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UPyD y C's: ¿campanas de boda?

Rosa Díez Cpngreso UPyD

Oriol Bartomeus

Las elecciones al Parlamento europeo del pasado mes de Mayo han puesto sobre la mesa el debate sobre una eventual fusión entre UPyD y Ciudadanos. Este no es un debate nuevo, puesto que ya desde el inicio de la andadura de ambas formaciones se han sucedido los intentos (a veces poco amistosos) de unirlas. El último parece que le va a costar el cargo al recientemente reelegido eurodiputado Sosa Wagner, quién ha tenido la osadía (según algún correligionario suyo) de plantear el asunto de manera abierta y directa. Lo cierto es que hay algunas razones de peso que apoyarían la fusión entre ambos partidos, de la misma forma que hay otras razones de igual peso que irían en sentido contrario. Veámoslas.

UPyD y Ciudadanos nacen prácticamente al mismo tiempo y al calor de los mismos acontecimientos: la discusión desatada a raíz de la reforma estatutaria en Cataluña y la debilidad del PP después de perder el Gobierno a manos del PSOE de Zapatero en 2004. Si bien es cierto que el origen geográfico de UPyD es el País Vasco y el de Ciudadanos Cataluña, ambos se plantean un mismo objetivo político, que es la configuración de un nuevo espacio entre PP y PSOE que tenga como referente ideológico principal la defensa de la unidad de España frente al nacionalismo periférico (sea el vasco o el catalán).

En este sentido las dos formaciones compiten por un mismo espacio político a partir de postulados ideológicos muy similares, lo que daría la razón a aquellos que propugnan la unión de ambos, ya que ésta generaría unas “economías de escala” electorales beneficiosas para el proyecto político compartido. Esto sería aún más positivo en un escenario, como el que se anuncia para el próximo ciclo electoral, presidido por la fragmentación, lo que aporta más beneficios a aquellos que sean capaces de aglutinar su espacio, a la vez que castiga a aquellos que vayan por separado. Y más aún si tenemos en cuenta que el espacio de UPyD se está viendo penetrado por Podemos, según el último barómetro del CIS, que supone que el 16% del voto de UPyD tiene intención de votar a los de Pablo Iglesias.

Esta idea a favor de la unidad se ve reforzada por los sucesivos fracasos en los intentos de UPyD de desplazar a Ciudadanos en su ámbito geográfico. El mejor resultado de los de Rosa Díez en Cataluña, antes de las europeas de Mayo, fue en las generales de 2011 y les supuso un paupérrimo 1,1% del voto válido (y eso que Ciudadanos no se presentaba en esa convocatoria). Tampoco han triunfado los intentos de implantación local en territorio catalán. En la última convocatoria municipal de 2011, UPyD sólo presentó candidatura en ocho municipios (de casi quinientos), logrando poco más de dos mil sufragios. Ciudadanos consiguió quince veces más respaldo.

La aparente imposibilidad de penetración de UPyD en Cataluña, precisamente por la presencia en su espacio de asentamiento natural de Ciudadanos, sería un argumento a favor de la fusión, o como mínimo de algún tipo de colaboración entre ambos.

Ahora bien, este argumento ha sufrido un fuerte contratiempo en las últimas elecciones europeas en las que Ciudadanos sí ha sido capaz de penetrar significativamente más allá de su territorio “natural”. Los de Rivera, después de no presentar candidatura en 2011 y consolidar su posición en el mapa político catalán en la convocatoria autonómica avanzada de 2012, se propusieron implantarse en el resto de España. Los resultados de los comicios al Parlamento europeo parecen suponer una plataforma importante para este objetivo. Del casi medio millón de votos obtenido por Ciudadanos, más de dos terceras partes los ganó fuera de Cataluña. Es destacable el resultado en Madrid, feudo tradicional de UPyD, dónde la candidatura encabezada por Javier Nart logró el 4,8% del voto.

Aunque la implantación territorial de UPyD y de Ciudadanos sigue dibujando dos espacios totalmente distintos (Ciudadanos quintuplican el resultado de UPyD en Cataluña, mientras que éstos triplican a aquellos en el resto de España), el relativo éxito de los de Rivera en su aventura española debilita los incentivos para una posible unión. Parecería que la pelota ha cambiado de campo: si antes era UPyD la que no estaba interesada en una posible fusión (con la esperanza de poder acabar con el feudo de su rival en Cataluña), ahora es Ciudadanos el que no parece tener mucho interés, habida cuenta del recorrido que puede tener más allá del Ebro en futuras elecciones.

Además de este cambio en la posición de fuerza de uno y otro, existen otros elementos poderosos que juegan en contra de la posible unidad de UPyD y Ciudadanos. En primer lugar, cualquier acuerdo seguramente comportaría la unificación de ambas organizaciones, ya que no parece muy posible que una formación que defienda la unidad de España pueda mantener dos personalidades distintas, al estilo de la CDU-CSU alemana. Y ahí se entra en un terreno complicado, puesto que atañe a los símbolos y a los sentimientos. ¿Aceptarán los miembros de Ciudadanos la desaparición de sus siglas? ¿Admitirán los de UPyD ceder parte de su logo a sus rivales? No es una cuestión menor.

El segundo elemento es aún más complicado, puesto que atañe al factor humano, y es que posiblemente el mayor obstáculo a la unión de UPyD y Ciudadanos sean sus líderes. Tanto Rosa Díez como Albert Rivera son figuras que van más allá del simple liderazgo partidista. Además de ser los máximos dirigentes orgánicos y los rostros más reconocibles de sus respectivos partidos, ambos asumen el papel de fundadores. Además, las perspectivas de futuro de ambos personajes son positivas, a tenor de las encuestas (Rivera podría ser el líder del tercer partido en el escenario catalán después de las próximas elecciones al Parlament, y Díez está llamada a ejercer de king maker en un Congreso sin mayoría clara y difícil de gestionar). Así pues, ¿quién bajaría del caballo? ¿quién de los dos cedería su plaza al otro? Rivera, visto el relativo éxito de su aventura española, tiene más incentivos para seguir por esa línea que quedarse en Cataluña, por muy boyantes que sean las expectativas para sus Ciudadanos. Por su parte, Díez ya ha demostrado su habilidad y su tesón para mantenerse como cabecilla de UPyD y cortar cualquier intento de poner en duda su liderazgo.

Si nos atuviéramos sólo a los datos de encuesta parece evidente que una fusión entre UPyD y Ciudadanos les reportaría significativos beneficios en unas próximas elecciones generales. Según el barómetro del CIS de Julio, la presentación conjunta de ambos partidos podría llegar a desplazar a IU del cuarto lugar, además de generar importantes “plusvalías” en escaños, gracias a la menor dispersión de su voto en el territorio. En un Congreso sin mayoría clara y con PP y PSOE necesitados de apoyos, el papel de UPyD-C’s podría ser decisivo. Pero sabemos por experiencias que las decisiones políticas no atienden sólo a las encuestas, sino que hay otros elementos que se tienen en cuenta, y que muchas veces resultan más influyentes en la decisión final. Las expectativas de cada cual y los liderazgos se cuentan entre estos elementos llamados a ser determinantes.

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