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La agenda de izquierda que Dilma Rousseff nunca pondrá en marcha

El ecosistema de las izquierdas brasileñas intenta presionar a Dilma Rousseff hacia políticas progresistas. Sin embargo, sin una mayoría en el congreso, el Partido de los Trabajadores (PT) tendrá que apoyarse en el centro e incluso en la derecha.

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Roussef destaca la buena posición económica de Brasil frente al G20

La izquierda reclama cambios a Dilma, pero ella tendrá que apoyarse en la derecha.

Un paso a la izquierda, dos a la derecha. Todo discurre como los directores de marketing del Partido de los Trabajadores (PT) habían planeado. Por un lado están los detalles, los gestos hacia la militancia de izquierda que dio a Dilma Rousseff la victoria más ajustada de la historia democrática de Brasil: Dilma retirando el crucifijo de su despacho, Dilma afirmando que la homofobia debería estar penalizada.

Al lado de los detalles, el epicentro llamado realidad: el Congreso que derrumba el decreto de Política Nacional de Participação Social (PNPS) unos días después de las elecciones, el mercado soltando sus candidatos para ministro, los aliados más conservadores apareciendo en todas las quinielas.

Y entre los gestos y la realidad, una propuesta de reforma política que Dima Rousseff intentará llevar adelante contra un sistema diseñado para que cualquier gran cambio sea casi imposible. Un sistema en el que todos los Gobiernos pasan por el Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), oficialmente sin ideología, pero claramente conservador en todas sus acciones. El partido –plagado de pastores, ruralistas y coroneles de la vieja guardia– es la principal fuerza política del país: 19 senadores, 66 diputados federales, siete gobernadores, el vicepresidente.

Su importancia es tal que algunos filósofos como Marcos Nobre habla del pemedebismo como primera fuerza política del país, como enemigo a batir.

No será fácil componer Gobierno y aprobar leyes en un país con 28 partidos que ha elegido un Congreso y un Senado claramente conservadores. Quizá por ello, el gesto de impulsar una reforma política con plebiscito sea parte de los gestos: una cortina de humo que esconde la realidad. Nunca habrá reforma política. Y el cuarto mandato del Gobierno Lula puede que sea el más conservador de todos. El teatro está servido: el PT escenifica que quiere cambiar algo e impulsa la reforma política inviable y una insuficiente ley de democratización de los medios de comunicación.

La izquierda de los sueños

Unos días después de las elecciones, algunos activistas crearon un documento colectivo online titulado el Ministerio de los sueños de las izquierdas. Sin embargo, todos saben que las sugerencias de la militancia influirán poco o nada en la formación del nuevo Gabinete de Dilma. En la realidad brasileña no cabe la poética de los ministros de los sueños.El periodista Lino Boccini desmenuzó en un  artículo para Carta Capital los desagradables detalles de la prosa Brasil, donde casi nada rima con los movimientos o las izquierdas: “No se lo tome a mal, pero usted votó para escoger, entre dos opciones, cuál era la mejor (o menos mala) para el país. No fue votada la caída del capitalismo o una mayor participación de la población”.

Lino Boccini repasa el vigor del PMDB y el poderío del repóker de ases de senadores y diputados conservadores aupados por las elecciones (José Serra, Jader Barbalho, Blairo Maggi....). Y llega a la conclusión de que los ministros tendrán el corte del conservador Gilberto Kassab, exalcalde de São Paulo, una de las cabezas más visibles del recién fundado Partido Social Democrático (PSD), un partido inspirado en el PMDB, cocinado para aliarse a toda costa con quien gobierne.

La guerra está servida. El teatro del tira y afloja no tardará en comenzar: aliados clásicos del PT como el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) ya han anunciado que están listos para la batalla. El Movimiento de los Trabajadores Sem Teto (MTST) también tomará las calles. Y los movimientos indígenas. Y el Passe Livre continúa su lucha sin prisa. Y cientos de movimientos menores y nuevas redes que están disconformes con el rumbo de los gobiernos centristas del PT ya están anunciando movilizaciones y calle para 2015.

¿Cuáles serán las peticiones que las izquierdas, los movimientos sociales o el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) harán a Dilma Rousseff? En la realpolitik neodesarrollista de Brasil, cambiar la matriz productiva para no depender de las exportaciones de las materias primas suena a ciencia ficción. Y por eso las demandas de las izquierdas y las calles estarán relacionadas principalmente con cuestiones morales y los derechos civiles. El ambientalismo e indigenismo (inexistentes en el Gobierno de Dilma) también impondrán el ritmo. El dato de deforestación de la Amazonia (escondido hasta después de las elecciones) se ha disparado: un 122% más en agosto y septiembre de 2014 con respecto a 2013.

Los derechos de la comunidad LGBT serán una de las principales exigencias. En mayo de 2010, el Supremo Tribunal Federal (STF) reconoció el matrimonio entre personas del mismo sexo. El PT consiguió evitar así tener que presentar una ley de libertades LGBT que a duras penas sería aprobada por el Parlamento. Lo que en la época fue un buen camino (lateral) supuso de hecho que Brasil no haya legislado sobre la cuestión.

Al mismo tiempo, la jugada contempló la connivencia del PT en la elección del ultraconservador pastor Marcos Feliciano como secretario de Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Jean Wyllys, diputado por el PSOL y una de las caras más visibles de la causa LGBT, ha asegurado estos días que “tenemos que estar con el Gobierno” pero para “colocarlo en dirección a las pautas progresistas”.

Al mismo tiempo, el ecosistema de las izquierdas, los movimientos y las redes de Brasil presionarán para que se apruebe una ley del aborto y derechos de las mujeres en general, especialmente alrededor de la violencia machista, algo que también suena a ciencia ficción.

Medio ambiente

Mientras el sudeste de Brasil sufre una sequía atroz, la Amazonia desaparece y el modelo urbano hace aguas (metafóricas), la cuestión ambiental gana simpatías. Marcelo Soares, que participó en la funcación del partido Rede Sustentabilidade de Marina Silva, que todavía no existe, denuncia que el pemedebismo impedirá la tan esperada “reforma agraria, la reforma urbana y las políticas ambientales”.

La arquitecta Lilian Avivia Lubochinski pide un radical cambio de la política ambiental: “Necesitamos una imposición de duras reglas al agro negocio, que es el mayor deforestador”. Por otro lado, el Gobierno Dilma ha sido el peor en la historia democrática en la demarcación de tierras indígenas: apenas 3,6 tierras homologadas por año. Sônia Guajujara, una de las líderes más relevantes, resumía el malestar indígena con Dilma en una entrevista reciente con la BBC: “Dilma piensa que tenemos que comprar, consumir y hacer cooperativas para tener dinero. Ella piensa que para que estemos bien necesitamos bienes y tener una ducha caliente”. 

Quizá la mayor dificultad que enfrentará el PT es su relación con los nuevos movimientos y colectivos surgidos tras la oleada de protestas de junio de 2013. En un viaje a ninguna parte, el PT ha seguido intentando captar a los movimientos para eliminar su fuerza. Ha entronizado a un conjunto de falsos líderes de las calles y oportunistas varios para fingir que dialogan con lo nuevo. Pero el Marketing del Gobierno que Escucha es demasiado evidente (es falso). La represión, además, sigue in crescendo en las periferias. Y en los últimos tiempos se agudiza en los centros urbanos. Las prisiones aribitrarias de activistas, sin pruebas ni derechos civiles garantizados, han aumentado.

La investigadora y activista Renata Gomes apunta en esa dirección: “La primera demanda debería ser el fin del Estado policial en las favelas, la libertad real de manifestación, el archivo de procesos contra los manifestantes, la apertura real de diálogo con los movimientos sociales. A partir de ahí da para pensar en las pautas de siempre”.

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