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Los presupuestos de Sopa de Ganso

El flamante consejero de Hacienda de la Junta de Andalucía Juan Bravo aprovechó la presentación de sus presupuestos de la comunidad, las primeras cuentas “no socialistas de la historia de Andalucía” , dijo, y “las más sociales”, para declararse públicamente marxista: "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?".

Es lo que vino a decir, como Groucho Marx en Sopa de Ganso, cuando se negó a aceptar la incontestable verdad de los números, negro sobre blanco, de sus cuentas: En una Andalucía con más de un 20% de paro, el dinero destinado a empleo cae un 15,3%.

Además de marxista Bravo se declaró cristiano. Flanqueado por Santa Justa y Santa Rufina, perdón, los vicepresidentes Elías Bendodo y Juan Marín (no se sabe si por falta de confianza en él o por desconfianza mutua entre el PP y Ciudadanos), el consejero convirtió su atril en púlpito y pidió a los andaluces un "acto de fe": Que nos creamos el milagro de la multiplicación de los panes y los peces de sus presupuestos, en los que una reducción del gasto se convertirá al final en un aumento gracias a la promesa de una gran eficacia y efectividad de su Gobierno. Pondremos menos, pero no dejaremos un euro sin gastar, vino a decir, por lo que al final será más de lo que puso el Gobierno de Susana Díaz y Juan Marín, un ejecutivo de malos gestores que no supo cómo gastar los fondos de que disponía, explicó.

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Donde la ciudad pierde su nombre

Barrio de Los Pajaritos, en Sevilla.

El aire de la ciudad nos hace libres. Al menos, eso predicaba Hegel, a partir de un viejo dicho medieval. Ahora, viendo lo visto en torno a la gestión de algunos municipios, cabría decir que el aire de la ciudad nos hace ricos. Desde luego, ha hecho ricos a menudo a quienes manejan el cotarro del urbanismo, desde las sombras o desde algunos despachos sobrecogedores: por fortuna o aunque no siempre, muchos de los nombres de estas corrientes de pensamiento suelen aparecer más en las páginas de tribunales que en las de política.

De ahí que ciudades como Madrid no sean solo ciudades, sino formidables negocios que se disputan con especial encono aquellos que ven financiación –propia o partidaria—en las urbanizaciones o comisiones generosas en desequilibrar la balanza a favor de una decisión o de su contraria. A veces al ciudadano tendría que darle más miedo un señor trajeado con un plano bajo el brazo que un viejo quinqui de chupa gastada y una de Albacete en el refajo de sus vaqueros.

Este último suele vivir en los suburbios, ya saben, donde la ciudad pierde su nombre, las afueras de Luis Goytisolo, donde viven los golfos de Francisco Umbral y brujulea el Pijoaparte de Juan Marsé, que ya no sabemos si ha votado a Ada Colau o a Vox. Y es que los antiguos cinturones rojos de las grandes urbes van camino de convertirse en la Marsella comunista que dio luz al Front National de Jean Marie Le Pen. Quizá por ese gen neoliberal que no sólo la FAES ha sabido inocular a los nadie, según malicia Iñigo Errejón. En algún momento, la izquierda les prometió cambiar la vida y cambiar la historia, pero no fue posible o no fue probable. Se hubieran conformado con líneas regulares de autobús o con camiones de la basura que no tuvieran que entrar con escolta policial en sus calles más conflictivas. Tampoco lo lograron. Así que esa vieja morralla social como le apodaba la burguesía y a la que los marxistas llamaba lumpen proletariado se ha acantonado hoy en la desidia o en el deseo de convertirse en millonarios ya que la democracia no es capaz de llevar de las musas al teatro su viejo sueño de libertad, igualdad y fraternidad.

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Aceite sin salida

Miles de agricultores protestaron este miércoles ante la "situación de emergencia" en el olivar

Con las calles de Jaén repletas de olivareros que protestan por los bajos precios en origen del aceite, es necesario aportar algunas cifras al debate que aporten perspectiva. Sin dejar de ser cierto que el sector de la gran distribución alimentaria presiona los precios a su favor, o que la irrupción de los intereses financieros (que no agroalimentarios) de grandes fondos de inversión en el sector está generando distorsiones, como denuncia en 7Tv Miguel López, secretario general de Coag en Andalucía, hay un factor determinante que generalmente se calla.

La Comisión Europea acaba de publicar su previsión de producción de aceite de oliva en España para la campaña 2018/19 y la cifra es espectacular: 1.790.000 toneladas, lo que supone un incremento del 42% sobre la campaña pasada. La Comisión prevé además un consumo de aceite de oliva español para este año de 540.000 toneladas, lo que supone un nada despreciable incremento del 15%.

Crecerá gracias, fundamentalmente, a que en los principales países competidores de España las campañas serán todas peores que la anterior. Así, la producción italiana caerá un 59%, en Grecia otro 46%, y en Portugal un 25%. A pesar de ello, otras 570.600 toneladas del aceite producido en España esta campaña, un 52% más que el pasado año, se quedarán sin consumir, y por tanto, habrá que almacenarlas. Podía haber sobrado mucho más, pues, si en el resto de los países se hubiera producido también una gran cosecha.

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De los cuentos de campaña al realismo mágico de los pactos

La campaña electoral ha muerto, cierto, y con ella los cuentos para niños grandes que han sido la propaganda ramplona y los mítines de coloridas banderolas. Pero la narración continúa en la nueva fase de los pactos de gobernabilidad, esta vez con relatos más próximos al realismo mágico. En la novela La casa de los espíritus, la primera obra de la chilena Isabel Allende, el personaje de Clara del Valle deja de hablar a su iracundo marido, Esteban Trueba. El silencio no altera el vínculo entre ellos: le apoya en el trabajo, se preocupa de su bienestar, son un matrimonio. Lo único es que cuando Trueba se dirige a ella, hace como que no le oye, mira para otro lado y recurre para comunicarse a personas interpuestas.

Ciudadanos escogió esta senda estratégica en Andalucía para su Ejecutivo de coalición con el PP y parece que la va a repetir en los escenarios abiertos en un puñado de autonomías y ciudades, donde la extrema derecha participa en la aritmética de Gobierno. Sostiene que no ha negociado ni va a negociar con Vox -la tercera fuerza necesaria para desbancar las listas más votadas de los socialistas-, que nada tiene que discutir con los ultras, y que si recibe sus votos, ellos sabrán. El realismo mágico no pretende presentar la magia como si fuera real, sino presentar la realidad como si fuera mágica. La táctica del escritor es deformar la realidad. Vox les apoya sin nada a cambio, porque sí.

El PP se ha abonado también a esta tendencia literaria que la propia Allende, por cierto, juzga en una entrevista como pasada de moda: "Ya no calza con el tiempo que vivimos". En cada Consejo de Gobierno, Elías Bendodo, portavoz y consejero, nos muestra la realidad con elementos fantásticos y fabulosos. Como, por ejemplo, que los indicadores económicos positivos que se repiten desde hace varios trimestres, incluso años -reducción del paro, récord de exportaciones, o el cumplimiento del déficit-, son fruto del prodigio de eficacia y competencia profesional de su portentoso gabinete, tan sabiamente elegido.

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Desunidos no se puede y unidos, según cómo, tampoco

Arriba Iglesias entre las candidatas a la Comunidad de Madrid, Serra, y a las europeas, Rodríguez Palop. Abajo Carmena y Errejón.

Vale que el PSOE ha superado a las derechas en cómputo total de europeas, municipales y autonómicas y es la locomotora socialdemócrata de Europa. Mayor respiro da que la ultraderecha no logre desbordar el Europarlamento y sea residual en España (gana en Francia, Italia, Reino Unido, Polonia o Hungría). Pero el alivio no eclipsa un enorme fiasco progresistas español: la alternativa política surgida del 15M se ha estrellado en solo una legislatura. Podemos ha pasado de los famosos cinco eurodiputados, con que nació el 25 de mayo de 2014, a los seis de este 26M.

Eso no es ganar uno, ¡sino perder cinco! Porque en las europeas previas, Podemos se presentó solo y La Izquierda Plural (Izquierda Unida+Iniciativa Per Catalunya+Anova+et al) obtuvo seis. Sumados eran once. Ahora, coaligados son seis.

El mayor shock estas elecciones para los españoles de izquierda ha sido la pérdida del Ayuntamiento de Madrid y el frustrado recambio progresista en la comunidad madrileña tras 24 años en manos del PP corrupto de Cristina Cifuentes, Ignacio González, Francisco Granados o Esperanza Aguirre. Que la Ayuso del "concebido no nacido", de la "añoranza de los atascos", "deseo de empleos basura",  "la mujer modelo que vuelve al trabajo horas después de su parto" presida la autonomía con más presupuesto ( ¡20.000 millones de euros este año! ) parece un chiste malo. Lo malo es que es cierto.

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Todo empezó en Andalucía...

Juan Manuel Moreno, presidente de Andalucía

Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo. Todo empezó en Andalucía hace seis meses. Hace medio año el Partido Popular, con el peor resultado de su historia, llegó a un acuerdo pirueta con Ciudadanos por un lado y con Vox por otro para lograr el Gobierno andaluz, que para eso funciona nuestra democracia. Hasta ahí, todo correcto.

La cosa se complica cuando nos quieren hacer creer que Vox  "es un partido como otro cualquiera", como explicaban los de Moreno a quien quisiera escucharlos mientras hablaban de populismos. En el resto de España no eran pocos los que se  echaban las manos a la cabeza por la irrupción de un partido de extrema derecha en una cámara autonómica en la que no creía. Hasta los liberales europeos advertían a Albert Rivera del peligro de acercarse a la extrema derecha porque en Europa hay algunas cosas que las tienen muy claras. Pero lo nuestro debe ser falta de costumbre (o demasiada costumbre quizás después de 40 años de dictadura) porque las advertencias fueron escuchadas a medias. Y tras seis meses sabemos en Andalucía algunas cosas: que Vox es muy hábil a la hora de marcar la agenda política de los partidos gobernantes, que mide con tino sus fuerzas, que no hay que subestimarlos o que no siempre quiere ganar el debate sino sólo embarrarlo.

Aún no sabemos el alcance real que va a tener en las políticas del Gobierno de coalición en la comunidad autónoma. No sabemos las implicaciones que tendrá el hecho de que el PP necesite, de nuevo, de su apoyo para gobernar capitales y otros feudos; si le servirán a los de Francisco Serrano para apretar el paso y la presión sobre uno presupuestos por venir. Aún no sabemos el precio real del acuerdo, aunque ya hayamos visto algunas de sus principales preocupaciones: eliminar las leyes de memoria histórica y reconstruir el relato equidistante franquista de la Guerra Civil y la posguerra; negar la realidad de las mujeres víctimas de violencia de género y de los que trabajan con ellas, o negar la brecha salarial; poner en duda el trabajo de las ONG humanitarias, acusarlas de hacer de autobuses del Mediterráneo o querer apartar los centros para migrantes porque son "origen de enfermedades" (esto es literal); y por supuesto, que todo sea muy español y mucho español. Y cuando más lejos de Andalucía, mejor. Entrar en la autonomía para destruir la autonomía.

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Madrid capital

Estamos en pleamar postelectoral; tendrá que bajar la marea para conclusiones algo más definitivas. Los pactos, las reflexiones y las decisiones sobre gobiernos de todos los cortes pero, sobre todo, del Estado, en el que van a influir los datos de este domingo, configurarán la urdimbre de un análisis más detallado de esta nueva etapa.

Pensaba haber titulado esta columna Barcelona capital, pero los resultados me han dejado con el molde. La victoria de ERC en la ciudad catalana la ha privado de convertirse en el centro político del Estado. Pero tampoco es que pueda considerarse que los resultados digan de manera pacifica que es la capital de la república  catalana; en todo caso, un fiel reflejo de la complejidad de la sociedad catalana.

Pero Madrid es Madrid. Poco ha durado el Madrid Central, habrá que ir a la Casa de Campo el Día del Orgullo Gay; poco ha durado el nietismo, bien criado en los medios capitalinos; poco las músicas y líricas de la izquierda cuqui. Pasqual Maragall escribió hace muchos años que Madrid había renunciado a ser la capital de España para ser la capital de otras cosas. Así parece. No creo que, siendo la capital administrativa, aspire, y de hecho sea, capital de algo más. Madrid no lidera los cambios profundos que necesita el Estado; es más, es su freno. Madrid se ha ido o quedado, si quieren, en su ensimismamiento.

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El doblaje creativo del Gobierno andaluz

A Moreno y a Marín se les hace cada vez más difícil defender a Vox

En el último pleno del Parlamento andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla le dijo a Susana Díaz que la diferencia entre su Gobierno y los de ella radica en que él carece de hipotecas. Se produjo entonces una escena pintoresca, pues mientras el presidente aseguraba volar como un pájaro libre de ataduras, su hipoteca (la bancada de Vox) aplaudía atronadoramente en el extremo del hemiciclo. Este tipo de disociación entre lo que se dice y lo que se ve sólo la ha conseguido mejorar el doblaje de la censura franquista. La anécdota de la versión española de la época de Arco de Triunfo viene muy al pelo: en una de sus secuencias, a la pregunta de "¿es su marido?", Ingrid Bergman negaba con la cabeza al tiempo que se escuchaba un rotundo "sí". Surrealismo puro.

Que el Gobierno autonómico de PP y Ciudadanos tiene una hipoteca con Vox es innegable, por mucho doblaje creativo que los estrategas de San Telmo quieran sobreponer a lo que está a la vista de todos. Para que el armazón no se venga abajo necesitan sus votos, pero hacen como si no, y así van transcurriendo los días, entre intercambios de avisos a navegantes, que ríete tú de la autoridad portuaria, y pirotecnia controlada: efectos visuales sonoros y fumígenos de combustión no explosiva.

Por familia partidaria, Moreno Bonilla pertenece al sector del PP alejado de la carcundia discursiva que marcó la pauta de la campaña de las generales. Sin embargo, su apurada situación le obliga a tirar de espada y batirse en duelo con quienes osan mancillar el honor de sus aliados de extrema derecha. Las paradojas se amontonan. Lo mismo saca un día pecho en plan caballero en la Cámara -"usted los insulta, los insulta", le recriminó enfáticamente a Díaz entre las ovaciones de Vox-, que sostiene con firmeza impostada que no aceptará sus chantajes.

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26M: por una Europa que no haga del Mediterráneo fosa de nuevas 'Anas Frank'

Escoltas de Salvini inmovilizan ante él a un inmigrante que quería hablarle este enero.

Vivimos la semana clave para decidir qué será Europa este domingo 26 de mayo en las elecciones al Europarlamento. Tras las generales del 28A, la atención se ha centrado en lo nacional: constitución hoy del nuevo Congreso de los Diputados, giro del PP tras su batacazo, Ciudadanos sin sorpasso, infructuosa operación Iceta del PSOE al Senado y posibles pactos de Gobierno o apoyo externo del PSOE y Unidas Podemos. Coincidir con municipales y varias autonómicas eclipsa la cita europea. Sin embargo, la cumbre de la extrema derecha neofascista en Milán da la medida de cuánto nos jugamos: evitar volver al autoritarismo violento de hace ochenta años. 

Así de crudo. Y de cierto. Una Europa de élites con puño de hierro oprimiendo al pueblo es lo que planean para todos nosotros el italiano Matteo Salvini (La Liga), la francesa Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional), el holandés Geer Wilders (Partido para la Libertad), Víktor Orban (Unión Cívica Húngara) con los muy ultras Alternativa por Alemania, Verdaderos Finlandeses, Partido del Pueblo Danés, FPÖ austriaco, el polaco Ley y Justicia con Morawiecki, Duda Kaczyński. Y por supuesto, el Vox de Abascal, Ortega-Smith, Espinosa de los Monteros y Monasterio que admiten "el derecho de las mujeres a cortarse uñas y pelo", pero quieren imponerles hasta hijos de violaciones. Con sus 12 diputados claves para la Junta andaluza del PP y Ciudadanos ya intentan crear listas negras de trabajadores que ayudan a mujeres maltratadas para hostigarlos.

Quieren entrar al Europarlamento con fuerza para destruir, desde dentro, la Unión Europea (UE). Como proclama, con descaro, su socio Nigel Farage inventor del Brexit que encabeza las encuestas de Reino Unido. Corredor de Bolsa, como cachorros de élites privilegiadas son todos ellos, de linajes ultraderechistas, franquistas los españoles. Explotadores que, como Trump en EEUU, asesorados por Steve Bannon, aúllan los cantos de sirena de que mejorarán las vidas de los trabajadores, con frases tan sencillas como falsas y mortíferas.

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Bienvenido Míster Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante el acto en Mérida

Las encuestas publicadas este pasado domingo anuncian una victoria en las grandes capitales de los partidos progresistas. En todo caso, suponen un freno a la irrupción prometida de las coaliciones  de las derechas con el auxilio de la extrema derecha a caballo. Edulcorada esta última para no dar más miedo (será que saben que lo dan). O, tal vez, transformada y convertida, lista para estar en la comodidad templada  de los salones capitulares y las moquetas del poder, donde no se ficha. Ni siquiera han asistido, cobardicas, a la cumbre europea convocada por Matteo Salvini, erigido en anfitrión del advenimiento de la extrema derecha en Europa. 

Antonio Domínguez Ortiz, el historiador andaluz, decía que Andalucía era un país de ciudades, Pasqual Maragall decía casi lo mismo pero, en su caso, referido al Estado español. En efecto, las grandes ciudades conforman uno de los esqueletos  importantes de la urdimbre estatal. Se decía hace una legislatura de los ayuntamientos del cambio, ahora, ninguno se puede sustraer. Lo son todos del cambio de ciclo o de su freno. 

Los partidos progresistas gobernarán, dicen las encuestas, las grandes ciudades que articulan el Estado, que es tanto como decir que se suman al cambio. Un gobierno progresista, unas ciudades progresistas, con un horizonte electoral que no se vislumbra hasta dentro de, al menos, tres años, salvo crisis sistémica. Un tiempo suficiente para iniciar una segunda transición. 

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