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A la tercera va la vencida

  • En el nombre de mi abuelo: Mi razón muy personal para un Tratado sobre Comercio de Armas que salve vidas
Campaña Armas Bajo Control. Petición Un millón de rostros. 5 junio 2006. © AI/ Joyce Vlaming

Campaña Armas Bajo Control. Petición Un millón de rostros. 5 junio 2006. © AI/ Joyce Vlaming

Fue un momento especial que nunca olvidaré. Cuando el miércoles 27 de marzo por la mañana caminaba hacia la funcionaria de la ONU que estaba repartiendo copias del texto del Tratado sobre Comercio de Armas (TCA), contuve el aliento mientras me preguntaba cómo se había reflejado finalmente en el tratado el principio de la Regla de Oro “Ni un arma para cometer atrocidades”.

Sabíamos que iba a estar en el tratado de alguna manera, pero fue un momento lleno de intriga. Así que le eché un rápido vistazo a los artículos relativos al preámbulo, al alcance y a la aplicación y me fui rápidamente a leer con detenimiento los artículos 6 y 7 que abarcan la Regla de Oro. Volví a leerlos, por si me había perdido algo. Luego eché un vistazo a las disposiciones sobre presentación de informes, desvío y cómo se podía cambiar el tratado en el futuro. Respiré profundamente y me dije: “Bien hecho, Amnistía, hemos conseguido incluir la Regla de Oro”.

Tras haber trabajado casi 20 años en este tema, me sentí aliviado, pero la batalla no había terminado.

Tengo bonitos recuerdos de este largo proceso, pero uno en especial me vino a la memoria cuando tuve el texto en mis manos. Recordé cuando caminaba sobre el mar helado en el invierno de 2001 al salir de una reunión muy fructífera del Ministerio de Asuntos Exteriores con mi amigo Frank Johansson, Director de AI Finlandia.

Por supuesto, fue Brian Wood, Director del Equipo de Transferencias Militares, de Seguridad y Policiales del Secretariado Internacional de AI, quién hace 20 años acuñó el concepto del TCA, sentado en una pequeña sala con colegas de Saferworld, BASIC y el World Development Movement, y ha sido fundamental para traernos hasta aquí.

Pero creo que un momento clave en esta larga lucha fue cuando Frank consiguió “vender” la idea a Erkki Tuomioja, Ministro de Asuntos Exteriores de Finlandia. Él fue nuestro primer campeón más allá de Costa Rica y quien consiguió el apoyo y la complicidad de otros gobiernos, incluido el de Reino Unido –cuyo apoyo ha sido clave y se consiguió a través de una fuerte campaña y un trabajo sostenido de captación de apoyos por parte de AI y otras organizaciones-, Australia, Japón y otros países, un grupo que se acabó llamando el de los “co-autores”. Ellos, junto a Kenia y Argentina, iniciaron el proceso del TCA en la ONU.

Pero no tenía tiempo que perder. Volví rápidamente a la oficina de AI ante la ONU para reunirme con nuestros expertos técnicos y jurídicos para analizar el texto. Allí lo analizamos exhaustivamente, porque el intríngulis está en los detalles, pero el sentimiento global fue: “Sí, nos gusta”.

Un combatiente del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, grupo rebelde, observa armas capturadas durante combates con el ejército congoleño en Rumangabo. 17 de octubre 2008. © REUTERS/ James Akena

Un combatiente del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, grupo rebelde, observa armas capturadas durante combates con el ejército congoleño en Rumangabo. 17 de octubre 2008. © REUTERS/ James Akena



Por supuesto que podría ser mejor, pero el enorme trabajo realizado por alrededor de 25 lobbistas de AI de todo el mundo durante las últimas dos semanas parece que ha dado sus frutos. Nada de esto podría haberse hecho realidad sin el apoyo de los responsables de campañas, captación de apoyos y medios de comunicación en las capitales, y tampoco sin el de los miembros de AI, incluidos los activistas de los Grupos Locales. De eso estamos seguros.

Aunque el texto definitivo del TCA tiene algunas deficiencias, en Amnistía creemos que incluye normas enérgicas que ayudan a proteger los derechos humanos.

El Artículo 6 incluye prohibiciones enérgicas sobre transferencias que alimentan el genocidio, los crímenes de guerra y los delitos de lesa humanidad, lo que no deja espacio a los Estados para que sigan enviado armas para cometer atrocidades.

También es alentadora la redacción del Artículo 7, que obliga a los Estados a analizar el riesgo manifiesto de violaciones graves de derechos humanos, incluidas las ejecuciones extrajudiciales, la tortura y las desapariciones forzadas, antes de dar luz verde a una solicitud de autorización de transferencia de armas.

Se trata de un gran avance, y esperamos no volver a vernos de nuevo en una situación en la que haya una laguna jurídica, como ocurrió en la mitad de la década de 1990 con el genocidio de Ruanda, cuando Amnistía denunció el flujo de armas que alimentó la matanza, transportado por intermediarios de armas sin escrúpulos, pero existía una laguna jurídica para procesarlos.

Aparte de evitar otras situaciones como la de Ruanda (o las graves violaciones de derechos humanos que hemos denunciado más recientemente como en Guinea, Costa de Marfil, la República Democrática del Congo y otros lugares), yo tengo una razón muy personal para conseguir el TCA, que tal como está ayudará a proteger la vida de otras personas.

En los primeros días de la Guerra Civil española, con 33 años mi abuelo, Javier Estévez militaba en Izquierda Republicana. Fue salvajamente torturado por su primo fascista, una ironía del destino, pues en estas tragedias suele haber siempre un elemento de envidia con rencillas familiares (en este caso, celos porque mi abuelo tenía un pequeño negocio y le iba bien).

Posteriormente, en la mañana del 14 de septiembre de 1936, el primo de mi abuelo le pegó un tiro en la cabeza, justo a la entrada del cementerio del pequeño pueblo en el que vivía, Ponteareas. Mi abuela quedó viuda con cuatro hijos y el estigma de ser la viuda de un “rojo”.

Si el TCA hubiera estado en vigor en aquellos momentos (La Liga de las Naciones intentó algo similar en la década de 1920, pero fracasó), quizá la transferencia de la pistola utilizada para matar de un tiro a mi abuelo no habría sido autorizada, le habrían perdonado la vida y la vida de mi abuela no hubiera sido tan difícil. Estoy seguro de que el TCA ayudará a salvar la vida de otras personas. Así que dedico esto a la memoria de abuelo.

En España no ha habido justicia, verdad y reparación adecuada para las víctimas de la Guerra Civil española y el Franquismo, pero ya sea en Argentina o en España en los próximos años, la justicia prevalecerá. Estoy seguro de eso, y las víctimas, los familiares y los nietos de las víctimas no nos rendiremos.

La prueba del algodón del Tratado sobre Comercio de Armas consistirá en cómo se aplica, pero antes necesitamos que se apruebe en la votación de hoy martes. Se firmará el 3 de junio y necesitamos 50 ratificaciones para una entrada en vigor rápida, que quizá tarde algo más de un año en producirse.

La semana pasada, al igual que en la Conferencia de la ONU de Julio de 2012, se frustraron nuestras esperanzas de ver el texto del tratado adoptado por consenso. Pero se trató solo de un aplazamiento, sabíamos que podía ocurrir y estamos convencidos de que el martes 2 de abril lo conseguiremos, ojalá que con una amplia mayoría. Al menos hemos hecho todo lo que hemos podido.

Desde el viernes hemos escrito correos electrónicos y hemos llamado a diplomáticos para pedirles que copatrocinasen o votasen “sí” a la resolución sobre el Tratado presentada por Kenia a la Asamblea General de la ONU. La resolución se vota el martes alrededor de las 11.00 am hora de Nueva Cork (6 horas más en España). En el momento de escribir este artículo, casi 90 Estados habían copatrocinado la resolución. Estamos convencidos de que esta vez sí va. No lo conseguimos en julio, ni el jueves pasado, pero el martes 2 de abril de 2013 es el día. Como dice el refrán “A la tercera, va la vencida”.

El texto completo en español del Tratado sobre Comercio de Armas está disponible en http://www.un.org/disarmament/ATT/docs/Draft_ATT_text_27_Mar_2013-S-reissued.pdf

Una mujer a través de un agujero de bala en un vehículo, perteneciente a los rebeldes islámicos, y destruído durante los ataques aéreos franceses en el pueblo recientemente liberado de Diabaly (Mali).  24 de enero 2013. © REUTERS / Eric Gaillard

Una mujer a través de un agujero de bala en un vehículo, perteneciente a los rebeldes islámicos, y destruído durante los ataques aéreos franceses en el pueblo recientemente liberado de Diabaly (Mali). 24 de enero 2013. © REUTERS / Eric Gaillard




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