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"España no es corrupta en términos generales, pero sufre las consecuencias como si lo fuera"

El sociólogo Xavier Coller, que dirige un grupo de investigación de la UPO, asegura que "Si dos personas creen que una situación es real, aunque no lo sea, será real en sus consecuencias. Eso pasa con la corrupción en España"

"Muchas de esas recientes reacciones contra el relato de la Transición esconden un quítate tú que me voy a poner yo. Hay que pensar, ¿qué has hecho para reclamar el derecho a ponerte?, ¿por qué tú y no este otro?".

"Alrededor del 80% de los parlamentarios está de acuerdo con reformar la Constitución".

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Xavier Coller, es Catedrático de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide.

Xavier Coller, es Catedrático de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide.

Xavier Coller es sociólogo y periodista. Este Catedrático de Sociología es valenciano aunque vive desde hace años en Sevilla, donde investiga e imparte clases en la Universidad Pablo de Olavide (UPO). Coller ha estudiado y enseñado en las mejores universidades del mundo. Entre otras muchas cosas, es el séptimo Catedrático Príncipe de Asturias de Georgetown y director del grupo de investigación Democracia y Autonomías: Sociedad y Política de la UPO. Es, además, uno de los discípulos del recientemente fallecido Juan José Linz, uno de los principales exponentes de la investigación en las Ciencias Sociales españolas.

 A lo largo de todos sus años de investigación ha desmontado muchos de los tópicos sobre la vida política española. La entrevista que concede a eldiario.es/andalucia con motivo de la presentación este viernes en la UPO de su estudio El perfil del poder. Radiografía de los parlamentarios andaluces (2008-2012), se convierte pregunta a pregunta en una lúcida disección de algunos de los prejuicios y estereotipos más consolidados en la opinión pública española y que, según muchos de sus estudios, no se corresponden con la realidad.  

¿Existe verdaderamente esa "desafección política" que tanto espacio ocupa hoy en el debate público? 

Hay mucho rechazo hacia los políticos, que aparecen en todas las encuestas desde el año 2009 como el tercer problema de España. Hay mucha preocupación por quiénes son los que nos están representando. Es decir, a la hora de votar, piensas "voy a votar a una serie de personas que yo no quiero en mis instituciones". Entonces, al final la gente dice: ¿Para qué voy a votar?. Es una desafección hacia el juego político, pero no hacia el régimen democracia. La gente cree en la democracia y sus principios. Sí que hay un distanciamiento de los políticos y la política tal y como se maneja, como se está conduciendo. También hay que decir que, en la última encuesta del CIS, los políticos han pasado de ser el tercer problema al cuarto. No está mal... Han bajado un escalafón.

¿Y es España un país corrupto? 

Esto es la profecía autocumplida, es un concepto que manejamos los sociólogos. Si dos personas creen que una situación es real, aunque no lo sea, será real en sus consecuencias. Eso pasa con la corrupción en España. España no es corrupta, pero sufre las consecuencias como si lo fuera. Los datos lo muestran. Hay corrupción como en todos los países. Hay más corrupción en el litoral, por la burbuja inmobiliaria, la liberalización del suelo, los ayuntamientos, la compra de favores. España no es corrupto en términos generales. Hay corruptelas múltiples, las de baja intensidad, siempre han existido. Ahora bien, en corrupción más grave de saqueo del dinero público estamos por debajo de Francia, al nivel de Italia. 

Desde la esfera política en ocasiones han tildado al 15M y sus distintas manifestaciones y ramificaciones (asambleas, mareas) como un movimiento apolítico, ¿Cómo se marca qué es y qué no es política? 

Son movimientos políticos claramente en la medida en que están preocupados por el bien común. Ellos aportan muchísimas ideas. Otra cosa es que esas ideas sean homogéneas o sean un batiburrillo de buenas intenciones. Son movimientos claramente políticos, pero no alineados con partidos. Están precisamente debatiendo sobre la gestión y el reparto del bien común: ya sea la educación, la sanidad, el agua, o las propias instituciones de representación. 

Entonces, ¿se ha adelantado la ciudadanía a la política?

Totalmente, pero ha sido siempre así: en la Revolución Francesa e incluso el Ayatolá Jomeini. La ciudadanía siempre se adelanta. Pero hay otras cosas que son importantes. La gente está harta, por ejemplo, de la narrativa de la transición, pero yo creo que es un error este hartazgo. Ahora bien, están hartos. Lo acepto. Lo que hay es una brecha generacional. Muchos jóvenes están diciendo: a mí no me cuentes historias. Yo quiero ser protagonista de la historia. Lo que hay en realidad es un intento de superación del Edipo. Ustedes son los padres y los abuelos de lo que tenemos aquí. Ahora me los cargo y yo invento las cosas nuevas. 

Esto es el gran problema que ha tenido España desde el siglo XIX. Aquí cada uno que venía inventaba la rueda de nuevo. Lo seguimos padeciendo. Cada vez que llega un ministro de Educación hay una nueva Ley. ¿Cuál es la gran diferencia respecto a otros países?. En otros países se han mantenido ciertas líneas de continuidad independientemente de los mayores o los jóvenes o los partidos en el Gobierno y ha garantizado que la sociedad pueda prosperar sin grandes sobresaltos.

El mayor período sin sobresaltos ha sido la Transición y cada vez son más las voces críticas respecto a la narración que se ha construído sobre él...

Mucha de esa reacción contra el relato de la Transición esconde un quitáte tú que me voy a poner yo. Que tú ya no me sirves, Víctor Manuel o Ana Belén. Y hay que pensar, ¿Qué has hecho para reclamar el derecho a ponerte?, ¿y por qué tú y no este otro?. Ahí se plantea el dilema de la legitimidad y con qué objetivo se quiere desmontar la narrativa de la Transición.

Si históricamente España no mantiene líneas de continuidad, ¿por qué ese recelo a la reforma de la Constitución? 

Es que es muy díficil reformarla, pero alrededor del 80% de los parlamentarios están de acuerdo con que hay que reformarla. Ese dato es de un estudio nuestro. La Constitución en sí misma generó los mecanismos necesarios para su posible reforma y necesitaría un acuerdo, un consenso muy amplio en el espectro político.

Hay muchos motivos para reformarla. Eso está claro. Hay que mirarlo con detenimiento. Especialmente con el clima de desprestigio de la élite política hoy en día. Podría suponer un escenario de una cierta inestabilidad política. Desde una posición de responsabilidad de Estado, eso hay que medirlo muy bien. En estos momento, con una crisis económica, y sobre todo con el nivel de desatención que tienen unos partidos con otros. 

¿Se gobierna hoy a golpe de decreto? 

Son tics de gobierno. Esperanza Aguirre gobernaba así. Es una forma legítima, pero no conveniente porque hurtas al Parlamento una de sus funciones vitales: debatir y discutir las leyes. Forma parte de la tendencia moderna de la democracia parlamentaria: el ejecutivo quiere tener el poder sobre el legislativo. Ya sea gobernando vía decreto, o presentando proyectos de Ley que respalda su mayoría absoluta, se observa esa tendencia. También se le roba a la ciudadanía la posibilidad de escuchar a sus representantes, ver cómo debaten, cuáles son sus argumentos. 

¿Un partido gobierna para sus votantes o para el conjunto de la ciudadanía?

Eso en Sociología se llama sesgo muestral. Los políticos conocen lo que conocen y lo que conocen es muy concreto. Han sido socializados en una familia muy concreta. Unos y otros, claro. Han ido a una escuela muy particular, han tenido experiencias de vida muy concretas. Conocen eso y desconocen muchísimas cosas. Entonces, cuando ellos gobiernan, lo hacen con el convencimiento de que gobiernan para el conjunto de la sociedad. El problema es que es sólo la sociedad que ellos conocen, no responde a un genérico. No suelen tener experiencias vitales trasversales. Su concepción de la sociedad es muy limitada. 

Según sus estudios, ¿sirve el Senado? Su ineficacia es otra creencia muy extendida en las calles. 

Claro que sirve. Los países unicamerales son muy pocos y pequeños. En un país como el nuestro con la diversidad geográfica, lingüística y cultural que tenemos, lo normal es que haya Senado. ¿El Senado actual cumple? A lo mejor no, pero es cuestión de plantearlo. En Irlanda se hizo un referendum para eliminarlo y al final han votado por su continuidad. 

¿Se podrá llevar a cabo el referendum catalán? 

Cuando se plantea un referendum de estas características hay siempre una batalla. La primera es ¿quién vota? Es decir, quién va a tener el derecho a votar. ¿Votarán los catalanes que viven fuera?, ¿los de padres y madres catalanes, pero que viven en el extranjero?, ¿los que viven en el territorio y no están regulados?. La primera lucha es el censo. La segunda lucha es la pregunta, ¿qué se les va a preguntar?, ¿usted quiere ser independiente: sí o no? Depende de eso pueden salir de una cosa u otra. 

Los expertos son conscientes de esto. Ahí están los grupos nacionalistas que quieren la independencia luchando por la pregunta más simple. Cuando simplificas la realidad, las posturas más radicales son las que ganan. Las que consiguen generar masa crítica son las que ganan. La realidad desafortunadamente tiene muchos matices de grises. No es blanco o negro. La tercera lucha es la de la mayoría. ¿Con cuánto se va a adoptar, con el 51%?, ¿qué haces con el 49% restante?. Ya tienes a una sociedad dividida. ¿Con dos tercios? Empiezas a anticipar esas batallas y el asunto adquiere tal complejidad que muchas personas se preguntan ¿Merece la pena?

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