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La Ley de Agricultura, ¿Palanca de futuro? ¿Otra más?

Se debate en estos días el texto de la que está llamada a ser Ley de Agricultura y Ganadería de Andalucía. Una norma, sin lugar a dudas fundamental si consideramos el alto porcentaje de nuestro territorio dedicado a ganadería y agricultura, si tenemos en cuenta la trascendencia estratégica de nuestro sector primario y, sobre todo, que la norma va a contener gran parte de las reglas que pueden permitir una adecuada salud, un futuro digno de nuestro medio rural, nuestro sustento diario.

Tenemos que considerar, en primera instancia que, como ley, debe tener vocación de mejora de nuestra convivencia, de nuestro progreso a la vez que tener disposición de permanencia. En otras palabras, en Andalucía, una ley de agricultura es una pieza clave de gestión de nuestro hoy, de nuestro mañana.

El proyecto de ley de ganadería y agricultura, por tanto, no puede ser un puñado más de las miles de hojas que cada año componen el BOJA.  Tiene una trascendencia fundamental, no puede ser una norma más con la que el Gobierno engrose el crédito de su gestión. Más leyes no nos hacen mejores, más texto normativo no tiene por qué ser la alfombra de un mejor futuro. Es fundamental, como premisa básica, considerar que emitir una nueva ley supone un cambio para miles, cientos de miles de ciudadanos, y merecen un respeto, sólo si la norma mejora la convivencia es digna de aprobación.

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El poder elegido

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El juez Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, nos ha concedido el derecho a la libertad de expresión en nuestras críticas a las decisiones judiciales;  otra cosa es cómo viene interpretando la libertad de expresión, de manera continuada, el gremio al que pertenece; algo que no parece preocuparle en demasía a pesar del recio chaparrón que sufre la ciudadanía. Sin embargo, ha lamentado que la justicia, el sistema judicial, pueda resultar gravemente comprometido si arrecian las críticas desde los políticos, es decir, desde los representantes de los otros dos poderes, el legislativo y el ejecutivo. Una manera  de entender, en todo caso muy sui generis, la libertad de expresión y la separación de poderes. Restringida a quien más le conviene.

Lesmes y los suyos se han revuelto. No es la primera vez. Su soberbia y arrogancia corporativa no les permite entender el sistema democrático de otra manera. Al menos, ha citado los preceptos constitucionales que fundamentan su ministerio, pero se ha olvidado de aquellos otros, también en la Constitución y  otras leyes que nos afectan, cimientos de  la propia democracia y que de manera insistente, constante diríamos jurisprudencialmente, son interpretados de manera sesgada por su honorable corporación y que corroen el sistema de libertades.

 Desde 1978 , los poderes democráticos electos han tratado de escribir, con mayor o peor  fortuna, la partitura de la democracia que algunas de sus señorías  se empeñan en ignorar o interpretar desafinadamente. En España hay muchos  jueces buenos, justos, capacitados y honestos que han caído en el cesto de una justicia que no experimentó el saneamiento propio de una sociedad democrática sin anclajes en el régimen anterior. Bracean con energía y valentía para repuntar la institución y se nota, pero no basta .

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Caperucita roja y los cinco lobos feroces

Varios centenares de personas, en su mayoría mujeres, se han concentrado en Sevilla

Érase una vez una niña con una pañoleta roja al cuello que caminaba sola por el bosque de la ciudad iluminada bajo luces de fiesta y estrellas de colores. En un momento de la noche se sienta en un banco, y al poco tiempo se le acerca un lobo, después otro, luego lo hace un tercero, al rato llega uno nuevo, y al momento se le aproxima otro lobo más… En total cinco lobos, una manada.

Los cinco se ofrecen a acompañarla para que ningún otro animal pueda atacarla, hasta que en un momento determinado la meten en un portal y se abalanzan sobre ella. Pero unos cazadores que andaban cerca oyeron ruidos y se dirigieron corriendo hasta el portal, y al ver la escena, cuando se dirigían a ayudarle, uno de ellos detuvo al resto y les dijo que no hacía falta que le ayudaran, que "ninguno de los lobos estaba utilizando la fuerza y la intimidación".

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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Si te violan grita fuego

Es imposible leer la sentencia de La Manada sin sentir un profundo estremecimiento de rabia, asco, dolor, mucho miedo. Imposible no verse a una misma atrapada en aquel cubículo y sentir cómo la angustia, la claustrofobia, el pánico suben como el vómito por la garganta. Lo que contienen las 371 páginas del fallo no es una película porno, como argumentó indecentemente la defensa: es una película de terror. Una pesadilla que línea a línea se hace cada vez más insoportable.

Es difícil, imposible leer el relato de hechos probados y entender cómo piensan los jueces que no fue una violación. Cómo pueden dar por bueno que la chica nunca consintió los hechos, que estaba acorralada por cinco hombres, sin capacidad de reacción ni escapatoria, usada como un objeto, humillada, y acabar concluyendo que no tenía motivos para sentirse intimidada. Que no la crean cuando dice que entró en shock de puro pánico. Que no aceptaran las pruebas telefónicas de que La Manada había planeado esta agresión antes de llegar a Pamplona. Imposible comprender cómo puede aplicarse aquí el mismo delito de abuso que al tío que te mete mano en el autobús.

La sentencia es cobarde, porque busca el refugio de un camino que cree intermedio cuando no lo es. Y es machista, porque no entiende nada. Porque tres décadas después del famoso caso de la minifalda, la Justicia sigue sin entender nada.

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Ladrones de belleza

Toda una parábola de la España contemporánea: intentaron que Cristina Cifuentes dimitiera por mangar sabiduría con un master de la señorita Pepis y lo han logrado por un vídeo en el que se le ve trincar dos cremas anti-edad en un Eroski. Se ve que nuestro país tiene en más alta estima la estética que el conocimiento.

La presidenta dimisionaria de Madrid, que se aferra a su escaño quizá por si la Púnica llama a su puerta, aseguraba que era el pago que tenía que asumir por luchar contra la corrupción en la comunidad. ¿Lo estaba haciendo siete años atrás cuando la pillaron los guardias de seguridad y el circuito cerrado del hipermercado? ¿Eran los tarros de Olay evidencias claras de las corruptelas de Esperanza Aguirre o de Ignacio González? ¿Untaría su contenido en las bielas del coche con que su ilustre predecesora huyó de la policía local tras aparcar indebidamente a la falda de un cajero? ¿Los usaría su otro oponente para regalárselos a quien le financiara el dúplex de Guadalmina? Lo mismo llevaban las huellas dactilares de Francisco Granados, aquel prócer que inauguró la cárcel de Estremera y luego vivió en ella como cliente provisional haciendo bueno el dicho que Luis Carandell atribuía a un antiguo padre de la patria: "Soy partidario de invertir más en prisiones que en colegios, porque a la escuela no voy a volver y cualquier día, en cambio, puedo acabar entre rejas".

Quizá la señora Cifuentes alegue a su favor la condición de cleptómana, una rara virtud política que atribuyen a la primera dama del antiguo régimen, Carmen Polo, la señora de Meirás y de Francisco Franco, a la que apodaron La Collares por su afición a hacer simpas en las joyerías. Si permitimos que la Fundación que lleva el nombre del dictador vaya por ahí demandando a quienes quieren cambiar el nombre de las calles que encumbran a sus cómplices, no veo por qué vamos a reprochar que la clase política de hoy siga practicando, como entonces, el robo con escalo, el crimen de cuello blanco.

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Los escombros tapan el bosque en llamas

Ataque fascista contra migrantes afganos en Lesbos (Grecia) el domingo 22.

Recuerdo esa Feria de 1998 en que la becaria de EFE que yo era flipaba con que los cargos de la Junta de Chaves siguieran en el festejo como si el vertido de la balsa minera de Aznalcóllar que amenazaba Doñana no importara. Veinte años después, me pasma más aún que, frente a un derrumbe de mayor peligro, del que somos igualmente conscientes, no se acabe de atisbar una reacción sociopolítica eficaz.

¿En serio que Cifuentes no se va? ¿El PP la va a seguir apoyando con el mismo descaro con el que pasa de puntillas sobre las anotaciones "M. Rajoy" o "María Dolores" de los papeles de Bárcenas? ¿El PSOE continuará negando lo impresentable de los ERE y de que Chaves y Griñán se defiendan alegando ignorancia? ¿PP y PSOE, pilares del bipartidismo en los 40 años de democracia, no se plantean reforma urgente que garantice la independencia del poder judicial para contrarrestar la falta de credibilidad que está en la base de la insumisión del independentismo catalán?

¿Con la gravedad del contexto, la alternativa de los partidos nuevos es, en Ciudadanos, ser muleta del PSOE en Andalucía y del PP en Madrid, aparentar luchar contra la corrupción, sin actuar porque, según las encuestas, les da rédito electoral y, en Podemos, auto-lesionarse a base de conflictos internos por choques de egos?

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Universidad y pensiones: la derrota de lo público

Universidad de Oxford

Mientras en España los dirigentes del PP disimulaban las mentiras de la presidenta de la CAM atacando a la universidad pública y cientos de miles de personas salían a la calle en defensa de una pensión digna, en el Reino Unido se estaba viviendo una huelga sin precedentes en protesta por el deterioro de la universidad pública. Una huelga provocada, precisamente, por el recorte de las pensiones del personal universitario porque se supone que el plan de pensiones de las universidades no es sostenible.

Los salarios universitarios en el Reino Unido, aunque sensiblemente mejores que los españoles, nunca han sido para tirar cohetes, sobre todo en ciudades donde el precio de la vivienda es muy elevado. Además, desde 2009, han sufrido un recorte del 16%.

Aún recuerdo cuando hace veinte años, tras defender mi tesis doctoral, obtuve una plaza en una universidad británica. Mi salario de entonces era solo algo más bajo del que tengo ahora, pero notablemente inferior al que obtenían mis compañeros de doctorado que, en su mayoría, habían optado por continuar su carrera profesional en el sector privado. Todos me consolaban diciendo que lo bueno estaba por venir porque, en realidad, lo mejor del salario de los universitarios británicos era el plan de pensiones. Y tenían razón.

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El ciudadano Chaves, el índice verde y el código rojo

Chaves a la entrada del juzgado de Sevilla donde se juzgan los ERE fraudulentos

El tribunal que juzga el llamado procedimiento específico por el que la Junta de Andalucía concedió ayudas a trabajadores expulsados del mercado laboral y a empresas en crisis determinará en su momento si el sistema era o no legal y si el reparto de 741 millones de euros durante casi una década (2001-2010) fue un fraude. Es la pieza política del caso de los ERE. También tendrá que decidir sobre la inocencia o culpabilidad de los 22 ex altos cargos acusados, entre ellos los ex presidentes andaluces y socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

El "ciudadano Chaves", como lo llamó ayer su ex consejera Carmen Calvo desde la sala de prensa del PSOE, intentó dejar claro este lunes ante el tribunal que lo juzga por prevaricación administrativa que p or supuesto sabía que se estaban concediendo ayudas a los trabajadores afectados por los ERE, como sabía también que se daban becas, pero no cómo se daban porque no entraba en su ámbito de decisión. El otro dato que subrayó es que la estructura de un Gobierno está basado en el principio de la confianza por lo que "siempre" ha partido de que sus consejeros respetaban escrupulosamente la ley.

Chaves no sabía, nunca le advirtieron, no se leía todos los papeles o no fue informado de la firma de convenios internos. "No es dejación de responsabilidad", dijo a preguntas del fiscal, porque en una estructura de Gobierno, explicó, eran otros los que ponían en marcha los procedimientos o los planes una vez acordada una decisión política.

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El resbaladero

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El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo.

En los tiempos de Wert, la portavoz socialista en el Congreso advirtió que la LOMCE nacía con "certificado de defunción”. Toda la oposición, menos UPyD, apéndice gubernamental, se había conjurado en derogar la ley aprobada sin el consenso necesario  en un asunto tan trascedente como la educación. El TC nos ha recordado, con su último fallo, la urgencia de un tal consenso derogatorio, ni más ni menos que se acaban de cargar la aconfesionalidad del Estado y la igualdad entre el hombre y la mujer, al validar preceptos de la ley que abiertamente  combaten  estos  principios constitucionales básicos. Educación, por cierto, en manos de aquellos con principios tales como la titulitis y la falsificación, cuando no el plagio y el nepotismo clientelar. 

El mismo tribunal, sesgado y politizado, que hace unos años nos dejó, puro en La Maestranza mediante, sin constitución territorial, según amplio consenso de muchos constitucionalistas, introduciéndonos en un conflicto al que no se ve solución.

El ministro de Justicia, reprobado por el Congreso, ha salido al trapo del revés alemán a la justicia española. No solo ha provocado una reunión de fiscales en La Haya, a ver que se puede hacer, -recuérdese el Informe Greco sobre la independencia del ministerio fiscal en España-, sino cuestionando la vigencia de uno de los avances políticos más importantes de la construcción europea como es el Espacio Europeo de Justicia. Desde sus proximidades mediáticas se advierte incluso del carácter pronazi del land de Schleswig-Holstein, en cuyo máximo tribunal se ha producido el tal revés, como argumento de peso. Sin reparar en los antecedentes ultraderechistas del ministro portavoz de su gobierno o de los homenajes insistentes a la División Azul, por no extenderme. Ser el mejor discípulo de Merkel no ha servido. En  las cercanías meritorias del gobierno se autoflagelan, no reflexionando sobre el posible error de calificación y diligencia del juez español, sino con la observada insuficiencia de presión política, judicial, mientras claman por la separación de poderes en España. No se ha  convencido, dicen mirando a Dastis,  a los ciudadanos alemanes, a sus intelectuales y columnistas, como si en todas partes, la prensa sinfónica española y las mamelas fueran homologables.

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El caso Cifuentes se come también la semana grande de los ERE

El  caso del falso máster de Cristina Cifuentes se comió con patatas la Convención del PP del fin de semana y se ha comido en buena medida la semana grande del juicio de los ERE, con la declaración del ex presidente andaluz José Antonio Griñán . ¿Quién le hubiera dicho a la jueza Alaya que, ahora que por fin la flecha de su afanosa investigación ha alcanzado la “ cúspide de la pirámide” como ella la describió, la historia iba a pasar tan discretamente por las portadas de los grandes medios nacionales?

Esta ha sido quizá la única vez, en todo este tiempo, que los azares del calendario han jugado a favor de los imputados en el caso. Un pequeño, o no tan pequeño, respiro después de siete años en los que se había convertido en demasiado habitual que las detenciones o los autos más contundentes de la jueza Alaya coincidieran con campañas electorales o con momentos señalados para el PSOE y la Junta, como la flamante toma de posesión del Gobierno de Susana Díaz.

Este miércoles a media tarde, había que dar varias vueltas a la rueda del ratón en las primeras páginas nacionales para encontrar la noticia de la declaración de Griñán. En los principales telediarios, presencia destacada pero sin un gran despliegue. Ha sido la tónica desde que estalló el caso del máster, aunque la tendencia venía ya de antes. El futuro de la presidenta madrileña, la posición de Rajoy, la cambiante posición de Ciudadanos y las nuevas evidencias sobre el caso han copado, junto a Cataluña, las grandes cabeceras españolas, sin importar su línea ideológica.

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