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Los viernes de pasión en el Consejo de Ministros

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Viernes de pasión. The Soraya Horror Picture Show. De esta guisa se suele anunciar el día en Twitter en medio de una gran expectación. Ten miedo, mucho miedo, dicen muchos anticipando lo que vendrá. El Consejo de Ministros se ha convertido en el momento culminante de la semana, cuando el Gobierno anuncia una más de sus reformas, que en casi todos los casos han supuesto un fuerte recorte del gasto público a tono con la era de la austeridad.

Un día más, los periodistas tuvieron que afrontar una tarea imposible: seguir las intervenciones de los ministros (hoy la vice Sáenz de Santamaría, De Guindos y Pastor) repletas de cifras y explicaciones complejas sin que nadie se molestara en repartir antes los documentos que resumieran los acuerdos del Gobierno. Alguna vez ha podido ser por urgencia o por algún error, pero cuando se repite un viernes tras otro no hay que ser muy desconfiado para llegar a la conclusión de que se trata de algo premeditado.

Los periodistas lo tienen muy complicado para atinar en sus preguntas cuando no pueden ni echar un vistazo a los temas --en especial las cifras-- de los que se habla.

El tema estrella era la segunda reforma del sistema financiero. El Gobierno eleva las provisiones exigidas a la banca por lo que se llama el "ladrillo sano" en una cifra cercana, aún no definitiva, a los 30.000 millones. Este concepto de 'ladrillo sano' resulta bastante singular. Si está sano, ¿por qué necesita una protección especial? Lo cierto es que la credibilidad del Gobierno y banca españoles está bajo mínimos en Bruselas, y eso incluye al Banco de España: "La crisis de Bankia exaspera a la UE y ahonda la desconfianza hacia España", es el titular de la apertura de economía de La Vanguardia.

Las entidades financieras que no puedan hacer frente a estas exigencias de saneamiento, y podemos pensar que serán varias, tendrán ayudas del Gobierno en forma de créditos al 10%. De Guindos se ha empeñado en explicar que eso no supone ayudas públicas a la banca, aunque es obvio que el dinero cambia de manos. Al tratarse de préstamos, tendrán que devolverse y cada año rentarán un alto interés a la Hacienda pública.

Hay dos dudas. ¿Habrá entidades que no podrán finalmente sobrevivir ni por tanto devolver los créditos? En segundo lugar, si no fuera el Gobierno, ¿quién prestaría esos fondos a los bancos españoles cuando los mercados desconfían por completo de su solvencia?

 

De Guindos ha insistido en que Bankia es solvente y que la credibilidad del Banco de España es máxima.

Pero si el Banco de España va a recuperar su prestigio es porque lo ha perdido antes, ¿no?

Se supone que el Gobierno se ve obligado a hacer este tipo de afirmaciones. Es lo que se llama generar confianza, pero es hasta contraproducente cuando la situación es crítica. Y se arriesga a que le digan que está repitiendo el guión que tantas veces empleó Elena Salgado con las consecuencias por todos conocidas. La frase de De Guindos --"muchas veces la percepción de la realidad es mucho peor que la realidad"-- ha sido muy al estilo de Salgado.

 

En su intento de marcar distancias con el pasado, De Guindos ha dicho que no sólo no hay dinero público en juego, sino que si lo hubiera sería inferior a la cantidad que ya comprometió para el mismo fin el Gobierno de Zapatero.

No es esta la respuesta que están esperando la UE y los mercados, convencidos de que la banca española no saldrá de esta por sí sola.

 

El provocador blogger Zerohedge, siempre dispuesto a atormentar a los gobiernos de la eurozona, no ha esperado al final de la conferencia de prensa para mostrar su escepticismo. Es muy posible que unos cuantos analistas económicos salgan en la prensa de mañana diciendo eso de "too little, too late" (demasiado poco, demasiado tarde).

 

La Bolsa tampoco esperó al final y comenzó a venirse abajo mucho antes de que acabara la rueda de prensa. O bien esperaba más dinero público para los bancos o cree que estos lo van a pasar mal con las nuevas provisiones exigidas.

El Gobierno también ha flexibilizado las condiciones del alquiler de pisos, que por ejemplo ya no tendrá la obligación de actualizarse cada año con el IPC, y una medida mucho más polémica sobre las plusvalías en la venta de viviendas. Lo que Nuño Rodrigo llama subvencionar la especulación.

El ladrillo sigue ejerciendo una poderosa atracción en los gobiernos.

Y mientras tanto en el mundo real:

 

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