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La inmigración no perjudica el apoyo ciudadano a las políticas sociales

Analistas políticos de varios países europeos han vinculado el aumento de los sentimientos contra los extranjeros con el aumento de los niveles de inmigración. David Brady y Ryan Finnigan se preguntaron si niveles más altos de inmigración pueden socavar el apoyo a las políticas sociales. Utilizando datos de 17 países han encontrado poca evidencia para apoyar esta afirmación, incluso afirman que la inmigración puede fomentar el apoyo de las ciudadanías hacia el Estado de Bienestar.

Artículo publicado previamente en LSE Europp Blog: Immigration does not undermine public support for social policies

Durante las últimas décadas, Europa y otras democracias prósperas han llevado a cabo algo así como un experimento natural. Si bien es de todos sabido que EEUU está experimentando un incremento en los niveles de inmigración que recibe, la mayoría de las democracias ricas de Europa también han experimentado un aumento de la inmigración en un período relativamente corto de tiempo. Los casos más destacados fueron España e Irlanda, pero casi todas las democracias ricas experimentaron dicho aumento. En España, el porcentaje de nacidos en el extranjero se cuadruplicó desde el 2,6% hasta 10,6% de la población de 1996 a 2006. Al mismo tiempo, Irlanda pasó de tener un saldo positivo a favor de la emigración frente a la inmigración en 1996, a ser un país con más de un 5% de inmigración en el año 2006. Este aumento de la inmigración en algunas democracias ricas  se produjo en un contexto en el que ya existían notables diferencias entre países con respecto a sus respectivos niveles de inmigración. En países como Australia, Canadá, Nueva Zelanda o Suiza, en 2006 alrededor del 20% de la población era nacida en el extranjero, mientras que en Finlandia y Japón la cuota de nacidos en el extranjero era muy pequeña.

Los científicos sociales han utilizado este llamativo cambio social para entender mejor cómo la inmigración y la heterogeneidad étnica afectan a las actitudes sociales, a la política y ala conducta de los ciudadanos. Por ejemplo, existe evidencia empírica que demuestra que el aumento de la inmigración en Europa durante los noventa provocó un aumento de los sentimientos contra los extranjeros, y los partidos de extrema derecha resurgieron en varios países. En nuestro reciente artículo de la American Sociological Review, Ryan Finnigan y yo investigamos si el aumento de la inmigración ha socavado el apoyo público a las políticas sociales. Más específicamente, nos preguntamos si el nivel de inmigración de un país tiene un impacto negativo sobre la confianza en, y la preferencia por, las políticas sociales.

El hecho de si la inmigración socava o no el apoyo ciudadano a las políticas sociales es un tema especialmente importante, dado que muchos estudiosos y comentaristas han argumentado que la heterogeneidad étnica socava los bienes públicos. El argumento utilizado ha sido que cuando un país está más dividido étnicamente, la gente se vuelve renuente a apoyar políticas sociales que podrían incrementar los niveles de igualdad social y el bienestar de los grupos vulnerables. Supuestamente, el fraccionamiento étnico reduce el propio sentido de la solidaridad con los demás residentes. Este argumento tiene en parte su origen en una larga tradición académica según la cual la homogeneidad étnica facilitó el desarrollo del Estado de bienestar. Este argumento defiende que los EE.UU. tienen un Estado del bienestar mucho más débil que, por ejemplo, Suecia, porque el país nórdico era étnicamente homogéneo y los EE.UU., por el contrario, estaban étnicamente divididos. El argumento continúa afirmando que según Suecia vaya experimentando mayores niveles de inmigración y, por tanto, de heterogeneidad étnica, su Estado de bienestar tenderá a parecerse cada vez más al  estadounidense, porque los suecos ya no apoyarán la política social cuando los beneficiarios sean turcos o somalíes. Existen también investigaciones que han proporcionado evidencia experimental y observacional de cómo la heterogeneidad étnica hace que las personas estén menos dispuestas a invertir en bienes públicos.

Para llevar a cabo nuestro análisis, utilizamos los datos de 1996 y 2006 del International Social Survey Programme (ISSP), que contó con una amplia variedad de preguntas sobre si los encuestados apoyan la política social. Por ejemplo, dos de las seis preguntas relevantes son: "¿El gobierno tiene la responsabilidad de reducir las diferencias de ingresos entre ricos y pobres?" y "¿El gobierno tiene la responsabilidad de proporcionar un trabajo para todo el que quiera uno?". Mediante la utilización de modelos estadísticos multinivel, hemos fusionado en una misma base de datos las respuestas a la encuesta de 17 democracias ricas y datos sobre los flujos de inmigración y los niveles de inmigración de un país. Los flujos miden cambios en la inmigración de entrada y salida, mientras que los niveles de inmigración miden la proporción de inmigrantes de la población en un momento dado en el tiempo.

Nuestra estrategia consistió en estimar un gran número de modelos estadísticos con el fin de evaluar cuidadosamente si la relación entre inmigración y apoyo a la política social es robusta (esto es, si la relación se mantiene independiente de las distintas especificaciones y modelos que se utilicen para medirla). Se examinaron tres medidas diferentes de la inmigración a través de las seis preguntas de la encuesta, y se consideró una amplia variedad de variables de control a nivel individual (por ejemplo, los ingresos del encuestado) y nacional (por ejemplo, la tasa de empleo en el país). Analizamos las diferencias entre los países, así como cambios a lo largo del tiempo dentro de los países. En definitiva, tratamos de proporcionar la confirmación estadística más comprehensiva existente hasta la fecha.

Para nuestra sorpresa, y contra la opinión mayoritaria de estudiosos y comentaristas, encontramos muy poca evidencia de que la inmigración en realidad socave el apoyo público a las políticas sociales, como se muestra en el gráfico 1. El nivel de inmigración no tiene efecto en aproximadamente dos tercios de los modelos. La única excepción es que el nivel de inmigración parece socavar el apoyo a la creencia de que "el gobierno tiene la responsabilidad de proporcionar un puesto de trabajo para todo el que quiera uno." Este resultado, sin embargo, es modesto en comparación con la evidencia mucho más robusta según la cual los flujos de inmigración tienden a incrementar el apoyo a las políticas sociales.  De hecho, nos encontramos con que tanto la migración neta como la evolución temporal en el porcentaje de los nacidos en el extranjero aumentan las probabilidades de que los encuestados crean que los gobiernos tienen la responsabilidad de proporcionar vivienda, asistencia sanitaria, pensiones, seguro de desempleo, y también la responsabilidad de reducir las diferencias entre ricos y pobres.

Figura 1.

Figura 1.

¿Cómo se puede dar sentido a nuestros resultados, más bien nulos, a los efectos positivos inesperados encontrados, y a los efectos negativos sobre la cuestión de los puestos de trabajo? En primer lugar, nos gustarían destacar que el patrón predominante de nuestro análisis es el de no encontrar resultados. En su mayoría, nuestros análisis no muestran ningún efecto. Por lo tanto, la interpretación correcta y más adecuada es que hay otros factores mucho más importantes para el apoyo ciudadano a las políticas sociales. Esto no quiere decir que las personas apoyen a los inmigrantes o a la inmigración. Más bien significa que la gente separa claramente su hostilidad hacia los inmigrantes, de existir ésta, de sus creencias acerca de la política social. Básicamente, lo que hacemos con nuestros análisis es invitar a los investigadores y analistas a dar marcha atrás en sus afirmaciones acerca de la inmigración y la política social. Una mayor cautela y menos teorías "universales" mejorarían la forma cómo los investigadores y analistas discuten la relación entre la heterogeneidad étnica y el Estado de bienestar.

A pesar de solicitar mayor cautela y más escepticismo con los argumentos utilizados hasta ahora​, creemos que vale la pena aunque sea especular sobre los otros resultados obtenidos. Interpretamos los efectos positivos de los flujos de inmigración como en consonancia con la conocida como "hipótesis de la compensación". En un contexto social de rápido aumento de la inmigración, los encuestados pueden sentirse inseguros e incluso amenazados por la incertidumbre y la competición que, en su menter, representa la inmigración. Este contexto de cambio social inestable provoca que los encuestados busquen alivio y protección en el Estado. Un incremento agudo de la inmigración puede llevar a la gente a exigir al Estado que los proteja en lugar de preferir que el gobierno se abstenga de ayudar a la gente.

Para los resultados sobre población inmigrante y empleo, interpretamos que la evidencia es consistente con la "hipótesis del chovinismo." Podría ser que los encuestados consideren los puestos de trabajo como una competición de suma cero por un recurso limitado (esto es, el número de puestos es limitado y lo que ganan unos lo pierden otros). Tal vez los encuestados también piensan que si el gobierno proporciona un trabajo para "todos los que quieren uno", esto se hará pensando sobre todo en los inmigrantes, y por ello los encuestados están menos dispuestos a apoyar las políticas sociales que puedan ayudar a los inmigrantes a alcanzar el mismo nivel de vida que el de los nativos.

Al margen de estas posibles interpretaciones, nuestra principal conclusión es que la inmigración no socava el apoyo público a las políticas sociales. A pesar de que muchos han argumentado que existe un "dilema del progresista" o "un dilema entre heterogeneidad  e igualitarismo", nuestro estudio contradice este punto de vista. Es completamente posible que un país sea étnicamente heterogéneo y económicamente igualitario. El aumento de la inmigración no contradice ni desafía la voluntad del público de proteger a los pobres, los enfermos, los desempleados o los mayores. Al final, la pregunta que merece la pena plantearse es cómo, por qué, dónde y cuándo el aumento de la heterogeneidad étnica puede complementarse, o coexistir, con el igualitarismo económico.

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