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Mi querida hermana

La defensora de derechos humanos, Doris Valenzuela

A partir de ese momento, terribles sensaciones se apoderaron de mi. Hoy solo recuerdo la confusión, el estupor, el deseo de solucionar algo sin saber qué. La única realidad es que cuando ocurre un hecho así, poco se puede hacer, salvo confirmar la noticia, asegurar que el hijo y las hijas están atendidos, preparar una nota de condolencia, una nota en la que volcar toda mi repulsa... Ante lo terrible, no hay posible solución: Doris había sido asesinada y nada podía cambiarlo.

Una vez más me encontraba de frente con la dura realidad que viven las mujeres defensoras de derechos humanos. No sólo se enfrentan cada día al acoso, las amenazas y los ataques de los perpetradores de violaciones, poderosos y sin escrúpulos. También se enfrentan a un entorno más cercano, que las agrede simplemente por un hecho: ser mujeres.

En los últimos años hemos sido testigos de cómo valientes mujeres como Doris lo pierden todo por defender a los demás. Cuando nos toca vivirlo tan de cerca, la pregunta que no abandona nuestra cabeza es otra: ¿Quién las defiende a ellas?

Doris Valenzuela

Doris Valenzuela

Doris esquivó a las balas en varias ocasiones y tuvo que enfrentarse a la peor pesadilla de una madre: perder a sus hijos. Dos de ellos murieron en sus brazos, víctimas de la violencia armada que desangra Colombia, tanto por parte de la guerrilla como de los grupos paramilitares. No puedo imaginar el enorme dolor que debió de sufrir en esos momentos.

Esa misma muerte que otras veces logró esquivar, le vino a visitar cuando todo parecía empezar de nuevo para ella: una nueva vida, una nueva ciudad, por fin la paz para una luchadora que tanto sufrió. Si a la injusticia se le pudiera poner medida, la que sufrió Doris superaría lo imaginable.

Esta noche las hijas y el hijo de Doris celebran una misa por la memoria de su madre. Y me han dicho que les gustaría que estuviera con ellos. Cuando veo a estos chavales, tan jóvenes y con tanto sufrimiento cargado a sus espaldas, se me parte el corazón. Pero cuando ríen, con la misma sonrisa que tenia su madre, inacabable, sé que ella vive a través de ellos.

Doris seguirá viva no solo en la sonrisa de sus hijos. Doris seguirá viva mientras la recordemos y mientras continuemos su lucha por un mundo más justo en el mismo punto en el que la obligaron a dejarla. Una lucha que nunca evitó, valiente como era, inmensamente valiente.

Guardo el último mensaje que me mandó al teléfono, un mes antes de morir, cuando vine a visitarles. Fue la última vez que la vi. En este mismo tren, de regreso a Madrid, después de varias horas conversando, me envió un hermoso texto: “Si me preguntan si quisiera tener otro hermano, te elegiría a ti”. En ese momento se me encogió el corazón, feliz de contar con su amor sincero, fraterno, y recíproco. Ha pasado un año y hoy, en este mismo tren que tantas veces me llevó hasta la sonrisa de Doris, lloro al volver a leer sus palabras. Fui afortunado de conocerla, de compartir momentos con ella, de querernos. Siempre te recordaré, hermana. Siempre estarás viva entre nosotros.

Quién era Doris: Doris Valenzuela, fue parte integrante de Comunidades Construyendo Paz en los Territorios (Conpaz), una organización colombiana de afrodescendientes, indígenas y campesinos de la región de Buenaventura, en el oeste de Colombia, que defiende la justicia social y ambiental. También formó parte del espacio humanitario Puente Nayero, también en Buenaventura. Un espacio libre de actores armados ilegales en contexto urbano, apoyado por la Comisión Intereclesial Justicia y Paz y otras organizaciones nacionales e internacionales.

En 2017 tuvo que salir de Colombia tras la vigilancia, persecución y múltiples amenazas de muerte de las que tanto ella como su familia fueron objeto. Murió asesinada por su marido el pasado 11 de abril de 2018 en Murcia.

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Los lugares del mundo donde las personas queer necesitan nuestra ayuda

Protesta en Uganda contra la nueva ley contra la homosexualidad / Kaytee Riek

La evolución observada en Brunéi debe verse como una señal de alarma. Tenemos que salir y alzar la voz, no sólo en favor de Brunéi, sino también de todas las personas que forman la comunidad mundial LGBTQ+. Si alzamos la voz en defensa de los derechos humanos en Brunéi, debemos hacer lo mismo en otros lugares. La situación de las personas LGBTQ+ en todo el mundo nos recuerda las sabias palabras de Martin Luther King: “La injusticia en cualquier parte es una amenaza para la justicia en todas partes. Estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, ligados en el tejido único del destino”.

En Amnistía Internacional Estados Unidos movilizamos nuestras fortalezas, debilidades, miedos y esperanzas y los transformamos en acción. Y, aunque es lógico escandalizarse por lo que está sucediendo en Brunéi, debemos tener presente la interseccionalidad de todas nuestras luchas y las injusticias e ir de la mano con nuestra familia LGBTQ+ en cualquier lugar del mundo donde pueda estar luchando en defensa de sus derechos humanos.

El Triángulo Norte

Las injusticias que experimentan personas de El Salvador, Guatemala y Honduras empeoran cada día. Como ha documentado Amnistía, las personas LGBTQ+ que viven en el Triángulo Norte están cada vez más expuestas a sufrir amenazas y ataques selectivos porque, ante la falta de protección de las autoridades de sus países, no ven otra solución que huir y afrontar más peligros en su búsqueda de seguridad solicitando asilo en México. Nuestra reacción ante la crisis humanitaria en la frontera debe enmarcarse en nuestra preocupación por las personas LGBTQ+ que sólo quieren vivir a salvo.

Finlandia

Entrega de la petición para reformar la ley finlandesa, Trans Act, por el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, el director de Amnistía de Finlandia, Frank Johansson, el activista trans, Sakris Kupila y dos estudiantes de una escuela secundaria que participaron en la campaña Escribe por tus derechos

Entrega de la petición para reformar la ley finlandesa, Trans Act, por el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, el director de Amnistía de Finlandia, Frank Johansson, el activista trans, Sakris Kupila y dos estudiantes de una escuela secundaria que participaron en la campaña Escribe por tus derechos

O tomemos el caso de Finlandia, donde unos invasivos requisitos obligan a las personas trans y de género no conforme a tener un diagnóstico de “trastorno mental” para lograr la reasignación de género. Sakris Kupila, de 21 años, nunca se ha identificado como mujer, pero la legislación finlandesa le obliga a tener un diagnóstico de “trastorno mental” para cambiarse de nombre. Para Sakris, la decisión está clara. Se opone a este trato humillante y reclama que se reforme la legislación. Los derechos de la comunidad LGBTI en Finlandia también deben formar parte de nuestra lucha, y podemos empezar por firmar esta petición.

Egipto

Debemos luchar igualmente en favor de la liberación de la activista transgénero Malak al Kashef, secuestrada de su casa por participar en una protesta pacífica. En Egipto, las autoridades han lanzado una amenazadora campaña selectiva contra las personas LGBTQ+ y han practicado decenas de detenciones y exámenes anales forzados para detectar “homosexualidad crónica”. Tales exámenes constituyen tortura y una violación flagrante de derechos humanos fundamentales.

Taiwán

En Taiwán, las iniciativas en favor del derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y de las escuelas inclusivas respecto a las personas LGBTQ+ han sido rechazadas en referéndum. No obstante, el Estado tiene la obligación de reformar la legislación discriminatoria sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, y por tanto sí existe una vía de avance legislativo.

Malasia

De igual modo, en Malasia hemos visto cómo se condenaba a recibir azotes y pagar una multa a dos personas LGBTQ+ que mantenían relaciones sexuales. En países como Malasia, o como Taiwán, la reforma exige adoptar enfoques “de arriba a abajo” y “de abajo a arriba” para proteger y reafirmar los derechos LGBTQ+; también allí requieren nuestra atención.

Uganda

En todo el continente africano, los derechos legalmente establecidos de las personas LGBTQ+ disminuyen a medida que crece la homofobia, apoyada por las autoridades. Aún hay ugandeses en prisión condenados a “cadena perpetua” por el “delito” de ser homosexuales.

Rusia

Como parte de lo que se ha descrito como “nueva ola de persecución” en Chechenia, personas LGBTQ+ están siendo secuestradas de sus casas, por medios gubernamentales y no gubernamentales, y posteriormente torturadas y encarceladas o asesinadas. Es una constante en la historia de Chechenia. Se han documentado al menos 2 muertes y 40 detenciones de personas LGBTQ+ en Chechenia desde diciembre de 2018. Amnistía Internacional reclama la validez de las denuncias a pesar del silencio que guardan las autoridades rusas.

Malak al Kashef, secuestrada de su casa por participar en una protesta pacífica.

Malak al Kashef, secuestrada de su casa por participar en una protesta pacífica.

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Ni un paso atrás: Ochos de marzo, elecciones, y derechos

Manifestación en Bilbao el Día de la Mujer 2018 / REUTERS/Vincent West TPX IMAGES OF THE DAY


Pero también nos hemos ganado el derecho a que el 8 de marzo de cada año, podamos gritar fuerte que no consentiremos que nadie, y especialmente ningún ideario político nos quite lo conquistado. También será el momento de reivindicar y exigir que se reconozca y se apoye desde todas las instituciones del Estado todo lo que aún queda por conseguir.

No nos engañemos, la lucha por el reconocimiento, y de manera más importante, por el ejercicio efectivo de los derechos humanos de las mujeres no ha sido, ni es, nada fácil.   Las mujeres han tenido – y tenemos- que enfrentar mil resistencias, pero a pesar de ello, poco a poco, la lucha de muchas se ha transformado en normativa internacional y nacional, en políticas públicas que contribuyen a cambios de actitudes y de formas de pensar. Lamentablemente, esta conquista no ha tenido el mismo alcance en todos los países, y el 8 de marzo debe ser el día en el que todas podamos dar voz a las que todavía luchan en sus respectivos países por tenerla.

Si echamos la vista atrás, en España las mujeres y el feminismo han conseguido mucho, muchísimo, aunque la conquista de derechos ha tenido un alcance desigual. Mi hija de 12 años me dice que no puede ser verdad cuando le cuento que en España es relativamente reciente el derecho a voto de las mujeres, o que su abuela tuviera que contar con el consentimiento de su marido para poder abrir una cuenta bancaria. Y lo cierto es que no ha pasado tanto tiempo. Solo hay que remontarse a 40 años atrás para esto último.  

Protesta en Sol, Madrid // AP Photo/Francisco Seco

Protesta en Sol, Madrid // AP Photo/Francisco Seco

Sin embargo, mi hija sabe que no exagero cuando le digo que, a día de hoy, no puedo asegurarle ni protegerla de una vida sin ningún tipo de violencia sexual, laboral o de otro tipo. Una violencia sustentada únicamente en el hecho de ser mujer. No puedo negarle que tendrá que enfrentarse a muchas barreras, la gran mayoría amparadas por los estereotipos patriarcales que nuestra sociedad utiliza contra las mujeres. Aún no, es una conquista que todavía tenemos que alcanzar.

Por eso, y como hago todos los días, pero especialmente aprovechando toda la energía que produciremos el próximo 8 de marzo, y frente a las voces que se empeñan a cuestionar los derechos humanos de las mujeres, le diré a mi hija que ella también tiene y es parte de la lucha feminista, en la que cada vez debemos invitar a sumarse a más hombres, jóvenes, niños y mayores, para alcanzar una sociedad realmente igualitaria y acallar a todos aquellos que la cuestionan. Este 8 de marzo es momento para que ni mi hija, ni ninguna mujer, joven, niña, adulta, sienta amenazados los derechos conquistados hasta ahora, frutos del esfuerzo de muchas.  

Este 8 de marzo es para mí además especialmente importante, porque coincide en cercanía con otro hecho importante, la celebración de varios comicios a nivel estatal, local, autonómico y europeo. Unas elecciones ante las que tenemos que recordar que las mujeres tenemos derecho que todas las instituciones públicas – y especialmente nuestros representantes políticos- nos garanticen una vida plena, libre de violencias tanto en la ley como en la práctica. Ninguna ley tiene eficacia si no hay una clara voluntad de aplicarla por aquellos y aquellas con responsabilidad directa sobre las disposiciones de la misma.  No nos olvidemos de ello.

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“Tal vez no habría sucedido si la ley hubiera sido distinta.”

Manifestación en Dinamarca / Jonas Persson

Liva tardó algún tiempo en darse cuenta de lo que le había pasado aquella noche. Se había convencido de que no lo recordaba y le había dicho a sus amigos que había perdido el conocimiento porque se sentía avergonzada y no quería recordar.

“Esa era la mentira que me contaba a mi misma y a quienes me conocían.”

Sólo cuando una amiga le contó que le había ocurrido algo similar se dio de bruces con la realidad: la habían violado.

Como contó al periódico Poliken en junio de 2017, en 2015 esta estudiante de enfermería de 25 años había ido al Festival Roskilde con un grupo de amigos y amigas. En el grupo había un chico que le gustaba. Se tropezaron en una fiesta y decidieron ir a dar un paseo. Dice que antes de que pudiera darse cuenta estaba tendida en el suelo protestando mientras él trataba de mantener relaciones sexuales con ella.

“En algún momento pasó gente. Recuerdo que tomé conciencia de la situación y dije ‘No, no, esto no puede ser. Para, para, para’. Me tapó la boca con la mano y siguió.”

Después, Liva descartó llamar a la policía, en parte porque no estaba del todo segura de lo que había pasado y en intuía que no iba a tener la ley de su parte, porque no creía que se hubiese utilizado violencia física y porque ya conocía al hombre de antes.

Liva, activista y superviviente de una violación  © Petra Kleis

Liva, activista y superviviente de una violación © Petra Kleis

“Creo que la legislación tiene mucho que ver, por ejemplo, con el hecho de que no me diese cuenta de que era una violación. Porque es una situación de tanta vulnerabilidad y en la que sientes tanta vergüenza... y si la ley te dice que si no hay violencia no es una violación… Tal vez no habría sucedido si la ley hubiera sido distinta.”

Las historias que había oído y leído sobre el trato que da la policía a quienes denuncian una violación también tuvieron algo que ver con su decisión de no contactar con ella. Muchas mujeres se abstienen de denunciar violaciones porque temen no ser creídas a causa de los mitos y los estereotipos existentes.

“Sabía que iban a preguntarme si nos habíamos besado —y sí, nos habíamos besado—. Y lo conocía, y no hubo violencia física.”

Pero todas estas cosas son irrelevantes puesto que Liva no consintió en mantener relaciones sexuales.

Liva decidió contar su historia a un periódico y, cuando finalmente lo hizo, se alegró. Antes de eso, había buscado artículos o a personas con historias similares pero no había encontrado a ninguna.

“Tras la publicación, muchas mujeres y niñas se pusieron en contacto con el periódico porque habían tenido la misma experiencia y nunca hasta entonces habían oído historias como esta de otras personas.”

El sexo sin consentimiento es violación. La legislación danesa debe dejarlo claro.

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Siria: enfrentarse a los demonios del pasado

Raqqa, Siria © Amnesty International

El presidente Trump seguramente anunciará pronto que las fuerzas militares estadounidenses y sus aliados han expulsado al grupo armado autodenominado Estado Islámico de su “califato” en Siria e Irak. Sin embargo, la derrota del Estado Islámico ha tenido un enorme coste: el gran número de víctimas civiles causadas por su campaña militar tiene importantes consecuencias que Estados Unidos y sus aliados en  la coalición no pueden permitirse ignorar.

Nuestro cometido como investigadores de Amnistía Internacional nos ha permitido hacer estudios exhaustivos sobre el terreno en relación con la realización y el impacto de los ataques estadounidenses en RaqqaMosul y otros lugares, y llevamos tiempo afirmándolo. A principios de este mes supimos que el Pentágono está de acuerdo.

El Congreso también está de acuerdo. La preocupación en el Congreso era tal que, con la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de 2018, los legisladores instaron al Pentágono aumentar la transparencia en torno al seguimiento de las víctimas civiles causadas por sus operaciones

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Los presupuestos deben sobrevivir para ser mejorados

La política de gasto de sanidad representa un 0,04% del total de los presupuestos// Lupe de la Vallina

Hoy empieza en el Congreso el debate sobre las enmiendas a la totalidad a los presupuestos generales del Estado. Y mañana es el día clave en el que se decidirá el futuro inmediato de los mismos. Es necesario que salven este trámite para que puedan seguir siendo mejorados en sede parlamentaria.

Los presupuestos generales del Estado no son sólo números. De ellos depende la calidad de vida de gran parte de la sociedad, especialmente la de las personas que han sido golpeadas por el paro, por los recortes en ayudas sociales y, en general, por unas políticas de austeridad que no han tenido en cuenta a quienes siguen sufriendo sus efectos.

Es cierto que estos presupuestos constituyen una mejora en lo relativo a las partidas de ayudas a la vivienda y sanidad respecto del año pasado en un 44,28% y 6,84% respectivamente.

Es un avance sí, pero un avance insuficiente. Para comprenderlo, echemos la mirada atrás. Han pasado más de diez años desde que empezamos a escuchar palabras como crisis o austeridad. Dos conceptos sobre los que se ha construido una década de políticas de las administraciones que prestaron poca o ninguna atención a los derechos de las personas y sus vidas detrás de los números.

AP Photo/Andres Kudacki

AP Photo/Andres Kudacki

Más de diez años después del inicio de la recesión económica, España sigue sin recuperar la inversión que tenían estas partidas en 2008 y está muy lejos de alcanzarlas de nuevo. En lo relativo a ayudas a la vivienda, el presupuesto se ha recortado desde 2008 en un 49,03% y en sanidad en un 54,03%. Y esto tiene un impacto. Muchas personas apenas perciben la recuperación, siguen sintiendo el desamparo y la desvinculación con las autoridades. Asimismo, y a pesar de que ha habido un ligero paso hacia adelante, la partida de ayudas a la vivienda representa el 1,14 % del total de los presupuestos y la política de gasto de sanidad un 0,04%. Es hora de revertir esta situación.

La otra cara de la moneda
La consecuencia más visible de la austeridad pública es que las familias se han visto obligadas a reorganizar su economía. Las personas se han visto forzadas a incrementar su gasto en vivienda y sanidad, dejando de lado otros gastos que también están relacionados con su calidad de vida. Así, en materia de vivienda, el gasto privado subió de un 17,4% en 2005 a un 21,7% en 2017 y en salud, ha variado de un 18,9% en 2009 a un 23,5% en 2016. Números que siguen escondiendo dificultades que los Estados deben reparar.

Desgraciadamente, por impersonales que suenen las cifras, tenemos que seguir hablando de ellas. Este esfuerzo en gasto social para las familias se produce en una década en la que el precio de la vivienda en alquiler ha subido de una manera alarmante. Esta tendencia también continuó en 2018, mostrando un incremento del 6,5%. Por el contrario, los salarios no han soportado una subida   semejante. Entre 2012 y 2016, la variación de incremento de los salarios ha sido de un 1,89%..

Dani de Sol

Dani de Sol

Analicemos más cifras que esconden desigualdades. Este incremento del gasto privado para satisfacer derechos se produce en un país en el que el 45% de las personas trabajadoras gana menos de dos veces el Salario Mínimo Interprofesional. de ellas, el 55,4% son mujeres, frente al 36,7% de hombres. Las mujeres, con una tasa mayor de paro, del 16,2% frente a un 12,83% de los hombres, sufren una vez más las peores consecuencias. También la tasa de riesgo de pobreza afecta más a las mujeres. Si la media española es de un 21,6%, la tasa de riesgo de pobreza alcanza a un 40,6% de las familias monoparentales y recordemos que el 83% de las mismas están encabezadas por mujeres.

El debate de las enmiendas a la totalidad que se inicia hoy debe tener en cuenta esta radiografía de las cifras. No debe olvidar la obligación existente en derecho internacional de que los presupuestos deben mejorar de manera progresiva la vida de las personas.

Diez años después es hora de recuperar al menos la misma inversión en partidas de vivienda y sanidad. Es hora de que las personas sientan que sus derechos importan.

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Irán: la resistencia sin fin

Manifestación por la situación de los trabajadores del acero en Ahvaz © Iranian Labour News Agency

Parece un gesto sencillo: quitarse el pañuelos y amarrarlo sobre un palo o simplemente dejarlo al viento y colocarse sobre un banco, una acera más elevada, una farola. Sin embargo, las fotografías de las mujeres iraníes protestando por el uso del velo han dado la vuelta al mundo. Que se lo digan a Shaparak Shajarizadeh, una de las precursoras, condenada a 20 años de prisión, 18 de ellos condicionales, por su protesta pacífica contra el uso obligatorio del hiyab. Huyó de Irán tras ser puesta en libertad bajo fianza, y desde entonces ha descrito en entrevistas a los medios de comunicación cómo fue sometida a tortura y otros malos tratos en régimen de aislamiento y cómo le negaron el acceso a su abogado.

Hoy se cumplen 40 años desde el inicio de la revolución en Irán, un país convulso que no ha dejado de luchar, a pesar de que desde 1979 hasta la actualidad, tal y como recogen los informes anuales de Amnistía Internacional, el régimen ha acusado y conseguido la “confesión” de miles y miles de personas para acusarles de delitos que han servido de coartada para la represión y la vulneración de los derechos humanos. Ocho lustros en los que la represión hasta se ha adaptado a los nuevos tiempos, pasando de cerrar revistas al cierre de redes sociales como Facebook, Instagram o Telegram, y persiguiendo a blogueros como Sattar Beheshti, que en 2012 murió bajo custodia.

Una mujer enseña su pañuelo encima de una estructura elevada en la ciudad de Karaj en protesta por el uso obligatorio del velo © White Wednesdays Campaign

Una mujer enseña su pañuelo encima de una estructura elevada en la ciudad de Karaj en protesta por el uso obligatorio del velo © White Wednesdays Campaign

Delitos castigados bajo un sistema penal sin garantías que tampoco respeta convenciones internacionales fundamentales, aplicando penas y actuaciones que incluyen, además de la prisión, la tortura, la detención ilegal, la desaparición forzada, la flagelación, la amputación o la ceguera. Sin embargo, castigo de referencia es sin duda la pena de muerte: Irán es uno de los principales países del mundo que encabezan su aplicación, con al menos 507 ejecuciones en 2017, incluyendo la ejecución de personas que eran menores en el momento del delito, las ejecuciones públicas o la lapidación.

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El naufragio de las políticas de la UE en el Mediterráneo central

Una mujer y un niño esperan a bordo del barco de rescate Sea-Watch 3, a merced de su destino en el mar durante 19 días © Chris Grodotzki/Sea-Watch

“Tenemos un puerto seguro”, dice un miembro de la tripulación a decenas de abatidos solicitantes de asilo hacinados en un camarote a bordo del Sea-Watch 3, barco de rescate de una ONG. Tras casi tres semanas abandonados a su suerte en el Mediterráneo, cuesta un poco entender todo lo que eso significa. “Vamos a entrar”, explica. “C’est fini.” En segundos la sala estalla en expresiones de alivio y alegría desbordantes.

Este fue el final del calvario, la semana pasada, que vivieron 49 mujeres, hombres, niños y niñas a bordo del Sea-Watch 3 y el Professor Albrecht Penck, barcos de sendas ONG, que por fin pudieron desembarcar en Malta.

© Chris McGrath/Getty Images

© Chris McGrath/Getty Images

 Habían sido rescatados en diciembre tras huir de Libia, pero los barcos no recibieron autorización para atracar en ningún puerto europeo del Mediterráneo. Cuando los días se convirtieron en semanas, algunos gobiernos europeos se comprometieron a acoger a las personas rescatadas cuando entrasen en Europa por los puertos italianos o malteses. Pero Italia siguió negando un puerto donde pudieran atracar los barcos, mientras que Malta ofrecía su cooperación con la condición de que otros países europeos accedieran a hacerse cargo de otras 249 personas rescatadas por las autoridades maltesas en una operación anterior.

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Guantánamo: Es hora de cerrar esa maldita cosa

© AI

Recuerdo ese día que soy incapaz de olvidar, porque está gravado para siempre en mi memoria como si fuera ayer. Fue hace más de 17 años, cuando unos agentes de la policía secreta me llevaron a mi viejo automóvil, que estaba aparcado a la puerta de la casa de mi madre, en Mauritania, y me dijeron que fuera tras el vehículo discreto y sin distinto alguno que utilizaban. Un agente visiblemente avergonzado me estaba esperando para sentarse a mi lado en el automóvil.

Cuando salía por la puerta, mi madre me detuvo. Sospechó por su aspecto que eran agentes. Temía por mí. Incluso una persona apolítica como mi madre podía identificarlos enseguida.

"No quería que te encontraran", dijo el joven agente sentado a mi lado en el automóvil. Ya lo conocía. En 2000, cuando regresaba a Mauritania de un viaje a Canadá, fui detenido en Senegal por sospechas infundadas y a instancias del gobierno de Estados Unidos. Cuando me llevaron de Senegal a Mauritania, ese joven agente fue mi carcelero. Me habló de las dificultades por las que pasaba porque su trabajo no le daba para vivir. Yo prometí ayudarlo si salía alguna vez de la cárcel. Me dijo que sabía arreglar televisiones y sintonizar los canales, y me propuse buscarle clientes y ayudarle a aprender más. La noche antes de que me secuestraran en casa de mi madre le había dicho que me arreglara la televisión.

Al arrancar vi por el retrovisor los dedos de mi madre, alzados al cielo y contando plegarias. No volví a ver a mi madre ni a mi hermano mayor, porque fallecieron antes de mi liberación.

Entonces no era todavía la prisión de Guantánamo que conocemos ahora. Me entregaron a Jordania y me llevaron luego a la base aérea de Bagram, antes de enviarme al centro de detención de Guantánamo.

A fin de hacerme confesar, los agentes estadounidenses me sometieron a tortura y otros tratos crueles e inhumanos. Como si perder la libertad y mi medio de vida y ser separado a la fuerza de mis seres queridos no fuera lo bastante cruel.

Pasaron años de privaciones, dolor y sufrimiento antes de que me reuniera finalmente con mi familia al final de 2016. Y más de dos años después de mi liberación, sigo estando como un detenido en mi propio país, sin que se me permita recibir fuera de él la atención médica que tanto necesito porque el gobierno estadounidense ha pedido al mauritano que no me conceda el pasaporte.

Todo aquello ocurrió en nombre de la democracia. En nombre de la seguridad. En nombre del pueblo estadounidense.

Acto en el museo sobre la prisión de Alcatraz, en Estados Unidos / William Butkus

Acto en el museo sobre la prisión de Alcatraz, en Estados Unidos / William Butkus



Con la premisa de que sólo unas cuantas personas merecen el debido proceso, dignidad y derechos humanos y de que la democracia más poderosa del mundo puede hacer lo que le plazca con el resto de la humanidad.

Creo que Estados Unidos tiene el derecho y el deber de proteger a sus ciudadanos, pero que no debe jamás hacerlo al margen del Estado de derecho que ha prometido hacer valer.

Puedo decir con tranquilidad que soy un ejemplo viviente de que las sospechas de un gobierno no pueden ser nunca un motivo para menoscabar el Estado de derecho, por el que generación tras generación ha luchado en Estados Unidos. Soy un ejemplo porque las sospechas del gobierno de que era un delincuente estaban equivocadas totalmente, al cien por cien. Jamás fui acusado formalmente y menos aún declarado culpable de ningún delito.El único juez independiente ante el que comparecí durante mi suplicio ordenó que fuera puesto en libertad, tras ver las pruebas secretas, que ni siquiera a mí me permitieron ver.

Valientes activistas de Amnistía Internacional reconocieron que también quienes no son ciudadanos estadounidenses tienen derecho a ser tratados con dignidad y a acogerse al Estado de derecho. Han estado ayudándome activamente hasta ahora. Ayudaron a dar a conocer al mundo mi versión de lo ocurrido mientras permanecí encarcelado año tras año, reprimido y gritando en la oscuridad. ¡Estaré siempre agradecido por ello!

Jamás ha estado ni está todavía bien visto salir en defensa de los derechos humanos si al acusado se le considera un “oponente”, y mucho menos si la acusación es por terrorismo. Sin embargo, creo que, precisamente por esa razón, no se debe dar rienda suelta a la violencia del gobierno simplemente por la naturaleza de la acusación y los antecedentes del acusado. Los linchamientos se condenaron y se dejaron finalmente de realizar por una razón.

Han transcurrido ya 17 años desde la apertura del infierno infame que es Guantánamo. Es por la dignidad del buen pueblo estadounidense que su gobierno debe cerrar esa maldita cosa.

¡Cierren esa prisión y traten a las personas de acuerdo con el Estado de derecho! ¡Qué Dios les bendiga!

*Mohamedou Slahi estuvo detenido en Guantánamo. En la actualidad es activista de los derechos humanos, residente Mauritania y autor del best seller “Diario de Guantánamo”.

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Las protestas por la subida de las tasas sobre el carburante en Francia y la falsa disyuntiva de clima frente a personas

Manifestación frente a la Torre Eiffel, en París, durante el COP21 en 2015 / AP Photo/Matt Dunham

Tras estas protestas hay un difuso movimiento conocido como el de los “gilets jaunes” (chalecos amarillos), a cuyas filas se ha ido incorporando en las últimas semanas cada vez más gente: personas cuyo exiguo salario les alcanza apenas para sobrevivir y que se sienten amenazadas por un descenso en la protección laboral, se han unido para expresar su ira por la agenda económica propuesta por el gobierno francés. A las protestas se ha unido también la población joven: estudiantes de secundaria y universidad que han bloqueado sus centros de estudio.

Ante este polifacético movimiento, el gobierno del presidente Macron anunció que anularía la tasa sobre los carburantes. Pero hay pocas señales de que la tensión se vaya a suavizar pronto, debido a la creciente brecha de desigualdad económica entre ricos y pobres en todo el país.

Las protestas han polarizado mucho lo que ya es un debate peligrosamente dividido sobre el cambio climático, los derechos humanos y la necesidad de proteger a las personas más marginadas y desfavorecidas de nuestras sociedades.

Algunos de los grupos ecologistas que actualmente se reúnen en la Conferencia de la ONU sobre cambio climático en Polonia están preocupados por la “mala señal”, que transmite la reducción de las tasas anunciada por Macron justo en un momento en que el mundo necesita incrementar sus esfuerzos para alejarse de los combustibles fósiles.

Entretanto, hay políticos que intentan sacar partido de la situación. El martes, el presidente estadounidense Donald Trump entró en liza con el siguiente tuit : “Me alegro de que mi amigo @EmmanuelMacron y los manifestantes de París hayan llegado a la conclusión a la que llegué yo hace dos años. El Acuerdo de París es completamente defectuoso porque eleva el precio de la energía para los países responsables mientras encubre a algunos de los más contaminantes del mundo”.

Manifestación en Bruselas este sábado 8 de diciembre / AP Photo/Francisco Seco

Manifestación en Bruselas este sábado 8 de diciembre / AP Photo/Francisco Seco

El presidente Trump, al igual que otros escépticos del cambio climático, está a favor de formular el debate como una disyuntiva entre abordar el problema del cambio climático frente a proteger a la gente y los puestos de trabajo. Pero el movimiento ecologista cometería un error si le hiciera el juego y argumentara que el imperativo moral de abordar el cambio climático debe anteponerse automáticamente a cualquier sufrimiento que las medidas de transición puedan causar a corto plazo a la gente.

De hecho, proteger los medios de vida de las personas para que puedan vivir con dignidad y detener el cambio climático son dos aspectos de una misma luchaEl Acuerdo de París reconoce la necesidad de integrar la protección medioambiental y el progreso de derechos económicos y sociales tales como el derecho al trabajo, a un nivel de vida adecuado y a la salud.

Al igual que en muchos otros países, tememos que sean los trabajadores y trabajadoras pobres de Francia los que sean menos capaces de enfrentarse a los peligrosos efectos del cambio climático, como el aumento de la contaminación y los consiguientes problemas de salud, debido a su falta de recursos. En todo el mundo vemos habitualmente que son las personas más pobres las que tienen más dificultades para sobrevivir, y no digamos para recuperarse, cada vez que son golpeadas por un suceso relacionado con el clima.

El gobierno francés debe establecer políticas de protección climática que reduzcan la desigualdad, no que la agraven: políticas tales como subsidios que permitan a la gente pasarse a fuentes de energía limpias, en lugar de castigarla por no hacerlo. Esto significa hacer recaer la responsabilidad en las empresas del sector de los combustibles fósiles y no en los consumidores, especialmente los de ingresos bajos.

Sentada durante la manifestación en París contra el cambio climático en 2018 / AP Photo/Michel Euler

Sentada durante la manifestación en París contra el cambio climático en 2018 / AP Photo/Michel Euler

Nadie del gobierno del presidente Macron, y menos el propio Macron, defendería abiertamente que los trabajadores y trabajadoras pobres de Francia deben pagar —literalmente— el precio de los esfuerzos de descarbonización del país. Sin embargo, los gobiernos, antes de hacer cualquier cambio económico o fiscal importante, deben estudiar debidamente cómo va a influir ese cambio en las personas que ya sufren dificultades económicas.

Lo irónico es que esta crisis se está produciendo en vísperas de la celebración del 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos humanos, la primera declaración de derechos fundamentales de ámbito mundial, adoptada y firmada por los gobiernos en París el 10 de diciembre de 1948.

Setenta años después de la adopción de la Declaración vemos una intolerancia creciente, una desigualdad extrema, un retroceso de las salvaguardias de los derechos humanos, todo ello unido a una falta de urgencia por avanzar más rápido en la cuestión del cambio climático. Como demuestra la actual agitación en Francia, en muchos sentidos corremos peligro de crear el tipo de mundo que los gobiernos que adoptaron la Declaración tras la Segunda Guerra Mundial se comprometieron a evitar.

En todo el mundo, la gente necesita desesperadamente que sus dirigentes demuestren el liderazgo en materia de derechos humanos que exigían quienes redactaron la Declaración, especialmente ante la crisis climática a la que el mundo entero se enfrenta. El presidente Macron se equivocó al suponer que la lucha contra el cambio climático consiste únicamente en volver a hacer grande nuestro planeta. De hecho se trata de poner a las personas en primer lugar y hacer grandes los derechos humanos también.

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