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Tanto ruido, tan míseras nueces

¿Y qué nos espera tras las elecciones? No parece que ningún cambio de calado. La retórica revolucionaria entre ingenua, ñoña y astuta que circuló hace dos años ya no se oye y es tan vieja como cualquier otra

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Es cierto, "ya nadie habla del paro en España". Eso lo dice, y con orgullo, la persona que preside el Gobierno de todos ustedes. Búsquenle alguna explicación, porque hay que buscarla. Las palabras de un Presidente de Gobierno, sobre todo cuando las pronuncia en público ante un auditorio y las repite, es evidente que tienen intención e importancia.

Yo encuentro varias posibles. Una, que el Presidente del Gobierno esté enajenado y viva en una realidad particular aparte. Dos, que solo considere dignas de atención y plenamente seres humanos a las "personas normales", las que se parezcan a él, y que considere insignificantes a las que conforman la mayor parte de la población, la que no está forrada. Tres, que, efectivamente, él tiene comprada o controlada a la práctica totalidad de las grandes empresas de comunicación, las que lo auparon a la presidencia y que ahora dejan en sombra o distraen de los verdaderos problemas sociales y económicos. Aún me cabe una cuarta explicación, que el paro se haya visto reducido a un nivel tolerable y en consecuencia la pobreza que afecta a una parte importante de la población, infancia incluida, se ha visto reducida al mínimo. Pero esta última explicación no es real. En consecuencia, creo que tiene que ser una de las tres primeras y ello me lleva a pensar que desde hace tiempo estamos gobernados por irresponsables y desalmados. Si esto es así, ¿no es lógico esperar una reacción de la sociedad?

Una reacción parecía darse no hace tanto tiempo cuando cundió entre la opinión pública tal enfado que en privado y en público muchos reclamábamos el fin del secuestro de la democracia y de tantas injusticias. Parecía que el fin de un sistema de gestión del poder llegaba a su fin.

También yo lo consideraba más o menos posible, hace dos años en mayo publicaba aquí un artículo,  Aceptar lo "posible" fue un negocio desastroso , razonaba a mi modo que la oferta histórica del PSOE a la sociedad española estaba agotada y que ese tiempo había pasado: ya no había nada que repartir y eso hacía que ese partido se hubiese quedado sin nada que ofrecer a la sociedad. Por otro lado la renovación democrática de Zapatero había sido ahogada por el PP pero también el propio PSOE renunciaba explícitamente a ella. Y hace un año, también por mayo, exponía en otro artículo,  Su Constitución, ¿nuestra cárcel? , que al votar el Parlamento por mayoría tras el argumento de que “la Constitución lo impide” contra la proposición catalana para hacer una consulta había dejado a millones de catalanes, en realidad a la sociedad catalana, fuera de la Constitución. Pero no me quedé callado hace un año y publiqué Ni república ni monarquía, proceso constituyente .

Cómo envejece la opinión sobre asuntos políticos, si hubiese acertado en mis diagnósticos de entonces el modelo socioeconómico y el modelo nacional español y la forma del estado habrían llegado al final de su recorrido pero en este otro Mayo, mes de las flores y víspera de unas elecciones locales, hay que constato que de aquel ruido van a caer muy pocas nueces y precarias. Seguimos bajo la política del Banco Central Europeo, presidida por Mario Draghi, un peón de Goldman Sachs. Explicar qué es Goldman Sachs, uno de los verdaderos culpables de tanta ruina, no cabe aquí. De esa secta también fue, es y será el ministro De Guindos, que ahora aspira a presidir el Eurogrupo, así que ya saben que secta vampírica gobierna y gobernará nuestras vidas y haciendas. Y desde que algunos deseábamos la llegada de un cambio hasta hoy nos ha presidido el mismo Presidente y gobernado el mismo Gobierno, sin que sus sobres, robos, dinero negro y cualquier otro delito se lo haya impedido.

¿Y qué nos espera tras las elecciones? No parece que ningún cambio de calado. La retórica revolucionaria entre ingenua, ñoña y astuta que circuló hace dos años ya no se oye y es tan vieja como cualquier otra, nos enfrentamos a unas elecciones locales que van a tener su importancia: probablemente es el comienzo del fin del gobierno del PP, que será el gran perdedor. Pero las demandas de regeneración ni siquiera afectaron a ese partido, que sigue practicando el dedismo: a su actual presidente y candidato lo eligió el anterior a dedo y ahora él se ha señalado a si mismo como candidato con su propio dedo. Toma regeneración democrática.

Pero tampoco afectó al tradicionalmente primer partido de la oposición, el PSOE, que tras anular las elecciones primarias internas que pretendía Zapatero no ha vuelto a convocarlas ni ganas que se le ven.

En cuanto a lo demás, parece avecinarse la entrada a la brava de una nueva generación de políticos, "quítate tú pa ponerme yo", le dijo Ciudadanos, que emigró de Barcelona a Madrid, a UPyD; y lo mismo le dice Podemos a una IU que, si los electores no lo impiden, corre el mismo riesgo de desaparecer. En vez de dos parece que van a ser cuatro a la mesa española (Euskadi y Catalunya están en otra historia).

Ya sé que habrá entusiasmos tras el domingo y mucho de esto y lo otro, pero tras tanta retórica y tanto ruido hace dos años a mí me parece muy poco. 

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