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¡Emprendedores, a emprender!

La Ley de Emprendimiento es uno de los acuerdos del pacto de investidura entre C's y PSOE

Lourdes Lucio

El Parlamento andaluz debate este miércoles el proyecto de ley de Fomento del Emprendimiento, que es la forma que tiene el Gobierno autónomo de decirles a los ciudadanos autónomos que se busquen un trabajo por sí mismos y creen empleo. Para ese fin, utilizan 25 artículos y cinco disposiciones, sin que en ningún momento se hable de establecer unas vías de financiación, más allá de promesas vagas y generales como la de que “fomentará la accesibilidad al crédito y a fórmulas de microcrédito para el desarrollo de iniciativas empresariales”.

La primera vez que alguien habló en Andalucía de la necesidad de emprender fue Felipe González en un mitin en Alcalá de Guadaíra en 2000. La gente iba al mitin esperando oír otra cosa, pero el ex presidente se empeñó en hablar del emprendimiento. Más o menos desde entonces, las palabras emprender, emprendedor, emprendimiento se incorporaron al lenguaje de los socialistas andaluces, más dados a pronunciar en esa época los términos subvencionar, subvencionado y subvencionable.

Diecisiete años después Andalucía, empieza a tramitar en el Parlamento una ley de Emprendimiento que apenas dice nada, más allá de una larga declaración de intenciones un tanto folletinescas. La ley forma parte del pacto firmado por el PSOE y Ciudadanos que le permitió a Susana Díaz ser elegida presidenta de la comunidad. Las organizaciones de autónomos se quejan de la falta de medidas concretas, sobre todo, respecto a la financiación, y reclaman deducciones fiscales.

Izquierda Unida ha presentado una enmienda a la totalidad porque el proyecto “configura un modelo que va en contra de leyes que vinculan la obligación de los Gobiernos a la creación de empleo y el derecho de la ciudadanía al trabajo, no al emprendimiento, que en sí mismo no es un derecho sino una opción”, afirma su coordinador Antonio Maíllo. Desde Podemos, su diputada Carmen Lizárraga, que ha optado por enmendar la ley en comisión, muestra su rechazo a un texto que “cree que el problema del cambio del modelo productivo se resuelve porque a la gente se le ha ocurrido algo en su casa”.

Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, considera positivo apoyar a los emprendedores. “¿Cómo? Con una ley de Autónomos que facilitara su actividad y su compromiso con sus deberes fiscales, así como la posibilidad que estos empresarios tengan para sortear la multitud de restricciones administrativas a las que se enfrentan a diario”.

Según la norma, el asesoramiento a los emprendedores corre a cargo de Andalucía Emprende, Fundación Pública Andaluza. Esta tiene un presupuesto de algo más de 40 millones de euros, pero destina el 80% (32 millones) a pagar las nóminas de su casi millar de empleados. Apenas 800.000 euros van a la realización de actividades.

A día de hoy el recorrido de un emprendedor, sea persona física (autónomo) o jurídica (empresa), es agotador. Los empleados de Andalucía Emprende son los que asesoran, pero los que dan el visto bueno a la financiación están en otras ventanillas, en la Agencia Idea, en Soprea o en Invercaria. Estas empresas están siendo investigadas en los juzgados y la realidad es que desde el estallido del caso de los ERE los funcionarios se resisten a conceder autorizaciones de fondos de financiación ante el temor de acabar enredados en el laberíntico mundo judicial.

Promete la Junta de Andalucía en sus papeles que el plazo para conceder un préstamo reembolsable es de tres meses, aunque el hecho cierto es que se alarga a un año y además en condiciones más caras que en los canales tradicionales. No se habla en la ley del desarrollo de la iniciativa privada en la financiación o de fórmulas como el crowfunding o crowlending (préstamo).

Es la principal laguna oceánica de una ley a la que le sobra rimbombancia y redundancia. Se habla de dar servicios de iniciativas de intraemprendimiento, de implantar un programa andaluz de formación para emprender, de microprogramas rurales para emprender, de establecer por decreto el estatuto de la persona emprendedora rural, de premiar a las personas emprendedoras y de elaborar un plan general de emprendimiento. Entre tanta farfolla, no es de extrañar que la ley contemple crear un portal del emprendimiento para que los emprendedores no acaben agotados y sepultados antes de empezar. ¡Ánimo emprendedores, a emprender!

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