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Un Gobierno aseado

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El PSOE aprovecha su llegada al Gobierno para lanzar una campaña de afiliación

El PSOE aprovecha su llegada al Gobierno para lanzar una campaña de afiliación EFE

"Por toda España se ha venido difundiendo en estos últimos meses la terrible amenaza... Esa mentalidad catastrófica... Que se satisface contando los días que faltan para que sobrevenga un cataclismo nacional". Manuel Chaves Nogales, el periodista sevillano (¿para cuándo la  vuelta a casa?) se refería a los enemigos de la República. Pero viene al hilo: son los de siempre.

No pasó nada entonces -luego sí-, los andaluces sembraron sus tierras; como ahora, la Bolsa no se hundió, ni la prima de riesgo, ni las inversiones, ni Europa nos dio la espalda. Una mayoría parlamentaria asumió su responsabilidad y removió del poder a un gobierno instalado en la charca ponzoñosa  de la corrupción. Y otros, una minoría, siguieron, a pesar de todo, apostando por ellos, por un gobierno y un partido que no podía seguir.

Sánchez ha ganado y su victoria no puede ser más legítima. De origen, la que le da la  Constitución y una mayoría de escaños derivada del ejercicio del sufragio. Por otra, la mayoría de ciudadanos del Estado representada en el Congreso. Y ha formado Gobierno.

Cuando era chico, había una asignatura que era Urbanidad. Una idea difusa: ser educado, respetuoso, tener buenos modales, ir aseadito al cole y poco más. Ni más ni menos, señorías. Frente a la chabacanería de barrio o de club de golf, de barra mollatosa, este Gobierno es aseado, bien formado, reflejo de nuestra sociedad. Vistoso y quizá contradictorio, pero es otra cosa. 

Sánchez ha ocupado el centro, ese espacio disputado por todos, y se ha dotado de dos alas: la izquierda, mayoritaria, femenina; y la derecha, menor, pero con  competencias potentes y suficientes  a sus fines, como para dar maque, si procede. Así, ha achicado el espacio, sobre todo a la derecha, invitando, de camino, a la izquierda a ocupar un lugar moderado o tirarse al monte. 

El presidente, según cómo le vaya, - demoscópicamente ya le va bien, pero no se fíe, presidente, de las encuestas, y de la hojana de los que las encargan y las cocinan, menos- , resbalará por una pendiente u otra.

La idea es inteligente, aunque arriesgada. Y, de momento,  decepcionante para la izquierda más impaciente. 

Cuando Aznar se ofreció para liderar un nuevo centro derecha no había mirado bien el mapa; no le queda sitio, lo suyo, vendría bien, sería encabezar la derecha extrema que ha aflorado en estos tiempos de nacional-populismo, y hasta de neofranquismo indisimulado. Ya no hay sitio, solo para los extremos de Aznar o una derecha ilustrada a la que lleva esperando una parte de la sociedad española desde décadas. 

El  Gobierno tiene sus flancos débiles, que han aparecido de inmediato. Pero, verán, prefiero un juez extremo haciendo política vestido de político que a ese mismo juez haciendo política, vestido con toga, en sus sentencias y resoluciones. Habrá que observar, y mucho. Sobran jueces patrióticos, como policías patrióticas, como sobreactuación patriótica; medios de comunicación incluidos, de los que, recordando de nuevo a Chaves Nogales, ansían la catástrofe para seguir viviendo de ella.

Y hablando de catástrofe, la que da de comer político a los depredadores del entendimiento, Cataluña. Con buenos modales, la ministra Batet ya está demostrando visión y responsabilidad. Y profecía, el federalismo está en la solución. 

Sánchez no puede gobernar con su programa, 84 escaños no se lo permiten. Mejor despejarlo pronto; pero sí puede concitar mayorías éticas o cívicas, ya comprobadas, para acabar con la pérdida acelerada de calidad democrática, en general. Pero también con los estragos causados por el Gobierno de Rajoy tanto en la reputación de las instituciones democráticas como, a través de sus políticas, en las clases más necesitadas y del pueblo en general. 

El Gobierno ha sido una maquinaria de aniquilamiento de los mecanismos constitucionales, entre ellos, los parlamentarios, recientemente y en el tiempo en que estuvo en funciones; han despreciado el juego político, invocando escenarios fantasmagóricos y dejándose llevar por la corriente de los beneficios del entorno europeo y la bonanza mundial. Y todo ello, adornado de chulería, léase fiscal en primer lugar, y de matonismo, convirtiendo algunas de las instituciones y departamentos ministeriales en nido de matones, dirigidos por matones del viejo régimen. 

Sánchez lo tiene difícil pero no le pedimos mucho. Recuperar el prestigio de las instituciones democráticas, el diálogo, el encuentro, recuperar la palabra, ilusionar, no robar. En definitiva, una cierta idea de urbanidad democrática. De ahí vendrá su legitimidad de ejercicio. 

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