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El fracaso de la política de los partidos

La política de partidos aparece como fracasada porque las elecciones son para dirimir conflictos de posiciones y generar gobiernos

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Muchos hicimos chanza de la imagen del rey Felipe en su castillo por Nochebuena, y no era para menos, pero era el consuelo de los perdedores porque realmente la monarquía es una de los ganadores de estas elecciones.

No tanto porque nadie haya planteado un debate sobre la jefatura del estado sino porque la figura del rey permanece como la única que conserva intacta la autoridad que tenía antes y sobrevuela y se levanta sobre un campo de batalla donde solo hay derrotados y ningún vencedor. La monarquía está ahí dispuesta para cumplir su función mientras que la política de partidos ha fracasado. Eso es lo que en realidad significaba esa imagen de un rey en su palacio.

La política de partidos aparece como fracasada porque las elecciones son para dirimir conflictos de posiciones y generar gobiernos. Estas elecciones han dado un resultado confuso y conducirán a una dinámica de pactos, pero en una sociedad como la española educada en la veneración de la autoridad y el miedo a la división, la inestabilidad política crea ansiedad. El papel que juegue el rey en el proceso de formación de gobierno lo compromete pero seguramente reforzará su autoridad, puede que esta ocasión sea para Felipe lo que fue el 23-F para su padre.

Por otra parte, el resultado final de las elecciones parece que será definitivamente el que deseaban los poderes económicos y del estado, los verdaderos ganadores de las elecciones. Sus preocupaciones eran Catalunya y la política económica.

El proceso político catalán había llegado a un punto que cuestionaba el sistema político y las estructuras del estado, la república catalana era un desafío político total, y eso ya está conjurado. Tras las pasadas elecciones autonómicas catalanas ese proceso había entrado en una nueva fase sobre bases muy débiles, tenían los diputados requeridos para avanzar en la construcción de un estado propio pero no base social suficiente. Además, no tenían unidad política como demostró sobradamente la CUP. Las propias contradicciones internas condujeron a un empantanamiento.

Por otra parte, el vertiginoso crecimiento del voto independentista en los últimos años fue originado por el incivismo y el españolismo salvaje de Rajoy y el PP que prácticamente obligó a muchos catalanes a decantarse por esa opción. La oferta de defender un referéndum que hizo “Podemos” ofreció una salida a muchos de esos votantes que se acogieron a esa promesa. La importante penetración de “Podemos” en el electorado catalán reintegró a esta comunidad nuevamente en el mapa y el juego político español, un papel que antes tenía allí el PSC-PSOE. Algo semejante ha ocurrido en Euskadi y Galicia, con razón ese partido afirma ser el verdadero garante de la unidad de España.

Junto a la preocupación por la unidad de España estaba el garantizar la continuidad esencial de las políticas económicas siguiendo las directrices de la Comisión Europea. Eso en términos generales estaba garantizado desde hace meses, ninguno de los cuatro partidos estatales que ocuparon el escenario invocaba los pasos andados por Syriza hace un año pero además, tras el espectáculo de autodestrucción que está dando el PSOE, la posibilidad de un gobierno socialmente progresista sobre una compleja alianza ya es pasado.

Lo que debiera llamar la atención y no lo hace es el fracaso de la oposición al PP. Con la política tan antisocial practicada por este gobierno, la corrupción del partido que salpica al propio presidente, el trato despótico y antidemocrático a la ciudadanía, el desprecio por los débiles, el sufrimiento social..., debiera haber fructificado una alternativa de izquierdas al PP. Sin embargo, todo indica que el nuevo gobierno continuará la política de éste. Es un asunto que merece una reflexión demorada.

Lo que sí parece seguro es que algún precio tendrá que pagar el PP y creo que eso pasa por la cabeza de Rajoy. La sociedad no soportaría ver que todo continúa igualmente y para que pueda haber un nuevo gobierno de la derecha otra persona tendrá que presidirlo. Los poderes que supervisaron estas elecciones algún cambio tendrán que hacer en el escenario y en el elenco de esta obra teatral.

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