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Linares no se resigna al papel de ciudad en declive

Ocho años después del cierre de Santana Motor, su principal motor económico, la ciudad con más paro de España trata de recuperar su pulso industrial

Cierta diversificación económica y el fortalecimiento del sector servicios han evitado la catástrofe

La falta de apoyo institucional, especialmente de la Junta de Andalucía, es una de las quejas más frecuentes

"Es preciso que haya un cambio de mentalidad”, afirma el director de la Cámara de Comercio. “Lo que no hagamos nosotros mismos no va a venir nadie a hacerlo”

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Un mural recuerda la tradición minera de Linares en una calle de la ciudad. Foto: J. P. V.-G.

Linares quiere sacudirse cuanto antes el estigma de ser la ciudad con más paro de España. Noqueada durante años por el cierre de su motor económico y principal fuente de empleo, Santana Motor, la ciudad se esfuerza por recuperar la prosperidad que tuvo durante décadas gracias a la minería y al automóvil. 

La crisis económica y social que atraviesa Linares saltó a los titulares de los periódicos de toda España en junio pasado con la publicación del informe Indicadores urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Según dicho estudio, es la ciudad con el indicador municipal de desempleo más alto de todo el país, un 39%, muy por delante de Córdoba, Sanlúcar de Barrameda, La Línea de la Concepción y Jerez de la Frontera, estas tres últimas en la provincia de Cádiz. 

Ubicada en el extremo noroeste de la provincia de Jaén, al pie de Sierra Morena, Linares ilustra lo difícil que resulta regenerar un tejido productivo destruido por la crisis o, como en su caso, por el fracaso de un gran proyecto industrial. Su historia se repite en muchas comarcas del interior de España que gozaron de un alto nivel de bienestar en el pasado y hoy luchan por eludir el declive económico.

Buena parte de los males de Linares tienen su origen en el cierre de Santana Motor en 2011, que asestó un golpe casi letal a la economía local. En sus mejores tiempos, la fábrica de vehículos todoterreno y sus empresas auxiliares llegaron a dar trabajo a 7.000 personas. Prácticamente todo Linares vivía de Santana. “El problema es que todos dependíamos de lo mismo. Cuando cayó Santana cayó el comercio, cayó la hostelería, cayó la construcción...”, explica Antonio Barrios, miembro de Todos a una por Linares, una plataforma ciudadana que ha convocado masivas manifestaciones para denunciar la situación en que se encuentra la ciudad y exigir ayuda de las Administraciones.

Linares ha pagado un precio muy alto por esa dependencia. Según Barrios, la ciudad ha perdido 5.000 habitantes desde el cierre de Santana, al pasar de 63.000 a 58.000, y muchos jóvenes han optado por marcharse ante la falta de oportunidades. “Hasta que no hemos tenido el agua al cuello no hemos empezado a reaccionar. Hemos perdido una generación”, se lamenta este abogado de 52 años.

Engaño y abandono

Cuando Santana Motor echó el cierre tenía poco más de 1.000 trabajadores en plantilla. La mayoría se acogió a un plan de prejubilaciones pactado por los sindicatos con la Junta de Andalucía, que se hizo con la propiedad de la empresa en la década de 1990 y fracasó en su intento de reflotarla. Las pensiones de los santaneros se convirtieron entonces en el principal sustento de muchas familias linarenses y han ayudado a mantener a flote la economía local durante los años más duros de la crisis, pero es un dinero que tarde o temprano dejará de fluir.

“Engaño” y “abandono” son las dos palabras con las que el alcalde, Juan Fernández, describe la sensación reinante entre la población. Él culpa sobre todo a la falta de compromiso de la Junta de Andalucía con el futuro de Linares, pero también reconoce que a la propia ciudad le ha faltado previsión y capacidad para vislumbrar lo que se venía encima. “Una vez que desapareció la minería”, recuerda, “caímos en la dependencia del monocultivo de Santana Motor, que no supo adaptarse a los nuevos retos de un sector tan competitivo como la automoción”. 

Tras unos años de desconcierto, los linarenses han decidido pasar a la acción. Todos a una por Linares reunió en septiembre de 2017 a 40.000 personas en la manifestación más numerosa que se recuerda en la ciudad. En mayo de este año se repitió la convocatoria, con una afluencia algo menor pero igualmente masiva. “Hemos recuperado la dignidad”, afirma Barrios, “al pasar de quejarnos en los bares a salir a la calle”. A principios de octubre, una caravana de autobuses y coches particulares viajó hasta Sevilla para manifestarse ante la sede del Gobierno andaluz, sin conseguir que algún representante oficial les recibiera.

La falta de apoyo institucional es precisamente una de las quejas más oídas en Linares. Los más críticos ponen de relieve el hecho de que Susana Díaz no haya puesto los pies en la ciudad desde que es presidenta de la Junta de Andalucía, hace más de cinco años. No contribuye a mejorar las cosas la complicada situación política que atraviesa la ciudad por el enfrentamiento entre el alcalde y sus propios compañeros del PSOE a nivel local, provincial y regional. Fernández, de 59 años y con dos décadas en el cargo, ha sido expulsado del partido por presuntas irregularidades en la contabilidad del grupo municipal socialista y aún no ha decidido si se presentará a la reelección el año que viene.

Pese a todo, hay personas en la ciudad con una visión optimista del futuro. Una de ellas es Raúl Caro-Accino, gerente de la Cámara de Comercio de Linares, quien asegura que estadísticas como las del INE no reflejan fielmente la realidad y recomienda huir del catastrofismo. “No sirve de nada ir diciendo por ahí que estamos muy mal. Primero, porque no es verdad, y segundo, porque comentarios así generan rechazo. Tenemos que cambiar el discurso y hablar de las bondades de venir a invertir y a vivir aquí”.

Linares ha conseguido evitar el desastre diversificando su economía y reforzando el sector servicios. El centro de la ciudad tiene una intensa actividad comercial que atrae a compradores de Úbeda, Baeza, Bailén y otras ciudades cercanas con cierto poder adquisitivo gracias al olivar. El turismo crece gracias a nuevos descubrimientos en el poblado iberorromano de Cástulo, y también atraen visitantes el Centro de Interpretación del Paisaje Minero y los museos dedicados a dos músicos originarios de la localidad: Andrés Segovia y Raphael.

Nuevo modelo

El cierre de Santana Motor, recuerda el gerente de la Cámara de Comercio, no supuso el fin de la industria en Linares, como lo demuestra el hecho de que un puñado de empresas siguen funcionando en la ciudad y dando trabajo, en total, a unos 2.500 trabajadores. Entre ellas figuran Gestamp (Carrocerías), CAF Digital Design Solutions (diseño e ingeniería), Rosenbauer (camiones de bomberos y ambulancias), Algama (galvanizados), Linallac Foams (poliuretano), Gourmet Cazorla (agroalimentación) y Ortiz&Reed (calzado). Junto a las naves vacías que anaño vieron salir vehículos Land Rover y Suzuki, en un parque empresarial que aún lleva el nombre de Santana, la empresa Aemsa fabrica torres de aerogeneradores y Cástulo Tecnology se dedica al diseño, fabricación y mantenimiento ferroviario. También se ha instalado aquí la única cámara climática para vehículos industriales en toda Andalucía.

Caro-Accino sostiene que ninguna empresa ocupará el lugar de Santana Motor como único motor económico de Linares y se muestra convencido de que la única manera de salir adelante es apostando por un nuevo modelo de crecimiento centrado en las nuevas tecnologías. Con ese objetivo en mente, la Cámara de Comercio ha puesto en marcha un plan de innovación empresarial financiado por la Unión Europea, el Ayuntamiento, la Diputación de Jaén y la Junta de Andalucía con la colaboración de la universidad y la empresa como eje central. En el año 2015 se inauguró en las afueras de la ciudad un campus científico aprovechando el germen de la Escuela Politécnica Superior de Linares, que ofrece grados en varias ingenierías. El campus, que cuenta con la calificación de digital innovation hub de la Comisión Europea, sirve de incubadora, aceleradora y vivero de empresas con el denominador común de la innovación. Los emprendedores cuentan allí con un espacio de trabajo y disponen de tutoría y apoyo económico para la digitalización de sus proyectos. El grupo Sicnova, una de las primeras empresas en instalarse en el centro, fabrica impresoras 3D.

“Estamos convencidos de que vamos a cambiar esta ciudad, pero es preciso que haya un cambio de mentalidad”, afirma Caro-Accino. “Lo que no hagamos nosotros mismos no va a venir nadie a hacerlo”.

[Este artículo ha sido publicado en el número 64 de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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