eldiario.es

9

Hacer frente al miedo infundado

Al escuchar la palabra refugiado, a muchas personas se les viene a la cabeza la imagen de la guerra de Siria y, según la edad, la de aquellos españoles que abandonaron España huyendo de una Guerra Civil o por motivos políticos

Hacer frente al miedo infundado.

Hacer frente al miedo infundado.

El próximo 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, dándonos la oportunidad a quienes trabajamos en este ámbito, de acercar este tema a la población, y de que los medios de comunicación se hagan eco de los problemas existentes para que se conozca mejor la realidad de estas personas y se exija a los gobiernos que tomen medidas.

Además, es fundamental que aprovechemos este día para romper posibles prejuicios y estereotipos basados en el desconocimiento y la desinformación y que sólo generan miedo infundado. Este miedo provoca que a estas personas se les ataque, se les criminalice y sigan aumentando los mensajes xenófobos y discursos de odio. Al escuchar la palabra refugiado, a muchas personas se les viene a la cabeza la imagen de la guerra de Siria y, según la edad, la de aquellos españoles que abandonaron España huyendo de una Guerra Civil o por motivos políticos. Pero este concepto es mucho más amplio de lo que abarca el imaginario colectivo ya que hace referencia a personas que pertenecen a minorías perseguidas en un determinado país como el colectivo LGTBI+, personas albinas, minorías étnicas e incluso, refugiados climáticos. En este último caso la Unión Europea publicó un informe en 2018 que cifraba en 258 millones de personas forzadas a migrar por razones medioambientales. 

Teniendo esto en cuenta, merece la pena preguntarse si la ciudadanía sabe quiénes son las personas refugiadas, si se usa adecuadamente el término o, por el contrario se tiende a generar confusión y a diluir sus especiales circunstancias.

El artículo 1 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, aprobada por la ONU en 1951, explica que refugiado/a es aquella persona que: "debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él.”

Esto ya deja claro que la persona refugiada no lo es por voluntad propia, se ve obligada a huir de su país y corre un grave riesgo si vuelve. Provienen de numerosos lugares que van variando, como no puede ser de otra forma, según las circunstancias concretas  de cada uno y son muy diversas las formas en las que acceden a España. A veces en avión u otras veces mediante peligrosas y largas travesías por varios países que no siempre terminan en la ansiada llegada a Europa.

Los medios de comunicación, pero no sólo ellos, hablan de refugiados/as haciendo un uso del término que difumina sus especiales condiciones cuando su protección queda recogida en el derecho internacional. Al llegar a España estas personas tienen que solicitar protección internacional. La solicitud tarda un tiempo en poder formalizarse y su resolución a veces se hace eterna. Todo esto sin contar con el escaso número de solicitudes que son aprobadas.

Pero ahí no acaba todo. Se encuentran ante un nuevo país, una nueva cultura, costumbres diferentes, otro idioma. Afrontan con miedo e incertidumbre grandes retos y todo ello sin familia ni amigos. Las situaciones que les obligan a huir y las que sufren durante su trayecto migratorio dan lugar a heridas no sólo físicas sino incluso a la muerte. El destino es así de caprichoso, huyen de la muerte y muchos/as la encuentran por el camino.

Ante esta situación, ¿cómo se les recibe?, ¿con los brazos abiertos?, ¿con miedo?, ¿con rabia y enfado porque vienen a quitarnos “lo nuestro”?. Pero, ¿qué es “lo nuestro”?. Lo más importante es que, sea lo que sea lo que llamemos “lo nuestro”, no se soluciona con muros más altos, concertinas, ni represión policial. Como tampoco se soluciona intentando frenar con distintas artimañas el número de personas y organizaciones dispuestas a reducir el número de muertes en el mar. 

Compartir, convivir, hacer posible que todos/as formemos una sociedad rica, diversa, plural, fomentando la inclusión social es la única solución. El Día Mundial de las Personas Refugiadas debería servir para darnos cuenta de que esa solución, si queremos, es más sencilla de lo que pensamos.

 

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha