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Las elecciones “con acento andaluz” son mudas

La presidenta de la Junta adelantó las elecciones diciendo que quería el debate centrado en Andalucía, pero su estrategia es aprovechar la inercia ganadora del PSOE estos 36 años, sin autocrítica ni iniciativas de regeneración

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Díaz pide al PP-A que "frene" la campaña "canalla" contra ella y avisa de que la "política del odio" es "mal camino"

Susana Díaz criticando la campaña del PP-A, "canalla" y de "política del odio" Europa Press / Almería

La presidenta da la Junta de Andalucía, Susana Díaz, siempre dijo que disolvía el Parlamento y adelantaba elecciones al 2 de diciembre porque quería que tuvieran “acento andaluz”. Evitar la coincidencia con otras autonómicas, municipales, europea y estatal, para que el debate “se centrara en Andalucía”. Esa metáfora del “acento” –previa a que ella se molestara por la alusión del senador del PP a su “gracejo”-, es cargante hasta para quien, como yo, habla aspirando haches, comiéndose eses finales y prolongando las otras, seseo de Sevilla capital. Acentos aquí hay muchos. 

Nadie como nosotros lo sabe. Como somos conscientes de que nuestra extensa y poblada comunidad (más que la mitad de los 27 miembros de la UE), de ciudadanía sobradamente preparada y trabajadora –en contra del tópico que alimentan las derechas española y catalana-, situación geoestratégica clave –nexo de Europa, África y América-, historia reciente y olvidada de  locomotora económica hasta el XIX es un lugar tan lleno de posibilidades como difícil para realizarse.

El ministro de Exteriores, Josep Borrell, nos radiografió en septiembre al llamar a Gibraltar “tercer territorio del mundo con renta per cápita más alta rodeado de una planicie de subdesarrollo”. Los subdesarrollados, para el PSOE que nos ha gobernado los 36 años democráticos, somos nosotros. Mujeres y hombres, ciudadanos, contribuyentes, votantes.

Gracias a la visión estratégica de la presidenta la votación no coincide con otras y podemos debatir retos y propuestas necesarios. Pero, silencio. No es que ella no hable: en el Senado, entrevistas, actos. Pero no dice nada. Se elude el debate de candidatos. Perfil bajo. El acento andaluz es mudez.

Dudo. Quizá no haya de qué hablar. No veo a masas indignadas en los autobuses, ni plazas. Frente a los años del PP en Valencia o Madrid, hasta parece menor la vergüenza de ver acusados en el juicio ERE a los expresidentes Griñán y Chaves. Y eso que la fiscalía anticorrupción pide fuertes penas de inhabilitación y a Griñán prisión –aunque sabemos que el todopoderoso, el imán de pleitesías, como hoy lo es Díaz, era Chaves-. El mangoneo de estos languidece ante el lucrarse con sobres de los otros, maletines en los armarios de los suegros, bolsos, cochazos y confetis para cumpleaños. ¿Será razonable conformarse con un Gobierno tuerto, en el país de los Gobiernos ciegos?

Me callo. Pero rompe el silencio el clamor soterrado de andaluces sin presente ni futuro: mayores amortizados, jóvenes condenados a la precariedad o a emigrar. Miro del oriente al occidente, extremos almeriense y onubense, más lejos de lo razonable por los kilómetros, cuando se ha podido vertebrar la comunidad.

Al Este, Granada sin tren ¡tres años! y se celebra el reinicio de un servicio limitado. En once buses y veinte coches han venido 700 vecinos de Linares (Jaén)  a entregar en San Telmo 200.000 firmas exigiendo reactivar sectores desmantelados. En Huelva, se acumulan fosfoyesos y se esquilma el agua a Doñana por la rendición total a industria y agricultura, por dañinas que sean, en la comunidad líder en paro. Eso lleva al astillero de Navantia, versión contemporánea del buscar duros antiguos escarbando en la playa. Ahora, el tesoro de la copla carnavalera, son corbetas para que Arabia tire bombas, que los gaditanos saben que no han hecho tirabuzones, nunca, en ninguna parte.

Del Alborán, pasando por Málaga, llegando a la Costa de la Luz, Los Caños, El Palmar, Conil, Barbate, Tarifa, Algeciras se siguen recibiendo muertos de pateras hundidas, 30 años después de que apareciera en Cádiz el primer cadáver de un migrante. Hombres, mujeres y niños que huyen de la muerte en vida en sus países subsaharianos. Y del régimen de Marruecos, socio prioritario andaluz al que la Junta no objeta ni la encarcelación de activistas democráticos del Hirak, ni el acoso judicial-policial a la almeriense Helena Maleno a instancias del Gobierno de Rajoy por avisar de los hundimientos a Salvamento.

Veo al Campo de Gibraltar y la costa malagueña frente al órdago del narcotráfico, la violencia, los sicarios. En Sevilla es un escándalo que no se viva como tal el tener siete de los quince barrios más pobres del país.

Frente al PSOE sanchista del Gobierno central que ofrece medidas a la ciudadanía porque, en la cuerda floja, la necesita –aumento del salario mínimo, fin del impuesto hipotecario, de peajes en autopistas, exhumación de Franco…-, el susanista sabe que ganará las elecciones del 2 -y las que vendrán-, a la chita callando.

 ¿Modelo productivo sottovoce? Turismo echando al extrarradio a los vecinos para que la especulación nos rebañe el alma hasta aniquilarnos. E industria militar: aeronáutica, naval y de bases norteamericanas, como defiende el ultra PP de Pablo Casado.

¿Podría irnos mejor? ¿Debería? ¿Tiene opciones la alternativa? The awnser, my friend, is blowing in the wind. El acento de los andaluces pese al bello himno “… levantaos, pedid tierra y libertad”, hace demasiado que es sellar los labios, callar. El sempiterno gobierno tiene virtudes y defectos. Admitir crítica y disidencia no está entre las primeras.

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