fósiles son mayores que para las renovables en todo el mundo, incluida la Unión Europea”, escribe Krozer en su artículo. Además de demostrar que el fomento de las energías verdes no es costoso, el autor quiere señalar la conveniencia de políticas que compensen los ciclos del precio del petróleo.

“Los Estados de la UE tienen intereses diferentes y, en algunas ocasiones, no reaccionan con la suficiente agilidad y acaban incentivando este tipo de energías cuando ya no es necesario”, explica Krozer. “Y en otros casos, como sucede ahora en España, la situación económica es muy mala y no se tiene la capacidad para reaccionar”, añade. Por eso, en opinión del autor del estudio, debería ser “la UE, a través del Banco Central Europeo o de otros mecanismos, la encargada de contrarrestar los desequilibrios entre los distintos Estados para poder aplicar los incentivos cuando realmente son necesarios”.

El coste de aplicar las medidas anticíclicas propuesas por Krozer puede evaluarse basándose en los ciclos de precios del petróleo del pasado. Estas políticas incrementarían los precios de los recursos para la generación de electricidad sobre los precios del mercado durante las épocas de petróleo barato, elevando a su vez el precio de la electricidad con los consiguientes costes sociales.

Sin embargo, el autor apunta que el encarecimiento de los recursos incentiva la creación de innovaciones que mejoran la eficiencia, lo que también tiene beneficios sociales. Por otro lado, las industrias que requieren un uso intensivo de la energía se verían obligadas a reducir su producción por estas medidas, pero los costes sociales asociados se compensarían por la reducción de la contaminación.

En un estudio elaborado en 2008 por el Ministerio alemán de Medio Ambiente, se calcula que el apoyo a las energías renovables en 2006, si se escalase al nivel de la UE, habría supuesto unos beneficios netos de 9.400 millones de euros. De ellos, 5.000 millones se habrían debido a un incremento de la eficiencia, 1.000 a la reducción de las importaciones de energía y 3.400 al descenso de la contaminación. El apoyo alemán a las renovables en 2006, al nivel de la UE, habría supuesto beneficios de 9.400 millones

Pero también en Alemania se pueden encontrar otros estudios que discuten esta relación coste beneficio. En un análisis de R. Walz y J. Schleich sobre el impacto de la regulación de precios titulado  La economía en las políticas del cambio climático, se sugiere que el apoyo a las renovables es deficitario, aunque reconoce que los beneficios de mejoras en la eficiencia energética y una reducción de la polución suelen ser ignorados.

Ejemplos como el anterior muestran que, en un ámbito tan complejo como el energético, es difícil que este nuevo estudio lleve a un consenso, pero en un momento en el que  los efectos del cambio climático  se hacen palpables, Krozer considera que aplicar sus recomendaciones  sería beneficioso tanto desde el punto de vista económico como social.

Publicado en Materia.

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