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Daniel Ruiz: "Los políticos se han empeñado en construir magníficas novelas negras"

La novela Todo va bien aborda la corrupción y el periodismo después de una complicada noche electoral.

"Hay un problema y es que el discurso 2.0 está imponiendo un tipo de formato de comunicación que favorece la frivolidad, lo ligero, lo rápido", dice el autor.

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Daniel Ruiz

Triunfo electoral y enésima mayoría absoluta. Un consejero ambicioso y corrupto, dispuesto a seguir subiendo en el escalafón en la nueva legislatura, pierde su móvil y su cartera en la borrachera de la victoria con una prostituta. Informaciones muy delicadas, políticas y personales, llegan a las manos de un veterano periodista y de un 'friki' de las redes sociales.  Daniel Ruiz (Sevilla, 1976) ha querido llevar a Todo está bien sus conocimientos como asesor de comunicación, según asegura, sin despegarse demasiado de la realidad.

¿Cualquier parecido con la realidad es pura concidencia?

Es una novela que perfectamente puede ocurrir en la realidad. La historia no es nada descabellada y me atrevería a decir que se queda corta porque el caso de corrupción que denuncia empalidece frente a otros ejemplos cercanos que tenemos. Es muy realista a mi juicio porque todos los tipos que se retratan me los he podido cruzar en algún momento. Casos como el del Pequeño Nicolás, los ERE o la financiación ilegal del PP por el caso Bárcenas, etc. están ahí. Parece que los políticos se han empeñado en construir novelas negras mejor que los propios escritores, porque son magníficas. Como tramas, son extraordinarias, vaya.

¿A qué caso cree que a sus lectores les podría recordar más?

La novela huye premeditadamente de unas determinadas siglas. Ataca a esa polìtica institucionalizada apegada al poder o a la estructura de la administración desde hace muchos años. En este caso puede ser perfectamente la Junta de Andalucía o la Comunidad de Madrid, por ejemplo. Ya no se trata casi ni de política sino de mantener el statuo quo y el poder. Sí que me da la impresión de que los discursos que se han manejado a posteriori de valoración de las elecciones están aquejados de la misma miopía que se plantea en el libro cuando, por ejemplo, ganan la mayoría absoluta y se creen dioses y no han aprendido nada de lo que llevan detrás. Lo he pensado tras las últimas elecciones. ¿Esta gente no ha aprendido nada? ¿Aquí todos ganan? No hay enmienda ninguna ni capacidad de autoanálisis. Llegan a ser estructuras, lobbys, que tienen muy poco que ver con la ideología.

Esa imagen de político corrupto que aborda la novela, ¿opina que es la que tiene realmente la mayor parte de la sociedad?

Yo creo que sí y sé que no le estoy haciendo ningún favor la visión del político. También me tocan mucho las narices los discursos que se quejan del ataque continuo a los políticos porque, aunque he conocido a polìticos de una altura importante, al político que se refleja en la novela te lo encuentras perfectamente. No hace política, hace otra cosa distinta, se mantiene el poder y sus desvelos están orientados, como el de la novela, a conseguir mayor cuota de poder, que es lo único que le interesa.

Ese tipo de persona ambiciosa choca en el libro con gente del lado opuesto de la sociedad, con gente con muchas dificultades para salir adelante por diversas cuestiones ¿Cómo plantea esa relación?

Siempre me ha interesado mucho el tema de los bajos fondos en general, pero quería escribir una novela de ese lumpen por arriba en el sentido de que, a pesar de la dignidad o el dinero, realmente el consejero es un tío enfermo, que vive la enfermedad de la ambición, del poder y de la ansiedad, con unos comportamientos que no tienen nada que envidiar a los del lumpen más bajo. Un tipo alcohólico, cocainómano, putero...

Pero salvo el detalle de la pérdida de su móvil y su cartera, el consejero estaba posicionado como el delfín del presidente para sucederle, ¿no?

Sí, pero está exprimido para provocar una reacción. En todo caso, el comportamiento del personaje no es excesivamente loable en general, porque la relación que tiene con el constructor que le está financiando todos sus lujos, el hecho de llevar una doble vida con su amante, las adjudicaciones ilícitas... No es nadie ejemplar pero esa situación de presión en la que se ve envuelto le lleva a rizar el rizo y a verse contra la pared.

Todo está bien

Imagen de portada del libro 'Todo está bien' (Tusquets)

La novela confronta también a Paco Amería, un periodista de cincuentaytantos, bohemio, enamorado de su oficio y que no soporta al "niñato" (su nuevo jefe en el diario) con la nueva tendencia de las redes sociales, de la tecnología y el nuevo estilo informativo. ¿Con qué modelo se queda?

Me quedaría con Paquito Almería porque es uno de los dibujos más simpáticos de la novela. Al final hay un componente un poco funerario en el sentido de certificar la defunción o la extinción de una especie, que viene de otra época y que no está ni quiere estar en todo ese discurso nuevo de tender a los contenidos 2.0 para ganar visibilidad y posicionamiento. Él confía todavía en las bondades del periodismo como un sacerdocio más que como una profesión porque vive entregado a eso. Ese tipo de periodista ha mermado bastante en las redacciones.

¿Y cómo ve ahora las redacciones?

Ahora mismo hay un desmantelamiento total de Paquitos Almería en beneficio de lo que cuenta, de periodistas de leche, malpagados, dispuestos a ser explotados y dirigidos por directivos de empresa que no son periodistas. Es una de las cosas que ha provocado en parte este drama, que al frente de los grandes medios de comunicación se ha situado gente que no venía de la profesión. Es una forma de gestionar muy distinta. Es lamentable pero el periodista es el elemento más prescindible de la cadena de producción de un periódico. Eso es muy heavy.

Pero al final no se llega a publicar la noticia de Paquito Almería que desvela las corruptelas del consejero.

En principio no, pero el final pretende ser abierto. El final lo tenía claro y quería hacer un chiste. La novela es intensa y concentrada en pocos días, con capítulos muy cortos para que los lectores tengan la necesidad de seguir leyendo, con una tensión dramática muy parecida a la del chiste, terminando con el plancking de Ultramemo al consejero.

¿El despido del periodista de toda la vida es el que le espera a ese perfil de profesionales hoy en día?

Creo que sí. La novela cuenta la historia de dos perros viejos, porque el consejero también es político de la vieja guardia, que no está dispuesto a transigir con el asesoramiento de un nuevo experto en comunicación, que defiende los valores de la vieja política, que considera que lo tiene todo hecho, sin amenazas, con un modo de vida consolidado. Y la historia de Paquito Almería, desde un punto de vista más precario, es la de un periodista que está en retirada. Creo que ese modelo se va a acabar. Ese punto hacia el 2.0 que están haciendo los medios se está produciendo, creo que incluso demasiado tarde en la transformación de contenidos. Hay todavía medios que aún se piensan guardarse una información para sacarla on line y eso los blogs lo tienen muy asumido. Ahí ha habido también una miopía de los medios de comunicacion. Veo muchos palos de ciego y poca previsión.

¿Y qué hay de aquellos que se autodenominan de la nueva politica y los nuevos modelos de comunicación?

Creo que, por ejemplo, Podemos ha sido un ejemplo de cómo montar una estrategia de comunicación netamente 2.0 basado en un tipo que sale en un programa, que se dedica a pelearse con todo lo que se le ponga por delante y que se mueve muy bien en redes sociales. Es un buen modelo, aunque también veo comportamientos que son totalmente de vieja guardia, por ejemplo con la gestión del asunto de Monedero.

¿Tiene más impacto entre la gente un 'tuit', aunque sea un chiste en la novela como el #dothebanana, que una información veraz e importante que denuncie unos hechos corruptos?

Lamentablemente, creo que tiene más fuerza un 'tuit'. Es más, si Paquito Almería hubiera publicado el reportaje, hubiese empalidecido comparado con el #dothebanana y no hubiese pasado absolutamente nada. En general, creo que es así, y que vale más la frase corta de 140 caracteres que cualquier información con cierta densidad. Hay un problema y es que el discurso 2.0 está imponiendo un tipo de formato de comunicación que favorece la frivolidad, lo ligero, lo rápido. En la novela se cuenta así: "hay que hacer titulares descriptivos para que el robot de Google te los coja". Eso es muy heavy pero es que eso se lo que se está imponiendo. Igual pasa con las keywords para que el posicionamiento sea bueno, etc. Es un empobrecimiento del lenguaje, con lo cual el periodista tiene que hacer frente a otro tipo de cosas que antes no tenía ni idea y al final 'San Google' se convierte en un dios. El oficio periodístico se mantiene en la reserva de gente como Paquito Almería que hacen un apostolado de una vieja guardia que ya no está con los tiempos. Mi discurso, lamentablemente, no es muy optimista.

Terminemos con el chiste de la novela pero en tiempo real ¿Con qué personaje de verdad haría Ultramemo un planking potente?

No sé me ocurre... Quería buscar una tendencia 2.0 que fuera lo suficientemente extravagante. Me preocupa que personas de ese perfil, como los youtubers, puedan tener millones de seguidores. Como consultor de comunicación, eso lo destoza todo. ¿Cómo combates eso? Quería también poner eso de relieve, esa frivolidad del discurso 2.0 que puede llevar a elevar a niveles notoriedad cosas que realmente no la tienen. La moraleja pesimista de la novela es un poco eso, que la verdad periodística, la que defiende Paquito Almería, se va al carajo y la que triunfa es el #dothebanana.

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