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La 'kelly coraje': 100 días reclamando sueldos pendientes a un hotel de Jerez

Manuela Vargas lleva acampada delante del hotel Tierras de Jerez desde finales de septiembre para lograr que le paguen los 18.000 euros que todavía están pendientes tras la extinción de su contrato

"No voy a dejar que siga jugando conmigo y con mi familia. Yo estoy mentalmente agotada y lo que me mantiene es la rabia y la dignidad. Los pobres también tenemos derecho a tener dignidad", clama

 "Hemos tenido problemas con uno de nuestros principales proveedores y eso ha provocado que tengamos algunos retrasos en los pagos a esta trabajadora. Eso es verdad, pero ella ha complicado las cosas con su reclamación, sin darnos margen alguno, dicen fuentes de Alojamientos Jerezanos

Manuela Vargas, delante del hotel donde trabajaba.

Manuela Vargas, delante del hotel donde trabajaba.

Lleva casi 100 días acampada frente al hotel Tierras de Jerez, donde trabajaba desde 2003. Allí fue feliz mientras que respetaron sus condiciones de trabajo, pero ahora Manuela Vargas asegura que no ha tenido más remedio que reclamar lo que se le adeuda. "No voy a dejar que me pisoteen", clama.

Allí está de lunes a domingo, haga el tiempo que haga. Desde finales de septiembre ha pasado calor, frío y se ha mojado con la lluvia, pero no piensa rendirse. "Yo quería salir del infierno por el que estaba pasando, que eran casi dos años con impagos de nóminas. Se han llegado a acumular cinco meses y hoy le deben a los compañeros casi siete nóminas. Yo no podía seguir trabajando sin cobrar y le pedí al dueño la extinción del contrato a través del juzgado y la aceptó. Me pidió que se lo dejara pagar en diez plazos, pero con la condición de que si fallaba en uno solo, estaba obligado a pagarme la totalidad de una vez, que eran unos 34.000 euros. Era el 18 de junio y esperé al 15 de julio; ese día no apareció ninguna transferencia bancaria, pero sí el uno de agosto. Pensé que me había pagado tarde, pero que lo había hecho, pero ya se olvidó el 15 de agosto, el 15 de septiembre... y el 27 de septiembre me fui a la puerta del hotel porque yo no podía aguantar más".

"Él quería prolongar esto lo máximo y yo no estoy dispuesta. No voy a dejar que siga jugando conmigo y con mi familia. Estoy mentalmente agotada y lo que me mantienen es la rabia y la dignidad. Los pobres también tenemos derecho a tener dignidad. Estoy peleando por mi dinero, no estoy pidiendo limosna", afirma con lágrimas en los ojos.

Desde entonces la empresa ha ido pagándole algunas cantidades mensualmente, pero no ha cumplido con lo pactado. La gerencia del hotel está en manos de la compañía Alojamientos Jerezanos SL y le sigue debiendo a Manuela unos 18.000 euros. "Para él eso es miseria, pero para mí es mucho dinero".

Los trabajadores del hotel la ven desde la recepción y, según Manuela, "ellos están peor que yo porque siguen trabajando y sin cobrar. Hay tres que están de vacaciones y han tenido que ir al juzgado para conseguir el permiso".

Porque las cosas han cambiado mucho desde que la nueva gerencia se hiciera cargo del hotel. "Cuando entró él en 2016 yo era una privilegiada porque tenía unas buenas condiciones laborales. Con él perdimos todos los derechos. Hasta que él llegó todo iba bien. Si acaso, algún pequeño retraso, como todas las empresas. El hotel va muy bien, pone excusas muy tontas para no pagar y cuando estás dentro y ves que las 54 habitaciones están ocupadas en Feria y cobrando 400 euros por cada una, no te explicas por qué no paga".

Retrasos en los pagos

Este medio se ha puesto en contacto con la gerencia de Alojamientos Jerezanos y ha conseguido su versión de los hechos. "Hemos tenido problemas con uno de nuestros principales proveedores y eso ha provocado que tengamos algunos retrasos en los pagos a esta trabajadora. Eso es verdad, pero ella ha complicado las cosas con su reclamación, sin darnos margen alguno. Le ha hecho mucho daño al hotel apareciendo en los medios de comunicación".

Manuela sólo piensa en cobrar y poder descansar. "Quiero volver a la normalidad, aunque sé que no será fácil. Seré fuerte y podré volver a ser una persona normal. Quiero estar en mi casa, estar con mis hijos, salir a cenar un día... Todo lo que hace una persona normal".

En estos días de Navidad está pasando menos horas delante del hotel, pero sólo será un pequeño paréntesis en su lucha: "Empecé a manifestarme de nueve de la mañana a siete de la tarde, pero viendo que la cosa se está alargando tanto no quiero cansarme porque quiero llegar hasta el final. Me estoy quedando de nueve a cinco y en estos días de Navidad, para estar más tiempo con mi familia, estaré hasta la una. Mi hija viene a pasar las fiestas a casa desde Granada y me da pena no estar con ella".

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