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El invierno llega en plena ola de calor

No es de extrañar que JDT sea utilizada por políticos o partidos para ilustrar posiciones, conceptos, o incentivar actitudes

La serie puede ser feminista o heteropatriarcal y falocéntrica: todas las posturas tienen razón, aunque parezcan irreconciliables

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Emilia Clarke como Khaleesi en 'Juego de Tronos'

Emilia Clarke como Khaleesi en 'Juego de Tronos'

Medio planeta en vilo con la mirada fija en los Siete Reinos. La madre de todas las series está de vuelta.

Tramas complejas en escenarios magníficos. Una puesta en escena impecable. Un mundo de siete mundos en guerra por un trono. Sólo puede quedar uno. O no. Quién sabe. También hay ojos heladamente azules acercándose en la oscuridad. Y hasta dragones.

Exacerbada ficción para exacerbadas pasiones humanas, y mundanas. Nada como aludir a ellas para que una obra trascienda. Y nada como personajes sin planitud, con contradicciones, para que cada quien pueda sentirse identificado con uno, con otra, o con otra y con uno dependiendo del momento.

No hay buenos buenos ni malos malos. No hay justicia en puridad. Algo cambió para siempre cuando mataron a Ned Stark.

En Juego De Tronos (JDT) existe todo lo que se quiera encontrar. Sin duda es una de las claves de su éxito. Esa capacidad de trascender lo circunstancial, que es el escenario, pudiendo colocar sus personajes o tramas en cualquier otro espacio temporal o físico, y que funcionen. La misma Casa puede ser un partido político, o un equipo de fútbol, y seguir teniendo sentido. Las piezas de Juego de Tronos pueden moverse en todas las direcciones.

Es la serie más vista de la historia. La más premiada. Cuenta con legiones de fans, casi literalmente. Merchandising, viajes temáticos, menús temáticos. Es casi infinito. El éxito de la serie fue tan desbordante que ha adquirido vida propia y traza su línea argumental allende los libros, enloqueciendo por cierto a los lectores de la saga con mala memoria.

Con una potencia tal, con tanto capital simbólico operando en tramas y personajes, con tanta microfísica (y con tanta física) del poder, no es de extrañar que sea utilizada por políticos o partidos políticos para ilustrar posiciones, conceptos, o incentivar actitudes.

Obama se ha declarado fan de la serie (con sus correspondientes dádivas). En España, Podemos la ha capitalizado especialmente. Desde el regalo de los DVD de la serie al Rey a la publicación de un libro a modo de manual didáctico de ciencia política. Pasando por la camiseta de "No soy una princesa, soy una khalessi" que ha llevado Pablo Iglesias. Pero aunque lo hayan hecho con más intensidad, no son los únicos. Cristina Cifuentes, del PP, apareció con la misma prenda (aunque, permítanme el paréntesis, se me antoja más en la Sala de los Rostros de la Casa de Blanco y Negro, intercambiado su cara con la de Gallardón, por aquello de que también fue el más progre del PP, y me pregunto, en estas estivales ensoñaciones, si se susurrarán Valar Morghulis cuando se crucen por un pasillo). Izquierda Unida mimetizó, en la campaña de las elecciones de diciembre de 2016 ("Elecciones are coming"), a Alberto Garzón con John Nieve. En la comedia también da mucho juego, nunca mejor dicho. Como Khalessi ha parodiado Joaquín Reyes a Susana Díaz. En el anuncio de esta séptima temporada de Leit Motiv, el programa de Buenafuente, Patxi López es John Nieve, Susana Díaz aparece como Daenerys Targaryen, Pedro Sánchez como Cersei Lannister, y Mariano Rajoy como un caminante blanco.

La sombra de los símbolos es alargada. Y es que, al final, en eso consisten. Ilustran, y también trascienden. Forman y conforman. Proyectan. Y a veces se confunden también con nuestros propios anhelos.

Por eso no puedo dejar de mencionar los personajes femeninos, la presencia de las mujeres. La serie puede ser feminista o puede ser heteropatriarcal y falocéntrica. Se puede encontrar "women power" o "cultura de la violación". Estereotipos de género, o transgresión de roles. Todas tienen razón, aunque parezca irreconciliable (y de hecho lo sea en algunas cuestiones). Pero el hecho es que las mujeres están. Y hacen, y quieren, las mismas cosas que los hombres. Millones de personas lo están mirando. Normalizando. Eso es muchísimo. Es la finalidad de muchas campañas de "sensibilización" lanzadas desde organismos de igualdad. Pero en plan mass media.

En todo caso, no voy a pensar en nada de esto cuando me siente a verla. El invierno está aquí, en plena de ola de calor. Abrid vuestras pantallas, y dejad que entre el frío.

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