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Trabajadoras de hogar en Ceuta: sostener la vida desde los márgenes

Trabajadoras de hogar en Ceuta: sostener la vida desde los márgenes

La situación de las trabajadoras de hogar en Ceuta trasciende las dificultades del sector de los cuidados y la precariedad generalizada de las actividades profesionales feminizadas. La mera presencia de la frontera provoca un efecto amplificador de la desigualdad, la desprotección y vulnerabilización de las mujeres que desarrollan esta actividad.

La crisis de los cuidados ha puesto de manifiesto no solo la división sexual del trabajo, también nos ha demostrado que la incorporación de las mujeres al espacio productivo no ha tenido su correspondencia en la participación de los hombres en el ámbito de los hogares. Esta es una realidad para la que el feminismo nos aporta claves fundamentales con las que combatir la desigualdad y la discriminación.

Es en los márgenes donde se encuentran las realidades que definen con más contundencia el modelo neoliberal al que nutre el patriarcado. Las empleadas de hogar y cuidados en Ceuta pertenecen a estos márgenes en los que la desigualdad genera oportunidades de negociación asimétricas, dos partes se benefician, pero de muy desigual manera.

Las trabajadoras sostienen dos hogares en base a su trabajo: uno a cada lado de la frontera. El hogar de origen recibe el sostén económico obtenido a través de un trabajo mejor pagado en Ceuta, y el hogar de destino recibe trabajo de hogar y cuidados a un precio y con unas condiciones y garantías laborales inferiores de lo que legalmente le correspondería a la trabajadora. Apenas un 20% de las trabajadoras tienen contrato laboral y, en la mayoría de los casos, éste no suele reflejar la amplitud real de la jornada de trabajo, como señalamos en nuestro informe Trabajadoras de hogar en Ceuta: La frontera como clave de la precarización de las ocupaciones transfronterizas feminizadas.

La diferencia entre los índices de desarrollo humano entre el territorio español y el marroquí provoca una presión migratoria y económica, que la frontera gestiona y aprovecha en función de los intereses del territorio más poderoso, en este caso Ceuta, es decir, Europa. El régimen “transfronterizo” es aplicable a las personas que, residiendo en la Wilaya de Tetuán, ingresan diariamente en la ciudad autónoma para desarrollar una ocupación laboral y retornar al acabar su jornada. También se permite el acceso a Ceuta, para realizar compras u otras actividades no productivas a cualquier persona residente en la mencionada Wilaya, presentando únicamente el pasaporte.

Esta modalidad de acceso de mano de obra, combinada con el tránsito de mercancías hacia Marruecos que se realiza a través del porteo, genera notables beneficios a empresarios y empleadores que evaden impuestos en sus exportaciones. También reduce el coste de salarios y aplicación de derechos laborales en relación a la población nacional, puesto que a pesar de la precariedad, estas condiciones suponen una mejora con respecto a las oportunidades en Marruecos.

La población marroquí demanda estas ocupaciones en Ceuta de manera preferente, ya que las políticas establecidas por el Gobierno marroquí no han dispuesto alternativas de desarrollo que puedan responder a las necesidades económicas de la población, a pesar de las altas cantidades que el Gobierno recibe anualmente por actuar como gendarme de fronteras de Europa.

En este contexto de falta de alternativas laborales, obtener un empleo en Ceuta realizando trabajo de porteo de mercancías, trabajo sexual o trabajo de hogar y cuidados, constituye para muchas mujeres una importante vía para obtener unos ingresos que, en la mayor parte de los casos, suponen la estrategia principal para el sostenimiento de sus familias.

Los bajos salarios que las trabajadoras están dispuestas a aceptar para obtener un empleo como trabajadora de hogar (aproximadamente oscilan entre un máximo de 400 euros hasta unos 250 euros/mes para jornadas completas) han generado un mercado de los cuidados a precio de saldo. No solo es bajo el salario, las garantías del cumplimiento del acuerdo alcanzado en la negociación son siempre frágiles y en caso de conflicto o vulneración de derechos, las trabajadoras se encuentran desprotegidas y cuestionadas. Estas condiciones tan ventajosas para la parte empleadora han aumentado la demanda y actualmente, según las estimaciones de organizaciones y sindicatos en la zona, unas ocho mil mujeres acceden diariamente a la ciudad para realizar esta actividad.

A la inseguridad y precariedad laborales hemos de añadir el encuentro con la frontera cada día. Ahí las mujeres marroquíes son colocadas bajo sospecha, ya que el control fronterizo desarrolla dinámicas arbitrarias frente a las que no existen muchas herramientas con las que hacer valer sus derechos. La ausencia de contrato, y por tanto de permiso de trabajo,  provoca que tengan que padecer los cortes al tránsito que se practican de forma arbitraria. Sin permiso de trabajo están colocadas bajo sospecha y deben “convencer” de que efectivamente están empleadas para que las dejen pasar. Un conflicto con el control fronterizo puede generar la suspensión temporal del derecho de paso y por tanto la pérdida del empleo.

Es en estos márgenes donde se hace más evidente la acumulación desigual de poder y estatus, describiendo con precisión el encuentro entre dos realidades: mujeres trabajadoras, sostenedoras, racializadas, resistentes y vulnerabilizadas, frente al poder de la autoridad, el capital y la militarización de la frontera. Imposible no identificar quiénes están presentes por y para sostener la vida y quiénes para relegarla y contenerla.

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