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Guiño seductor del populista

Es raro encontrar a un populista que se presente a los ciudadanos como tal: “Aquí estoy yo, dispuesto a simplificar la realidad, dividir el mundo en dos bandos, buenos y malos, y colocarnos, a vosotros y a mí, en el apropiado para llegar al poder y aferrarme a él”.

Pero populistas, haberlos haylos. A veces triunfan. Sobre todo en épocas convulsas. Y para lograrlo usan una fórmula tan vieja como efectiva: seducir diciendo lo que quien escucha quiere oír.

A menudo nos preguntamos cómo pueblos cultos, juiciosos, prefirieron a un populista. “¿Cómo los alemanes votaron a Hitler?” Ocurre porque hay una mala coyuntura, paro alto, angustia. Y porque el demagogo aplica su estrategia de gran seductor, ese guiño cómplice que parece significar:

- Tienes razón. Los políticos nos han engañado. Son todos iguales, corruptos, ladrones. Mereces algo mejor. Yo. Ellos han creado el problema. Nosotros lo arreglaremos en dos patadas. “Patadas”, sí, que la violencia verbal -cuánto menos- está justificada por lo que han hecho estos trápalas.

El populista parte de una base real. De un desprestigio del sistema parlamentario que se han trabajado gran parte de quienes han ocupado cargos en partidos e instituciones -gobiernos desde supranacionales a locales, monarquía, responsables del poder judicial...-. Un desprestigio que se manifiesta en las encuestas del CIS, según las cuales los políticos son el tercer problema de los españoles (tras el paro y la economía y seguido de la corrupción). Una desafección que estudianpublicaciones como Las promesas políticas, del sociólogo y ex ministro José María Maravall.

Además no ofrece complejos programas sino una “solución final”: que alguien no político y por eso “limpio” pase la fregona. Con estas credenciales acaba de lograr, en las elecciones italianas, resultados espectaculares el cómico Beppe Grillo. Su partido, el “Cinco estrellas”, se ha convertido en el más votado.

Beppe Grillo / Foto: Flickr Giovanni Flavia

Beppe Grillo / Foto: Flickr Giovanni Flavia

Cierto que la victoria en el embrollado panorama resultante -donde lo más claro es el descalabro del tecnócrata Monti, impuesto por Bruselas- se concede al líder centro izquierdista Bersani y el segundo puesto a un renacido Berlusconi -otro que, como se sabe, ha gobernado con la integridad connatural del político no profesional. Pero ambos concurrían en coaliciones de izquierda y derecha. Mientras que Grillo (que entró en política en 2007 al crear el “Vaffancullo day” dedicado a los representantes públicos) se presentaba solo. Y ha triunfado con una campaña vía mítines y redes sociales al grito de: “¡Rendíos! Os tenemos rodeados”. Cabe entender que la exclamación de ecos militares -golpistas- va dirigida a “los políticos” entre los que él no se cuenta. Lo que me recuerda la célebre frase del dictador Franco de  “Haced como yo, no os metáis en política”.

El partido de Grillo -que ya gobierna en Parma- cuenta con bases y electores justamente indignados. Pero atentos pues veo en el populismo un peligro análogo al del maltrato. Y es que si bien la sociedad execra la violencia doméstica, muchas mujeres inteligentes la padecen. El maltratador, claro, no se delata el primer día de flirteo. Por contra, sonríe, embauca con su mirada y, sobre todo, tiene habilidad para, a partir de la observación, decir lo que se necesita escuchar. Lo malo viene luego y, para entonces, el dominador ha logrado inocular a su víctima el sentimiento de que le necesita. Por eso cuesta lograr separarse -si es que no hay que esperar a la muerte de uno de los dos.

De modo equivalente es difícil hallar quien defienda las bondades de un régimen populista. Pero no es “un sistema abominable” el que se presenta a la sociedad como alternativa a la crítica situación económica, social y política, sino éste o aquel señor que ya nos está guiñando de modo seductor.

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