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Unos días del último año por Turquía

Taner con su familia en el momento de la liberación / Amnesty International

Taner Kilic no era mi amigo, apenas un compañero más de Amnistía Internacional, a quien veía en reuniones y encuentros, cuando fue detenido y acusado de “pertenencia a una organización terrorista” en junio del año pasado. Taner se convirtió, desde entonces y muy a su pesar, en el  símbolo de una generación de defensores y defensoras de derechos humanos acosada por las autoridades turcas que respondieron al golpe de estado de julio de 2016 con una represión injustificada. Desde ese día aciago hemos luchado para lograr su liberación.

Ahora que lo veo, libre y abrazado a su mujer y sus dos hijas, tras más de un año de cárcel, viajo mentalmente a momentos en que estuve cerca de él en los juzgados de Esmirna. La escena ha quedado nítida en mí: nadie, salvo Taner, parecía tener esperanza de que todo iba a pasar pronto y recuperaría la libertad que nunca debió serle arrebatada. Caminaba esposado, rápido, escoltado por policías armados hasta los dientes, su familia gritaba su nombre, lo seguían para lograr acercarse a él sin conseguirlo, y Taner, con tranquilidad, casi con paz, nos saludaba a todos los que estábamos allí.

Por casualidad, unas horas después, mientras  Taner esperaba su vuelta a la prisión, tuve ocasión de hablar con él, todavía esposado y vigilado por policías. Le preocupaba, primero, el posible desánimo de su familia. Él se mantenía firme en sus convicciones. Nos devolvió las miles de cartas que había recibido en prisión y unas pulseras que otros presos le habían regalado porque todos pensaban, pensábamos, que ese día de febrero iba a ser puesto en libertad, No fue así y regresó a  una celda hacinada.

Cuando lo vi finalmente libre, a las puertas de la cárcel, abrazado a su familia, pensé que todo el esfuerzo hecho había valido la pena pero también, con indignación, en esas dos sesiones de su juicio a las que asistí junto a colegas de mi organización, familiares de presos y representantes diplomáticos, y que prolongaron injustamente el sufrimiento de Taner y su familia. Recuerdo a testigos que ratificaban que los defensores de derechos humanos detenidos en un hotel de Estambul, proceso al que añadieron a Taner, no conspiraban en contra del gobierno sino que se reunían en una habitación abierta con vistas a la piscina; que los peritos, incluyendo la policía, también ratificaban que el móvil de Taner nunca tuvo contacto con nadie acusado del golpe de estado; y así, un testimonio tras otro, una prueba tras otra, llevaban a la inocencia indiscutible de Taner y los demás defensores/as de derechos humanos.

Hoy, Taner está con su familia, libre, pero queda mucho por hacer, primero en relación a su caso, porque sigue procesado, y en segundo lugar para evitar que la sociedad turca continúe precipitándose hacia un tiempo sin derechos humanos. Pensad en que detras de las cifras- 360 académicos perseguidos por hacer un llamamiento para que Turquía no sea parte del conflicto en Siria, 150 periodistas en prisión, 130.000 funcionarios despedidos fulminantemente- hay vidas concretas de personas concretas, como la de Taner, como la vuestra y como la mía.

El inicio del camino para el cambio a mejor empieza cuando uno se toma, como algo personal, la injusticia. Nuestra indiferencia es el mejor aliado de los violadores de derechos humanos. No lo olvidemos.

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Cuatro retos para AMLO y un nuevo México

Partidarios de López Obrador celebran su victoria // AP Photo/Emilio Espejel

1. El drama de la migración

Miles de personas cruzan el denominado Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras) para huir de la violencia y la persecución en sus países de origen. Aunque el foco mediático está al otro lado de la frontera, con la infame política de separación de familias de la administración Trump, la práctica de devolución de personas que lleva a cabo México es igualmente cruel.  

Es cierto que las autoridades estadounidenses deben poner fin tanto a la separación como a la detención de familias cuando llegan a la frontera de Estados Unidos y México para solicitar asilo. Pero México, por su parte, también debe llevar a cabo cambios en su política de devolución de personas, sin tener en cuenta los riesgos para su vida y su seguridad cuando regresan y, en muchos casos, sin aportarles la debida información y violando al hacerlo el derecho internacional e interno. Y es que en 2017 México recibió 14.596 solicitudes de asilo, frente a las 1.296 de 2013, un aumento que se produce fundamentalmente por el incremento de la violencia extrema en los países del Triángulo Norte.

Migrantes en la frontera de México en Tapachula, Chiapas / Sergio Ortiz/ Amnesty International

Migrantes en la frontera de México en Tapachula, Chiapas / Sergio Ortiz/ Amnesty International

“Aquí no nos interesa la vida de ustedes. Aquí hacemos nuestro trabajo que es deportarlos”, cuentan sobre los agentes del Instituto Nacional Migración (INM) algunos de los testimonios recabados por Amnistía Internacional, entre los que se encuentra el caso de Saúl, asesinado tres semanas después de que el INM lo deportara ilegalmente a Honduras.

2. La violencia y las desapariciones forzadas. Nos faltan al menos 37.000 personas

Según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, se desconoce la suerte o el paradero de 37.000 personas en México, aunque la cifra podría ser más alta. El caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos forzosamente la noche del 26 de septiembre de 2014, es, desgraciadamente, es solo un ejemplo de una investigación profundamente defectuosa como las que se llevan a cabo en el país que, más que tratar de encontrar la verdad, lo que parece es que intentan que ésta no salga a la luz. A pesar de la nueva Ley General de Desapariciones Forzadas aprobada en 2017, AMLO tiene un gran reto para acabar con la impunidad que rodea a esta terrible violación de derechos humanos que provoca sufrimiento en miles de familias de los y las desaparecidas y es, fundamentalmente, dotarla de recursos.  

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La reforma del sistema de asilo de Dublín, una oportunidad para unir a las familias y a Europa

Llegada a las costas de un grupo de personas refugiadas / ARIS MESSINIS

El viaje de Alan y Gyan tuvo aún más dificultades de las que normalmente tienen que afrontar las personas refugiadas hasta llegar a territorio europeo. Sujetos a los costados de un caballo, viajaron con su madre, Amsha, su hermana Shilan y su hermano Ivan, primero a Irak, y luego, cruzando las montañas, a Turquía. A final llegaron al litoral occidental turco, donde los contrabandistas los pusieron en un bote inflable rumbo a Grecia. Acabaron en un campo de refugiados instalado en una asilada base militar abandonada, a 80 kilómetros de Atenas.

Su padre y su hermana menor, Rwan, tuvieron que quedarse en Siria hasta que ella acabó la escuela, y luego, cuando la inseguridad se volvió insoportable, se marcharon también, atravesando Turquía y los Balcanes hasta llegar a Alemania.

Los miembros de la familia que habían llegado a Grecia presentaron una solicitud para reunirse con los demás en Alemania con arreglo al sistema de asilo de la UE, conocido como Reglamento de Dublín, pero la respuesta tardaba demasiado. Esperaron meses, soportando las precarias condiciones del campo de refugiados junto con miles de personas refugiadas más.

Además, Ivan estaba fuera del ámbito de aplicación de las normas de reunificación familiar de Dublín. Aunque anhelaba reunir a la familia, dejar en Grecia a Ivan, que era uno de los hermanos que se ocupaban de Alan y Gyan, era impensable para su madre. Hablando con Amsha, nos explicó: “Ivan es mi brazo derecho. ¿Cómo me iba a ir y dejarlo allí?”

Reubicación

Frontera entre Serbia y Hungría / Amnesty International

Frontera entre Serbia y Hungría / Amnesty International

Por suerte para la familia, en 2015 los líderes europeos acordaron un programa de emergencia de dos años para distribuir a las personas refugiadas de Grecia e Italia en otros países de la UE. Por medio de este procedimiento, la familia se reunió por fin en Alemania en marzo de 2017, poniendo fin a una larga separación.

Con la finalización del programa de reubicación en septiembre de 2017, hay poco margen para finales felices como éste ya. Con el Reglamento de Dublín actual, la familia habría tenido que esperar mucho más para reunirse. Probablemente, Ivan habría visto marchar a su familia sin perspectiva alguna de reunirse otra vez con ella.

Un sistema inservible

El sistema de Dublín no cumple su función. Los países de la UE no dejan a las personas solicitantes de asilo detenerse en ellos, las obligan a cruzar fronteras internas y externas de regreso al lugar de donde vienen, burlan las normas relativas a las familias y eluden la obligación de búsqueda y salvamento para evitar acumulaciones de casos de asilo – siendo el ejemplo más reciente de ello el pulso entre Italia y Malta por el barco de salvamento Aquarius, aunque todavía pendientes del desembarco del Lifeline. Las personas solicitantes de asilo se abren camino, de todas formas, hasta otro destino de la UE para reunirse con sus familiares y amigos o simplemente para llegar a un país que les ofrezca mejores oportunidades de apoyo.

Justicia, compasión, eficiencia

El sistema es intrínsecamente disfuncional, con independencia de cuantas personas soliciten asilo. Los requisitos para la obtención de visados, las sanciones a los medios de transporte y otras medidas hacen a quienes buscan protección les resulte imposible viajar legalmente a la UE. Por tanto, la responsabilidad principal recae en los Estados fronterizos de Europa, cuyas fronteras las personas solicitantes de asilo consiguen cruzar o donde son desembarcadas tras ser rescatadas en el mar. Esta distribución desigual de la responsabilidad es el problema estructural del sistema, y ponerle remiendos no arreglará nada.

Este jueves y viernes se reúne el Consejo Europeo para debatir, entre otras cuestiones,  medidas para reforzar el control de las fronteras externas de la UE y reformar el Reglamento de Dublín. Sin embargo, tal y como se ha filtrado en el borrador de las conclusiones, parece que en lugar de intentar abordar la carencias del sistema de Dublín, algunos líderes europeos están intentado, una vez más, recurrir a terceros países para detener el flujo de personas refugiadas y migrantes y, de esta manera, solucionar la crisis política autoinfligida de Europa.

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Cómo la historia de una mujer desencadenó en Irlanda un movimiento por el derecho al aborto

Mujeres celebrando la victoria sobre el aborto en Irlanda // Peter Morrison

El aborto es un servicio de salud rutinario y habitual: uno de cada cuatro embarazos termina con esta intervención. Pero a pesar de ello, hay un enorme silencio en las conversaciones públicas en torno al aborto y las historias de las mujeres y niñas que se han sometido a él.

Los debates nacionales que desencadenan el cambio dependen a menudo de la valentía de una mujer o de una familia que rompe ese silencio, revelando, desde una experiencia personal y desgarradora, las demoledoras consecuencias de limitar el acceso a este servicio de salud vital.

Tomen por ejemplo el caso de Savita Halappanavar, que acudió al servicio de urgencias del Hospital Universitario de Galway, Irlanda, cuando estaba embarazada de su primer hijo, en 2012. Allí le dijeron que iba a tener un aborto espontáneo y que existía el riesgo de infección. Los médicos informaron a Savita y a su familia de que, debido a la legislación, no podían intervenir hasta que su vida corriera peligro, y se negaron a practicarle el aborto que pidió. Como consecuencia de esta denegación de atención médica urgente, Savita murió.

“Fue el fin del mundo”, dijo Praveen, el esposo de Savita, tras la muerte de ésta. “Ella quería vivir, tener bebés [...] Aún no puedo creer que no esté con nosotros. No nos podemos creer que pasaría algo así en el siglo XXI”.

Referendum en Irlanda // Karl Burke

Referendum en Irlanda // Karl Burke

La investigación sobre su muerte concluyó que la restrictiva posición constitucional de Irlanda sobre el aborto había sido un factor coadyuvante. El presidente independiente de la investigación, el profesor Sabaratnam Arulkumaran, confirmó ante una comisión del Parlamento irlandés en octubre de 2017 que, de no haber sido por la posición legal, se le habría practicado la interrupción del embarazo. Añadió: “Nunca habríamos sabido de ella y hoy estaría viva”.

Como era de esperar, a la gente le indignó el carácter totalmente evitable de la trágica y prematura muerte de Savita. Cuando su familia dio a conocer con valentía su historia, ésta ganó enseguida los corazones de la opinión pública irlandesa, contribuyendo así a preparar el camino para el histórico referéndum de Irlanda. Hubo marchas al Parlamento, torrentes de mensajes indignados en las redes sociales y, quizá lo más importante, un ajuste de cuentas tardío en los medios de comunicación irlandeses, donde otras mujeres empezaron a dar a conocer sus propias experiencias a manos de este sistema cruel y anticuado.

Tara Flynn, actriz, humorista y escritora irlandesa, fue una de las primeras mujeres que rompieron el silencio contando públicamente su historia sobre el aborto cuando contó con valentía su historia en un evento para la campaña global de Amnistía Internacional sobre los derechos sexuales y reproductivos Mi Cuerpo Mis Derechos, en 2015.

Estas conversaciones influyeron sin duda en el resultado de la votación. Las encuestas de salida la noche del referéndum mostraron que los factores que más influyeron en el voto fueron las historias personales de mujeres que habían divulgado los medios de comunicación y las experiencias de personas conocidas.

Sin duda, cuando acudió a las urnas, la gente tenía en mente la historia de Savita y las de mujeres como ella. Aunque estas situaciones son extremas, crean el espacio para un debate público más compasivo para todas las personas. Estas conversaciones tienen una importancia fundamental para las mujeres corrientes que lidian cada día con las preguntas urgentes en torno al aborto.

Estos casos dan a conocer a mujeres sobre las que pesan los riesgos y problemas insostenibles asociados a la restrictiva ley y el estigma social que rodea el aborto, lo que las obliga a viajar al extranjero para recibir una atención médica vital, a comprar ilegalmente en Internet medicamentos abortivos y a usarlos sin la debida supervisión médica, o a recurrir a otras formas de aborto peligroso.

La tendencia general es que los países del mundo reformen sus leyes y eliminen los obstáculos administrativos y prácticos para hacer más accesible el aborto sin riesgos. Sin embargo, hay Estados que conservan marcos jurídicos discriminatorios y peligrosos, donde, de nuevo, es la valentía y la desesperación de mujeres concretas las que han abierto un debate público sobre el aborto.

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Cinco razones por las que salir a correr por Yemen

Activistas de Amnistía Internacional realizan un ensayo del recorrido de la carrera / AI

Cólera

Antes de la guerra Yemen ya era el país más pobre de la región. Hoy la situación es desesperada. El conflicto ha dañado los servicios sanitarios y el suministro de agua, llevando al país al borde de la hambruna. La guerra ha traído además consigo enfermedades que el mundo creía erradicadas en el siglo XIX como la difteria o, sobre todo, el cólera: la población yemení se ha vista sometida al brote de cólera de más rápido crecimiento jamás registrado, con más de un millón de personas afectadas, una cuarta parte de los cuales son niños y niñas.

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Cómo #MeToo y #TimesUp están ayudando a las mujeres egipcias a romper el silencio sobre la violencia sexual

Azza Soliman es una abogada y defensora de los derechos de las mujeres que forma parte de la campaña #Valiente de Amnistía Internacional // Rene Clement

Me han detenido e interrogado por hacer mi trabajo: defender a las sobrevivientes de abusos en Egipto.

No hay en Egipto una legislación integral que abarque todas las formas de violencia sexual. Mucha gente cree que la culpa es de la mujer o la niña, no del perpetrador, así que las sobrevivientes se enfrentan a la vergüenza y el estigma.

La falta de claridad sobre qué constituye acoso o agresión ha creado una cultura en la que las mujeres y las niñas tienen miedo de hablar abiertamente. Como en Egipto hay pocas mujeres policía, las sobrevivientes guardan silencio sobre lo que les ha ocurrido: la idea de denunciar acoso o violación ante un policía varón es demasiado intimidante para muchas de ellas.

No obstante, las campañas globales #MeToo y Time’s Up están cambiando poco a poco el modo en que las niñas y las mujeres hablan abiertamente de la violencia en Egipto y están a ayudando a que las mujeres rompan su silencio.

Ver a mujeres de diferentes orígenes, países y posiciones hablar abiertamente ha dado a muchas egipcias valor para compartir poco a poco sus experiencias de manera anónima o dando la cara. Incluso han creado en las redes sociales un equivalente egipcio de #MeToo llamado “Ana Kaman”, “YoTambién” en árabe. En Egipto y otras partes, las mujeres han visto que no están solas y que son fuertes.

No obstante, si queremos conseguir que esté movimiento cambie de verdad las cosas de forma duradera, tenemos que potenciarlo. Tenemos que hacer que a las mujeres les resulte más fácil y más seguro denunciar los casos de violencia sexual. Hacen falta herramientas con que garantizar que se investigan las denuncias de manera imparcial y efectiva y que quienes las hacen están protegidas.

Como abogada y como mujer comprometida con la defensa de los derechos humanos, quiero asegurarme de que las niñas y las mujeres tienen un espacio seguro para hablar abiertamente. Es algo en lo que llevo muchos años trabajando. Lo digo de verdad, no ha sido una lucha fácil, y en mi caso ha tenido consecuencias complicadas.

Los medios de comunicación me han difamado. Han formulado cargos penales contra mí. Me han a cusado de manchar la imagen de Egipto difundiendo “noticias falsas” de acoso sexual y violación. Han publicado mi foto en un periódico afín al gobierno criticando mi estado civil y acusándome de “animar a las mujeres a conocer sus derechos y pedir el divorcio”. En la actualidad tengo prohibido viajar y me han congelado las cuentas, pues estoy acusada de recibir fondos extranjeros que perjudicarán la imagen de Egipto y los intereses nacionales de mi país. Sin embargo, me niego a perder la esperanza, porque hay mucho trabajo que hacer todavía.

Quiero ver más conversaciones sobre cómo combatir el acoso en el trabajo, sobre todo en los trabajos dominados por hombres. Quiero ver los derechos de las mujeres incorporados firmemente en la agenda política. Y quiero ver más mujeres situadas en los puestos de poder que merecen.

Espero que, en adelante, las sobrevivientes de violencia puedan denunciar son seguridad los delitos sabiendo que estarán protegidas por el Estado. Necesitamos también leyes específicas para combatir la violencia en el ámbito familiar en Egipto.

La lucha por potenciar y apoyar a las mujeres y los derechos humanos es larga y cansada, pero me niego a dejar de luchar. Sé que no estoy sola. En algunos de mis peores momentos, me han animado a seguir adelante: a través de la campaña de Amnistía Internacional Escribe por los Derechos, he recibido centenares de cartas de apoyo.

Todas tenemos la misma meta: apoyar a las mujeres y las niñas en Egipto y hacer realidad nuestro sueño de una sociedad justa, igualitaria y sin violencia, así que es muy estimulante ver a las nuevas generaciones tomar la antorcha y encabezar la marcha hacia un futuro mejor. Hay poder en las personas, y con el apoyo de tantas, sé que el cambio es posible.

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La financiación es la cuestión: Del compromiso con El Pacto de Estado contra la Violencia de Género a los Presupuestos Generales

Manifestación en Pamplona, marzo de 2017 // AP Photo/Alvaro Barrientos

Un tema discutido a nivel nacional y europeo con motivo de esta sentencia es si la ley española requiere de modificaciones para ajustarse a lo establecido por el Convenio de Estambul (ratificado por España en 2014). Se trata de una cuestión compleja, que pide un examen técnico, para el cual el Ministro de Justicia, Rafael Catalá, había solicitado una Comisión cuyo cometido fuera estudiar la tipificación de los delitos de violencia sexual dentro del Código Penal. La ausencia absoluta de paridad en la constitución de dicha Comisión General de Codificación, denunciada por eminentes catedráticas de derecho, ha mantenido en suspenso este análisis, mientras se espera que finalmente se incorporen a ella mujeres expertas de forma permanente con las que poder abordar el problema desde una óptica más adecuada. La polémica se ha trasladado también a los debates recientes que la sentencia ha provocado en elParlamento Europeo.

¿Es necesario un cambio de la ley?
Lo que es seguro tras el juicio de “La Manada” es que más allá de posibles modificaciones legislativas, se ha de poner el acento en la capacitación para interpretar la realidad y las leyes vigentes (o futuras) por parte de los profesionales de la judicatura, la abogacía, así como de otros cuerpos de profesionales (personal sanitario, policía, docentes) implicados en la prevención, detección y asistencia de estas violencias. Se ha de educar la mirada para saber interpretar, “leer los hechos”, conforme a una perspectiva de género y de derechos humanos. Algo que claramente ha faltado en esta sentencia, que ha sido incluso criticada por Naciones Unidas, y que de forma estructural afecta a otros muchos casos y situaciones. Basta pensar en los estereotipos de género, los prejuicios y los mitos sobre las violencias sexuales que han alimentado la interpretación que se ha realizado de los acontecimientos sucedidos, así como de la propia conducta de la denunciante durante este juicio.

Manifestación en Madrid contra la sentencia de La Manada // AP Photo/Francisco Seco

Manifestación en Madrid contra la sentencia de La Manada // AP Photo/Francisco Seco

Por tanto, hay que acompañar los debates en torno a las transformaciones legislativas con los reclamos de políticas públicas integrales que incorporen otros aspectos de calado. El Pacto de Estado contra la Violencia de Género que se aprobó en diciembre de 2017 apuntaba en esa dirección. Aunque conviene recordar que,  como señaló Amnistía Internacional, precisamente entre sus carencias estaba la ausencia de una verdadera política pública para combatir la violencia sexual (de la que se adolece en España desde hace ya cuarenta años) y la falta de reconocimiento como víctimas de violencia de género a aquellas personas que hubieran sufrido violencia sexual fuera del ámbito de la pareja o ex pareja (como por ejemplo la víctima de “La Manada”).

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Periodismo bajo asedio

Manifestación contra el asesinato de periodistas en México / Itzel Plascencia López/ Amnistía Internacional México

En su defensa contra los cargos de asociación con grupos terroristas, los periodistas del condenados en Turquía han manifestado que las acusaciones se han basado únicamente en los artículos y entrevistas publicados en su rotativo, el diario más antiguo de Turquía, crítico con el actual gobierno y galardonado por Reporteros sin Fronteras en 2015.

Pero, si cabe, Akin Atalay, el director de la publicación, y Murat Sabuncu, el redactor jefe, podrían considerarse afortunados con sus respectivos seis años y seis meses y siete años de cárcel. Sus homólogos, Ahmet Altan, exredactor del diario Taraf, y su hermano, Mehmet Altan, no tuvieron tanta "suerte": fueron condenados a cadena perpetua (30 años con 23 horas diarias en régimen de incomunicación) por "intentar derrocar el orden constitucional".

El periódico Cumhuriyet ha sido objeto de ataques y sus periodistas detenidos en Turquía / Private

El periódico Cumhuriyet ha sido objeto de ataques y sus periodistas detenidos en Turquía / Private

En Turquía más de 180 medios de comunicación han sido cerrados por el gobierno, mientras más de 100 periodistas permanecen en detención preventiva por acusaciones arbitrarias o por cargos falsos relacionados con el terrorismo.

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Activistas en Turquía: Defender los derechos humanos en un clima de miedo

Celebración de la Trans Pride en Estambul, Turquía, en 2015// AP Photo/Emrah Gurel

La mayoría de las personas LGBTI de Turquía vive hoy con más miedo que nunca”, me dice una activista cuando nos vemos en un café de Estambul un día nublado de febrero. Tiene demasiado miedo para decirme cómo se llama.

“Con la represión de la libertad de expresión, los espacios para que las personas LGBTI sean ellas mismas se están reduciendo. No ven ninguna esperanza, ningún futuro. Muchas de nosotras nos hemos ido a otro país o estamos pensando en hacerlo”.

Este panorama no se parece nada a l a Turquía de hace apenas unos años, cuando las organizaciones LGBTI eran cada vez más visibles y audibles; en el último Orgullo de Estambul, en junio de 2014, decenas de miles de personas desfilaron por las calles en un despliegue de alegre confianza. Pero todo eso es ahora un recuerdo lejano, sobre todo desde la represión desatada tras el intento fallido de golpe de Estado de julio de 2016.

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Diez cosas que las mujeres quieren que Twitter sepa sobre los abusos en Internet

Campaña #ToxicTwitter de Amnistía Internacional

A principios de este mes, Jack Dorsey, presidente de Twitter, hizo un llamamiento público para contribuir a limpiar la plataforma, y dijo “apoyar a las mujeres de todo el mundo para conseguir que se escuchen sus voces”. Amnistía Internacional también quiere que se escuchen las voces de las mujeres y, dado que Jack Dorsey por fin presta atención, aquí van diez cosas que Twitter debería saber.

1. Los abusos en Internet pueden ser terroríficos, y hacen que las mujeres teman por su integridad física.

Laura Bates, fundadora del proyecto Everyday Sexism (Sexismo Cotidiano): “Al principio me costaba no tener miedo por mi seguridad. El impacto psicológico de leer comentarios tan gráficos de alguien sobre violarte y asesinarte no está necesariamente reconocido. Puede pasar que estés en casa, sentada en tu salón, fuera del horario laboral, y de repente alguien te lance una amenaza de violación increíblemente explícita directamente a la palma de la mano.”

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