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Asprocan y los remiendos inservibles

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Imagen de archivo de un empaquetado de plátanos radicado en Canarias.

Imagen de archivo de un empaquetado de plátanos en Canarias.

En estos días, se están lanzando las campanas al vuelo y festejando la enésima reunificación dentro de Asprocan de las seis organizaciones de productores plataneros (OPP) de las islas.

Creo que hay que resaltar que, en esta ocasión y por primera vez, todo el Gobierno de Canarias, con su presidente al frente, ha tenido que dar un puñetazo sobre la mesa y exigir a las seis OPP que lleguen con urgencia a un acuerdo. Porque, hoy, es del todo imprescindible. Y que de no acordarlo ellos mismos, el Gobierno lo haría. Modificando las reglas de juego existentes y cambiando la estructura organizativa del sector. ¡Al fin una decisión valiente!

Y en efecto se llega a un acuerdo que se ha hecho público días atrás. En mi opinión con los siguientes aspectos a resaltar.

1) El nuevo dato, que el Gobierno de Canarias se haya implicado exigiendo llegar a un acuerdo, es un hecho relevante y muy positivo. Porque se ha abandonado el criterio hasta ahora mantenido, que los problemas del sector tenían que resolverse entre los propios plataneros y que el Gobierno no tenía que inmiscuirse en asuntos entre particulares. Reconociendo con ese cambio que la situación actual es de extrema gravedad. Y este hecho merece ser subrayado y sobre todo tenido en cuenta de cara al futuro.

2) El principal tema estratégico del acuerdo, como es obvio para cualquier conocedor del sector, tenía que ser sobre la pica. Y el resultado es frustrante. Porque deja de ser obligatorio cumplirla en su totalidad. Y es que, para consensuar, se ha tenido que aflojar y permitir comercializar hasta el 30% de la fruta afectada, a voluntad de parte. Por tanto, el principal instrumento de regulación queda en la práctica muy devaluado.

Es cierto que la pica es la última bala. Está claro que para los cosecheros que han estado cuidando la fruta con esmero un montón de meses el que no puedan comercializarla es lo peor que les puede ocurrir. Por tanto es entendible el argumento que se suele emplear para no aceptar la pica. Y es que, “si yo tengo colocada la fruta, no la voy a tirar. Si otros no la tienen vendida, el problema es de ellos”. El argumento parece razonable, pero oculta el hecho de que todos pueden decir lo mismo, eso sí, sin tener en cuenta el revolcón que puedan sufrir los precios. Es decir que, tratándose de la última medida y la más drástica, hay que sopesarlo muy bien antes de tomarla. Pero que, si llega esa desastrosa coyuntura, hay que actuar todos a la vez y sin excepciones.

Y es que el verdadero problema de la pica no está en el momento en que hay que tomar esa decisión, sino en el conjunto de medidas agrarias y comerciales que hay que desplegar con anterioridad, para no llegar a ese punto. Esa es la madre del cordero. Y, como se verá, en el acuerdo firmado no hay nada de nada al respecto.

3) Cuando se establecen reglas para un comportamiento conjunto, la confianza de que se van a cumplir los compromisos es la base esencial del acuerdo. Por tanto, salvaguardar la disciplina es fundamental. Y cumplir los acuerdos tiene que blindarse con sanciones disuasorias. En cambio, con este acuerdo que comentamos ha ocurrido justamente lo contrario. Y es que, en la práctica, se ha condonado casi la totalidad de las multas a la única OPP que había sido sancionada. Así que, en el caso más desfavorable para ella, apenas tendría que desembolsar el 10% de las penas en que había incurrido.

Nada de gestión conjunta

Vemos que, después de tanto bombo y platillo, no se ha avanzado ni una sola milésima en la necesaria estrategia de la gestión conjunta de la oferta platanera canaria.

Nada de iniciar una decidida aunque compleja planificación conjunta de la producción. Nada de acordar una clasificación uniforme de la fruta, de tal manera que solo se empaqueten las categorías que luego aparecerán con precio diferenciado de venta al público en la Península. Nada de establecer una horquilla obligatoria de precios. Nada de unificar determinados aspectos de la comercialización. Y más flagrante si cabe por su sencillez, nada de contratar conjuntamente el transporte marítimo ni la compra de los principales insumos del sector.

¿Y entonces?

Si se han puesto todos los recursos económicos y políticos disponibles para llegar a un acuerdo significativo y no se ha alcanzado. Si solo se ha evitado momentáneamente la guerra de todos contra todos en el sector platanero canario ¿…?

Para intentar entender lo que viene pasando desde hace muchos años hay que poner énfasis en el hecho que los plataneros canarios solo saben competir entre sí. Y ahí son verdaderos expertos. Compiten por quitarse cosecheros unos a otros, por intentar engañar al de al lado, por intentar manipular a los recibidores en la Península, por ocultarse determinados logros logísticos… Eso sí, con quien no saben y ni siquiera imaginan competir es contra sus verdaderos competidores. Que no son otros que las trasnacionales plataneras anglosajonas que señorean las producciones plataneras de América Latina y África.

¿Se puede hacer algo?

Claro que se puede. Y es necesario realizarlo cuanto antes. Porque ¿qué es lo que impide que reine la cordura y la profesionalidad? En mi opinión el problema está claro. Y es que los actuales dirigentes plataneros canarios solo saben y quieren competir entre sí. [Al margen de ser unos excelentes buscadores de renta de las administraciones públicas, sobre todo europeas, tema de enorme importancia y que les ha permitido mantenerse al mando hasta ahora]. Por eso, el principal escollo es poder cambiar a los sempiternos protagonistas plataneros canarios, las “dinastías” de Amable del Corral. Y es que a las necesarias cordura y profesionalidad hay que añadir la DEMOCRACIA.

Es cierto que, formalmente, los actuales dirigentes cuentan con el apoyo de los cosecheros. Pero también todos conocemos la antigua, enorme y densa red clientelar sobre la que se mantiene la permanencia de la vieja dirigencia. Facilitada por un sistema electoral de diversos niveles y etapas. Y resulta significativo que cuando esa vieja estructura de poder rechina con la entrada de algún nuevo dirigente con ganas de mando en plaza, no es para modernizar la estructura organizativa, sino para imitar y replicar sus comportamientos. Una suerte de “quítate tú para ponerme yo”. Y así el mantener la vieja estructura se convierte en un objetivo unánime. Para los viejos y para los nuevos. Intentando convencer de que todos los que están son los mejores porque “¿quién les va a decir a ellos lo que tienen que hacer…?”.

Por todo esto, y como se ha defendido tantas veces a lo largo de muchísimos años, la racional, profesional y democrática “gestión conjunta de la oferta”, imprescindible para el renacimiento del sector, está fuera de las posibilidades (y por supuesto y de la voluntad) de los actuales dirigentes plataneros. Que han demostrado que solo saben competir entre ellos y mantener sus pequeñitos reinos de taifas. Aunque se hunda el mundo.

Romper el círculo vicioso

Por eso es imprescindible sustituir a quienes tienen poder absoluto para transformarse y no quieren hacerlo. Y habrá que poner en marcha un proceso de nueva constitución, para recuperar la buena marcha de este secular cultivo. Y para concebir y establecer nuevas formas adecuadas al presente.

Y para eso creo necesario lo siguiente:

A) Elaborar, con participación directa de los cosecheros, un Reglamento que encamine de forma unitaria, transparente y eficiente toda la cadena de valor del plátano canario. Pudiendo mantenerse las actuales cooperativas, SAT y cualquier otra forma legal de agrupación de primer grado, pero planificando la producción y homogeneizándola de acuerdo con sus características técnicas. Con la finalidad de mejorar y modernizar el sector y ponerlo en condiciones de competir en calidad con las poderosas trasnacionales. Y es necesario insistir que hay capacidad profesional de sobra y técnicos sobresalientes. Que hasta hoy no están siendo utilizados debido a las rutinas e inercias comentadas.

B) Para que este nuevo Reglamento pueda alcanzar la operatividad que se le reclama, tendría que contar con la participación de todos los cosecheros interesados. Y eso a lo largo de las distintas fases de la elaboración del borrador de Reglamento. Con participación telemática y con asambleas explicativas en las zonas de cultivo. Hasta llegar a una propuesta de nuevo Reglamento que, para poder superar definitivamente todos los obstáculos, se tendría que aprobar directamente por medio del voto individual de los cosecheros de todas las islas. Como es lógico, el censo sería el que ya controla la Consejería y por el que se distribuyen las ayudas europeas.

C) Toda esta inmensa tarea sería mucho más hacedera si el Gobierno de Canarias, a través de su Consejería de Agricultura, liderara y garantizara todo el proceso. Para eso ya contamos con la nueva estrategia de nuestro Gobierno, dispuesto a intervenir cuando la gravedad de la coyuntura así lo exige. Y este es el caso. Es tal la gravedad de la coyuntura actual y tan evidente la estrategia para intentar superarla que nadie entendería que ahora tratara de escabullirse de esta trascendental tarea.

*Artículo redactado para la revista especializada  Agropalca

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