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Las zancadillas de Rajoy a los refugiados

España se ha dedicado de una manera sistemática a dificultar por todos los medios las peticiones de asilo

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Ahí tenemos a Mariano Rajoy, presidente de uno de los gobiernos más autoritarios de la la reciente historia de España, poniéndose de una forma patética al frente del movimiento de acogida de la crisis de los refugiados. Después de meses de negación, tras años de obstruccionismo al derecho de asilo, el Gobierno del PP se ha visto obligado a recorrer el camino de la dignidad humanitaria y de, no lo olvidemos, la legalidad, "obedeciendo" las instrucciones que le llegan de Alemania (Merkel) y de Bruselas (Comisión Europea).

La UE está intentando recuperar su posición como referencia de civilidad en el mundo y a los conservadores españoles tanta solidaridad les ha pillado con el paso cambiado. No hay que olvidar que hasta hace unos pocos días recibir a dos mil refugiados a Rajoy le parecía inaceptable. Y un repaso a las cifras de peticiones de asilo registradas entre 2010 y 2014 retrata la verdadera política del Gobierno del PP. Según ACNUR, en ese periodo, Alemania procesó 434.260 peticiones de asilo; Italia, 157.140 y España tan solo 19.140. ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué esa diferencia tan desorbitada? Solo puede haber una explicación: España se ha dedicado de una manera sistemática a dificultar por todos los medios las peticiones de asilo.

Pero por mucho que Rajoy se empeñe ahora (obligado por Europa y por sus urgencias electoralistas) en mostrar una cara amable, sus huestes, aún despistadas, siguen lanzando mensajes alarmistas. Al ministro del Interior le preocupa que se cuelen yihadistas entre los refugiados (como si los antecedentes que conocemos no nos hayan demostrado que cuando quieren vienen y van en avión). Al ministro de Economía le inquieta que se pueda frenar la recuperación económica (por recibir a poco más de 15.000 personas en un país de 45 millones de habitantes, cuando, además, el 60% del costo lo va a pagar la Comunidad Europea). En el fondo, lo que el PP quiere transmitir es el discurso del miedo, esa palanca que tantos réditos electorales ha dado históricamente a los conservadores. 

La buena noticia en este asunto ha sido la movilización de la sociedad civil que, poniéndose muy por delante de la llamada "clase política" tradicional, se ha anticipado mostrando su solidaridad y ofertas concretas de acogida. Y el posicionamiento de muchos nuevos ayuntamientos que también se han adelantado a Rajoy y sus temerosos ministros, ofreciendo acogida y apoyo a los refugiados. Unas personas, muchos de ellos menores, que huyen de la guerra, no lo olvidemos. Que han perdido sus casas, sus cosas, a hermanos, hijos y padres. Que buscan la que puede ser la última oportunidad de rehacer sus vidas. Y a las que Rajoy, como la indecente reportera húngara Petra Laszlo, no ha dejado de poner zancadillas desde que llegó a la presidencia del Gobierno de España.

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