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Vida y hazañas de Joselito, el de la voz de oro, en cómic

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Néstor Cenizo

Joselito es El Pequeño Ruiseñor, ese personaje infantil asociado para siempre a la postguerra y al franquismo, y mucho más. Joselito es José Jiménez Fernández (Beas de Segura, Jaén, 1943), un hombre que vivió varias vidas en una: nacido en una familia pobre de solemnidad, triunfó siendo un niño y cayó en desgracia cuando dejó de serlo, vivió la revolución cubana en el hotel ocupado por el Che Guevara y Castro, recibió consejo espiritual de Juan XXIII, huyó a Angola a enrolarse en una partida de caza mayor, fue condenado tras un turbio episodio relacionado con las drogas y regentó uno de las discotecas más crápulas de la Ruta del Bakalao.

Como resumen de una vida, no está mal. “No se me ocurre un personaje histórico que me hubiera dado pie a hacer algo parecido”, explica José Pablo García (Málaga, 1982), autor del cómic Las Aventuras de Joselito (Reino de Cordelia, 2015). Su obra es un recorrido por los recovecos de una vida fascinante, trazado con estilos diversos: del manga al TBO, pasando por reminiscencias del polar o el cómic franco-belga.

Anda el autor algo desbordado por el éxito, aunque concede que ya sabía que el tema llamaría la atención. Las andanzas de Joselito son puro material narrativo. Son las aventuras del niño a quienes los mayores no querían ver crecer; del joven que despertó a la madurez abandonado y estafado; del adulto que eligió como destino de huida un país desangrado por una caótica guerra civil, Angola (y fue acusado de mercenario), y que acabó entre rejas por arrojar desde su coche un paquete con cocaína. Aficionado a las armas, la portada de Las Aventuras de Joselito presenta al niño apuntando con una escopeta al lector.

La tentación era agarrarse al tópico: Joselito es un juguete roto. Sin embargo, García aleja el foco del folclore y los estereotipos y trata al personaje con cariño e incluso, admite, con cierta envidia: “Mi principal objetivo ha sido dignificarlo, dar una visión menos rancia, más cosmopolita y universal porque él triunfó en todo el mundo y conoció a las mayores celebridades de la época”. Joselito actuó dos veces en el show de Ed Sullivan, cantó para los guerrilleros del Che, almorzó con Frank Sinatra y Dean Martin y fue admirado por Charles Aznavour. Triunfó en Francia, Israel o Japón, y le salieron imitadores africanos.

“Desde niño lo tenía muy presente, mi madre era fan y tenía sus películas”, explica el autor. Su primera idea fue dibujar una historieta de argumento delirante: Joselito sería la reencarnación de Arthur Rimbaud. Vio la luz cuando encontró una biografía del artista, La jaula del ruiseñor. En 2011 dibujó 20 páginas tratando cada episodio con un estilo y años después un editor oyó, por pura casualidad, que las preparaba para un concurso: “Si no te premian, llámame, que estoy interesado”. Las 20 páginas se convirtieron en 160 y aquella idea en un cómic.

Marisol en La Térmica y Joselito, en cómic

La obra está dividida en capítulos cortos, cada uno de ellos inspirado en un trazo diferente. La marcha de Joselito a Valencia es un manga, hay homenajes a McCay, al protocómic y a la revista femenina Florita, y hasta un capítulo que recuerda vivamente al cine de Jean-Pierre Melville. El encuentro con Juan XXIII es el capítulo que más ha gustado al protagonista y está directamente inspirado en el primer episodio de una serie de Jack Kirby, Nuevos Dioses. “Me hacía gracia dibujar a un Juan XXIII musculado”, dice García.

La aparición del cómic coincide en Málaga con una exposición de fotografías de Marisol en La Térmica. Ambos son iconos de una época y un lugar, la España posterior a la Guerra Civil. La dictadura vio con agrado aquellas historias de lágrima fácil y final feliz, de niños obligados a ser adultos. Aquellos iconos del franquismo quedaron arrinconados después, pero Joselito nunca cantó para el dictador. Para evitarlo sus representantes entregaban dudosos certificados médicos. Hoy siguen emitiéndose programas protagonizados por niños de supuesto talento precoz, pero el autor cree que es imposible que se reproduzca un fenómeno como el de Joselito.

José Pablo García tiene una cuenta en Twitter donde presenta palindrotiras, narraciones palíndromas en viñetas. Hasta ahora le ha sido difícil vivir de la ilustración. La primera edición de su obra, 1.500 ejemplares, se agotó en un par de semanas. Un éxito para el mercado español.

Las Aventuras de Joselito acerca la persona a una generación adaptada al lenguaje de la historieta. Sí, hay algo de posmoderno, pero García no renuncia al público que conoció al personaje y acudirá también a Cine de Barrio, donde el 20 de junio se proyectará Escucha mi Canción, una película que la madre del ilustrador vio doce veces en el cine. Esa generación conoció al personaje, pero Las Aventuras de Joselito presenta la asombrosa vida de Joselito, la persona.

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