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Hacer volar el emprendimiento a ambos lados del Atlántico

Faasa es la empresa que fundó un reconocido aviador acrobático y que actualmente presta servicios de fumigación, lucha contra incendios y vuelos sanitarios en España y el cono sur de América.

La pasión por la aviación de su fundador se llevó a la práctica empresarial en distintos ámbitos en esta firma cordobesa que también fue pionera en la formación de pilotos y técnicos de aeronaves.

Miguel Ángel Tamarit, actual presidente de la empresa aeronáutica / Foto: Faasa

Miguel Ángel Tamarit, actual presidente de la empresa aeronáutica / Foto: Faasa

En 1966, el veterano aviador Sebastián Almagro ya había sido proclamado dos veces campeón del mundo de acrobacia aérea en vuelo sin motor. Pero fue en ese año cuando quiso aplicar su pasión por el vuelo a su futuro profesional y fundó entonces Fumigación Aérea Andaluza S.A. (Faasa), una empresa familiar dedicada a prestar servicios fitosanitarios a través de su flota de aviones.

Cuando ahora se cumplen 48 años de vida de aquella empresa familiar, Faasa se ha convertido en un grupo empresarial que además de la fumigación y otros servicios fitosanitarios, lleva a cabo labores de extinción de incendios, vuelos sanitarios y desarrolla un programa de formación aeronáutica no sólo en España sino también al otro lado del Atlántico.

"En nuestro orígenes, Faasa se fundó para dar respuesta a la fuerte demanda de servicios fitosanitarios que hay en Andalucía", relata para eldiario andalucia el actual presidente de la compañía, Miguel Ángel Tamarit. Pero ya en los años 90, con su propia flota de aviones, la firma amplió su actividad a todo el estado y fue la primera empresa de España que comenzó a realizar trabajos de extinción de incendios forestales, vigilancia aérea y también evacuaciones sanitarias, introduciendo para ello el uso de helicópteros como novedad en aquél entonces.

"Se convirtió en la única compañía del sector aeronáutico de nuestro país que disponía de dos divisiones: ala fija y helicópteros", que ya entonces sumaban más de una veintena de aeronaves. Pero a esa faceta empresarial, se le añadiría un ámbito más, el de la formación, como muestra del amor del fundador de la empresa por la aviación y como manera de formar a futuros empleados de la propia compañía.

Pretendían "hacer más accesible la formación aeronáutica. Que aquellos jóvenes que tengan aptitudes, no se vean afectados por las posibles limitaciones económicas" para desarrollarse en este sector profesional. Y así, desde 1999 Faasa inició su andadura en el campo de la enseñanza aeronáutica, con la apertura del Centro Andaluz de Enseñanza Aeronáutica (CAENA), primero dirigido únicamente a técnicos en mantenimiento de aeronaves y después, ya en 2003, con la formación también de pilotos.

Apuesta por la internacionalización

Pero el punto de inflexión de Faasa lo marcó su apuesta por traspasar fronteras. "Aventurarnos en la internacionalización de la empresa fue para romper con el estacionamiento de nuestra principal rama de negocio, la extinción de incendios forestales con medios aéreos, cuando finalizaba la campaña durante los meses de alta temperaturas", explica Tamarit. "Se buscó un país del hemisferio sur para poder jugar con el cambio de estacionalidad allí a la inversa que en España".

Y de esa forma, la empresa optimizó recursos y rentabilizaba sus medios a lo largo de todo el año, unos meses en España y otros meses en Chile, donde establecieron en 2005 la base de su compañía en el hemisferio sur. "Chile es un país que además cuenta con una importante masa forestal" que preservar y cuidar de los incendios. Y hoy en día, Faasa se ha convertido allí en la primera empresa del sector en este país.

La internacionalización de la empresa -para la que cuentan que Extenda (la Agencia Andaluza de Promoción Exterior) "siempre ha apoyado a las empresas andaluzas en su andadura"- supuso la consolidación de la firma. "Ante la contracción de los mercados nacionales, la diversificación de la actividad y la búsqueda de mercados complementarios siempre ofrece mayor garantía". Y todo ello apoyado en un esfuerzo personal y profesional para realizar "fuertes inversiones en aeronaves, infraestructuras y la continua formación de nuestros pilotos y técnicos en mantenimiento".

De hecho, esa consolidación hizo posible que en 2007, Faasa inaugurara el mayor centro de mantenimiento de helicópteros del sur de Europa en Palma del Río; que al año siguiente, en 2008, abriera en Chile su centro de mantenimiento de aeronaves que da cobertura a todo el cono sur de Sudamérica; y que en 2010 fuera reconocida su trayectoria internacional con el Premio Alas a la Implantación en el Exterior por parte de la Agencia Andaluza de Promoción Exterior.

Tras 48 años de vida y con sus aviones repartidos en 80 bases a uno y otro lado del Atlántico, lo que fue el sueño empresarial de un aviador acrobático se ha convertido en una gran compañía con una flota de más de 75 aeronaves. Es la segunda empresa del sector aeronáutico por facturación y nivel de empleo.

Y hacia el futuro, quieren seguir volando. Actualmente estudian la implantación en países limítrofes con Chile para seguir optimizando sus recursos, mientras que en España ahondan en la formación de pilotos y técnicos que llegan hasta sus instalaciones desde el territorio nacional y países como Italia, Alemania o Rusia.

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