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Porque escribir es apoyar sus derechos…

Miembros de Fatah y familiares de los presos palestinos liberados esperan la llegada de los reos en el paso de Erez, que separa Israel del norte de la franja de Gaza (Palestina) / EFE, enero 2014

Un fugaz momento en las noticias: "Hamas y la OLP acuerdan su reconciliación, formar gobierno y convocar elecciones. Las inexistentes negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina se rompen, si es que alguna vez no lo estuvieron". Poco más, un destello que no alcanza para recuperar y ni visibilizar la situación de millones de palestinos y mucho menos la de los presos políticos palestinos.

Escribir es apoyar sus derechos… Una frase sencilla pero llena de significado que expresa bien el sentido de la nueva campaña de solidaridad con los derechos de los presos políticos palestinos. Se trata de que cada persona sensible envíe cada mes una carta a un preso concreto, trasmitiéndole aliento y esperanza. Una campaña que pone en marcha la APDHA con la intención de que no se olvide la situación del pueblo palestino y, muy especialmente, la de un colectivo que sufre gravísimas violaciones diarias de sus derechos humanos en las cárceles israelíes: los presos políticos.

Israel no cumplió su compromiso de liberar en marzo pasado al cuarto contingente de presos, sin que ello haya merecido titular alguno en los grandes medios de comunicación. Desde 1967, Palestina sufre la ocupación por parte del Estado de Israel en los territorios de la Cisjordania, de Gaza, del Golán, del Sinaí y de Jerusalén-este. Esta colonización, contraria al Derecho internacional y denunciada por las Naciones Unidas en varias resoluciones, se hace en detrimento de los derechos de los palestinos, que sufren privaciones de todo tipo.

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Los Derechos Humanos como fundamento de un nuevo modelo educativo

EFE

Que los Derechos Humanos sean aplicados y respetados es, en gran parte, una consecuencia directa de la abundancia de personas formadas, honestas y responsables. Es decir, el derecho y la justicia tienen mucho que ver con una buena o adecuada educación.

Los atentados y las burlas contra los Derechos Humanos no son achacables a la escasez de inteligencia, de buenas intenciones particulares o de proyectos en favor de los excluidos. Las grandes dificultades para el cumplimiento y respeto de tales derechos radican en las propias estructuras de nuestras sociedades; mayormente, en las instituciones políticas y económicas al anteponer el interés particular del beneficio o enriquecimiento rápido frente a los intereses vitales de toda la población.

Y ello viene ocurriendo, en buena medida, por el modelo educativo dominante. Éste solapa, más o menos, su ideología, centrada en un individualismo egoísta o insolidario, orientado al desarrollo de la dimensión económica, en torno a la producción y consumo. De aquí que la enseñanza que imparte, priorice y valore sobre todo los aspectos funcionales y técnico-científicos de carácter material, en pos de un éxito competitivo, donde los de cabeza se quedan con la parte del 'león'; y el resto de humanos se han de conformar o pelear por las 'sobras'.

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España, ¿en qué te estás convirtiendo?

Una de la columnas de las Marchas de la Dignidad / Foto: Olga Rodríguez

Sábado, 22 de marzo de 2014. Sobre las tres de la tarde llegamos a Madrid y fuimos a buscar el hostal que mis compañeros habían reservado justo al lado del edificio del Congreso de los Diputados. Al acercarnos, nos encontramos con un grupo de policías que habían cerrado el paso, construyendo con decenas de vallas metálicas una pared, y vimos sus coches antidisturbios aparcados a lo largo de toda la calle. Incluso con la reserva del hostal, nos dijeron que no se podía pasar por allí, y nos mandaron entrar por otro lado. Dando la vuelta a la manzana, llegamos al lado opuesto, a una calle estrecha, y nos encontramos de nuevo con una pared de policías y sus coches antidisturbios. Incluso antes de revisarnos las reservas del hostal y las mochilas, se fijaron en la camiseta que llevaba, una camiseta muy simple, blanca, y con solo un escrito: indignad@s. Un policía, de manera muy amable, me dijo que tenía que quitarme la camiseta y guardármela en mi mochila, o ponerme por encima la chaqueta que llevaba en la mano. Le pregunte: "¿·Qué está pasando?, ¿está prohibido tener escrita la palabra indignad@s? Si ni siquiera estoy diciendo qué es lo que me indigna...". Otro policía nos dijo que estábamos entrando en la zona del Congreso, y de manera muy seria (y ya nada amable) nos repitió la orden. Así que era claro, o me ponía la chaqueta y escondía mi indignación, o no podía pasar. Me tapé, pasamos, y nos fuimos los tres riéndonos por la situación tan increíblemente absurda.

Y exactamente, podemos reirnos por lo ridículo que nos parece. Pero en realidad, si nos ponemos a mirar el fondo del asunto, podemos ver que se trata de un caso de pura censura, nada más, nada menos. Una censura que ya limita totalmente lo que uno dice, piensa, cómo se expresa, o viste. Y no estamos hablando, por supuesto, de mensajes insultantes, sino de una simple palabra, indignad@s. Ahora podemos preguntarnos tranquilamente qué es lo que nos espera con la recientemente aprobada Ley Mordaza, falsamente llamada Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, ya que muchos de sus puntos únicamente tienen que ver, en su peor forma, con la vulneración de la libertad de expresión e información. ¿Qué pasará con nosotr@s la próxima vez que expresemos nuestro desacuerdo y gritemos "¡No a la reforma de la ley del aborto!", "¡Basta de recortes en servicios sociales!", "¡Ni un desahucio más!", o "¡Cierren los CIEs, ya!"?

Dejamos las maletas en el hostal y nos fuimos, ahora con aún más razón, a encontrarnos con al menos un millón de personas más con las que nos reunimos ese día en Madrid para formar parte de una Marcha por la Dignidad.

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Cuando conseguir un tratamiento médico es noticia

Hoy es un buen día. Hoy, Manuel Jesús Trancoso, un hombre de 42 años diagnosticado de coinfección de VIH y hepatopatía crónica, va a comenzar a recibir el tratamiento de Telaprevir prescrito por el especialista del Hospital Virgen del Rocío y que es imprescindible para salvar su vida. Si le resulta extraño que destaquemos como noticia el que una persona acceda a un medicamento que precisa para su curación y cuya administración está normalizada en la sanidad pública seguramente sea porque no sabe cuántas cosas han tenido que pasar desde que el doctor especialista de infecciosos prescribió el tratamiento hasta que hoy Trancoso va a empezar a recibirlo.

Hace más de dos años que a Manuel Jesús se le mandó esta medicación como única terapia posible pero en este caso, por desgracia, no bastó con la prescripción médica. Para que este hombre accediera al tratamiento que precisaba para curarse han sido precisas muchas cosas. Han sido necesarios una serie de informes de seguimiento en consulta del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital demostrando la evolución negativa de su enfermedad por no haber recibido ninguna terapia y advirtiendo del riesgo inminente de desarrollar cirrosis o cáncer, han sido necesarios varios artículos publicados en la prensa escrita -algunos en este periódico- denunciando que la salud de este hombre empeoraba sin que se hiciera nada, han sido necesarios un informe, una queja en el Juzgado denunciando la terrible situación que estaba viviendo esta persona y varios comunicados de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), ha sido necesaria una resolución judicial que establecía que este hombre debía recibir el tratamiento que se le había prescrito, ha sido necesario una pregunta escrita sobre este problema en este caso y otros como el suyo en el Congreso de los Diputados realizada al Gobierno, han sido necesarias dos intervenciones en la sede del Parlamento Andaluz de la consejera de Igualdad Salud y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía, ha sido necesaria una recomendación del Defensor del Pueblo Andaluz solicitando que se le suministre la medicación, ha sido necesaria una queja de la Defensora del Pueblo de España ante Instituciones Penitenciarias y su recomendación de que reciba ya el tratamiento, ha sido necesaria una madre que ha luchado sin parar para conseguir que su hijo reciba el tratamiento que precisaba y ha sido necesario el anuncio de la apertura de una investigación de oficio conjunta entre el Defensor del Pueblo Andaluz y la Defensora del Pueblo Nacional ante la vulneración del derecho a la salud por la restricción de medicamentos de la hepatitis C.

¿Todo esto por qué? ¿Por qué ha sido tan difícil para este hombre acceder al medicamento que precisaba cuando otras personas lo reciben en cuanto que les es prescrito? El único motivo que explica todo esto es que Manuel Jesús Trancoso está ahora mismo preso en la cárcel de Sevilla I y mientras que se aclaraba si era la Junta de Andalucía o Instituciones Penitenciarias quien debía pagar el caro tratamiento, la salud de Manuel iba empeorando día a día. Las restricciones impuestas por los recortes económicos están imposibilitando que las personas presas accedan a un derecho básico como es el de la protección de la salud. Si Trancoso hubiera estado libre, hace dos años que hubiera comenzado a recibir la medicación. Las consecuencias de este retraso son terribles. El no recibir tratamiento ha supuesto la evolución desde fases iniciales hasta alcanzar una fibrosis muy avanzada en estadio cirrótico.

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Frontera de Ceuta-Melilla: es cuestión de Justicia

Inmigrantes subsaharianos en Ceuta / EFE.

No es suficiente con que los responsables del control de la frontera cumplan la ley. No es suficiente con que los transgresores sean sancionados. La vida y la dignidad de las personas migrantes exigen un trato de Justicia que debe estar mas allá de las formalidades legales. El blindaje de fronteras a las personas migrantes cuando dinero y mercancías tienen reconocida una total o casi total libertad de movimientos, no es solo un agravio comparativo sino una grave injusticia.

Cuando una persona, en su largo y penoso itinerario migratorio, llama a las puertas de España o Europa y desde esta parte se le contesta con alambradas coronadas de concertinas, barreras policiales, mafias explotadoras y un mar convertido en foso de muerte, cuando se contesta con rechazo y expulsión, se comete una grave injusticia contra ella.

Nada ha hecho para que sea considerada como criminal indeseable y, sin embargo, así es tratada por los que dicen velar por la soberanía nacional. Es triste contemplar a los que se dicen garantes de esa soberanía abrir puertas a los expoliadores al mismo tiempo que niegan a las personas migrantes hasta el reconocimiento de su dignidad. Se olvida que son sujetos de derechos y de deberes. También se olvida que son portadores de valores y que su falta de reconocimiento los empobrece y empobrece a la sociedad en la que desean convivir. Vienen cargados de razones y envueltos en el amparo que otorga la Declaración Universal de Derechos Humanos pero son reducidos a ser nadie.

El fenómeno migratorio está ahí. No es la hora de la disuasión y el rechazo. Es hora de reparación. Es hora ya de reconocer su carga positiva y asumirlo conduciéndolo hacia resultados de enriquecimiento humano, para los propios migrantes y para la sociedad en que se integren.

Algunas consideraciones pueden ser condición previa a la superación de la actual actitud xenófoba y a la asunción de compromisos y responsabilidades. No se escucha a los responsables de las políticas migratorias, españoles o europeos, manifestar su interés por las causas que fuerzan el fenómeno migratorio y menos por la responsabilidad que puedan tener en las mismas. Señalando causas de la emigración africana, es común desviar la atención hacia motivos endógenos de los propios pueblos de origen. Sin embargo es obligado, en rigurosa autocrítica, que las propias naciones europeas así como la Unión Europea se replanteen qué incidencia han tenido o tienen en la situación actual de los pueblos africanos, desde los tiempos de la colonización hasta los actuales de neocolonización.

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La Renta Básica acaba con la pobreza

Foto: Luis Serrano

Nos encontramos en nuestro país en una clara situación de emergencia social, como lo demuestran los datos económicos conocidos por la EPA del último trimestre del 2013.

Los datos en Andalucía son aún más catastróficos. El paro alcanza ya 1.446.600 personas, lo que sitúa la tasa de desempleo en nuestra comunidad en el 36,32 % de la población (10 puntos por encima de España); cerca de 3,5 millones de andaluces, el 31,68 % (en España es el 27%), viven bajo el umbral de la pobreza. Seis de cada 100 niños andaluces están en situación de extrema pobreza, por lo que la Junta de Andalucía aprobó un decreto para garantizar que los menores cuyas familias están en situación más extrema coman al menos tres veces al día. En nuestra Comunidad, cada día son más frecuentes "las caravanas de la miseria", es decir, grupos de hombres, mujeres, ancianos y niños, que corren hacia los contenedores donde el Supermercado cercano ha arrojado los desperdicios del día, para apoderarse de su ración, así como se multiplican los "rebuscadores de los contenedores" de la vía pública,  los modernos "traperos de antaño".

Frente a la miseria de esta gran mayoría, los ricos son cada vez más ricos. Según el Informe FOESSA de Cáritas, los ingresos medios de las personas más ricas de España son siete veces superiores al nivel medio de ingresos de quienes tienen menos rentas. Y desde el comienzo de la crisis, esta diferencia se ha incrementado en un 30%.  Amancio Ortega, el dueño de Inditex, es la tercera persona más rica del mundo y el número de españoles con más de 1.000 millones de euros ha ascendido de 16 a los 20, a pesar de la grave crisis económica por la que atraviesa el país. Entre ellos, Marta Ortega Mera, la hija de Amancio Ortega, Emilio Botín y Juan Roig, propietario de Mercadona, se sitúan en los primeros puestos.

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Ordenanzas cívicas: ¿de convivencia o de control e invisibilidad de la pobreza?

En los últimos años estamos asistiendo a un viraje hacia la criminalización de las conductas relacionadas con la prostitución voluntaria, que se ha visto en la promulgación de diferentes ordenanzas que los ayuntamientos de muchas ciudades españolas han ido aplicando. En estas ordenanzas, todas ellas llamadas "de convivencia", se prohíbe, entre una amalgama de conductas tales como la mendicidad, la música callejera, o los juegos de pelota (todas ellas de muy dudoso atentando contra la convivencia) el ejercicio del trabajo sexual en las calles multando a trabajadores sexuales y clientes.

Estos modelos jurídicos de abordaje de la prostitución que consisten en la criminalización de las conductas de los trabajadores y las trabajadoras sexuales han venido a dar respuesta, políticamente hablando, a sectores que se movían entre el prohibicionismo y el abolicionismo.

En este sentido se ha entrado en una política algo esquizofrénica, fruto de esta mezcla, pues mientras por un lado se fomentaban leyes de protección contra las víctimas de la trata (y se consideraba que cualquier tipo de prostitución era forzada) –planteamiento abolicionista—por otro lado, multitud de ayuntamientos aprobaban leyes que de hecho prohibían el ejercicio de la prostitución –planteamiento prohibicionista— en la calle.

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Esta Europa ancha y ajena

El escritor peruano Ciro Alegría describía el mundo como un espacio tan vasto que en él se perderían las normalidades cotidianas, los pequeños sueños; un lugar en el que, sin remedio, irían a extraviarse las palabras que surgen de las necesidades elementales de la vida común, tan diminutas ellas, tan mal vestidas, tan vulgares.

Algo de esta imagen nos golpea al contemplar el imponente edificio de Bruselas que alberga la sede del Parlamento Europeo. Como si contemplara con lejanía y frialdad las modestas proporciones humanas de la gente sencilla. Como si en él no pudieran entrar las necesidades de la gente ni aunque se limpiaran los pies y se vistieran ropa de domingo.

No es extraño entonces el desafecto de la ciudadanía. Porque las instituciones europeas se nos aparecen como ajenas a nuestras necesidades y preocupaciones cuando no, directamente, manipuladoras de nuestros derechos. 

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España, de nuevo a la cola de Europa en educación en derechos humanos

El ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert / EFE.

Entre las muchas medidas y disposiciones retrógradas que contiene la LOMCE, más conocida como Ley Wert, aprobada el 28 de noviembre pasado en el Congreso de los Diputados, está la eliminación de la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos del currículo de estudios para primaria y secundaria. Como ha denunciado Amnistía Internacional ante el Consejo de Europa, esta disposición es algo muy grave ya que supone la desaparición de la educación en derechos humanos en España. Significa que los españoles no estudiarán durante su educación obligatoria temas como la igualdad entre hombres y mujeres, la violencia de género, la diversidad afectivo-sexual, la homofobia, el racismo, la pobreza y sus causas…

En las nuevas asignaturas que van a sustituir en parte a la ahora eliminada ("Valores culturales" en primaria y "Valores éticos" en Secundaria, propuestas como alternativas a la clase de religión, es decir, dirigidas sólo a aquellos alumnos que no elijan religión), se han excluido la práctica totalidad de esos contenidos específicos de derechos humanos. Ello supone sin duda un retroceso inaceptable que nos hace volver a una situación como la de anteriores sistemas educativos, cuando los derechos humanos no existían en el currículo. España vuelve así a ponerse a la cola de Europa en esta materia educativa.

Efectivamente esta disposición incluida en la LOMCE nos sitúa a años luz de Europa, donde la mayoría de países sí incluyen en sus currículos educativos contenidos de educación para la ciudadanía democrática y los derechos humanos. Supone además un claro incumplimiento de los acuerdos y recomendaciones internacionales y europeos suscritos por España. Tanto Naciones Unidas, a través del Programa Mundial para la Educación en Derechos Humanos (2005), como el Consejo de Europa a través de la Carta de la Educación para la Ciudadanía Democrática y la Educación en Derechos Humanos (2010), recomiendan a los Estados la introducción de esos contenidos en los currículos educativos de todos los niveles. España había firmado todos estos acuerdos, que ahora incumple.

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Las otras cuestas de enero

Esta historia tiene lugar en el mes de enero. En esa maravillosa época del año llena de buenas intenciones, propósitos de mejora, rebajas, regalos caros e ilusiones baratas. Claro que esa idílica perspectiva no la disfrutan todos.… no al menos la mujer que protagoniza nuestra historia.

Estrella es una madre andaluza de casi 70 años, de pequeña estatura, delgada, alegre y vital, a pesar de la mala vida que le dio su marido hace muchos años, esa mala vida que ninguna mujer debería nunca tener que soportar, y que le dejó alguna que otra secuela física. Pero la sonrisa nunca se borra de su cara porque aquello queda ya muy lejos. Él terminó pagando por sus delitos y salir de aquel calvario hizo que no volviera a perderla nunca más.

Vive en un pequeño piso en un barrio de las afueras de una ciudad del sur. Estrella trabajó toda su vida limpiando casas, verdeando en campos ajenos o haciendo cualquier cosa que le pudiera reportar algo de dinero para mantenerse a ella y su hijo. Ahora, sin trabajo desde hace años, tiene una pensión que no llega a los 300 euros, la mitad de los cuales se le van en pagar una deuda por un incendio que sufrió su casa. Su comida favorita de cada día es una sopa y algo de pasta; y sólo gracias a la ayuda que consigue de un banco de alimentos, de vez en cuando puede permitirse tomar algo diferente. Esos días sí que son fiesta. Con poco más de cien euros al mes, pagar la luz y el agua a veces se le hace muy difícil, por lo que de vez en cuando regresa a aquellas épocas de la niñez en las que las velas iluminaban muchos hogares cuando el sol se apagaba.

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