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Morenos y pragmáticos

Rivera critica que se especule con la fecha de las elecciones y llama a abrir una nueva etapa

EFE

Regresamos a las ciudades morenos y pragmáticos mientras otros congéneres de piel tostada mueren en furgonetas con sus ilusiones. La maquinaria de propaganda del gobierno, el supuesto repunte de los parámetros económicos españoles, la frustración por la peripecia griega alimentan el repunte del bipartidismo y en particular del PP.

Oigo voces burguesas: "Los extremismos no son buenos", "La mayor prosperidad nos ha venido siempre de la centralidad", "El mejor escenario sería el de un pacto PSOE y Ciudadanos". A los votantes del PP aún les da apuro manifestarlo. La Gürtel y la Púnica están demasiado frescas, pero todo se andará de aquí a final de año.

Antes de las elecciones generales, el 27 septiembre, están convocadas las catalanas. Felipe González salta a la palestra con una carta abierta en pro de la unidad de España que, como no puede ser de otra manera, agradece Rajoy por boca de su vicepresidenta. Será insolación mía por la playa, pero la actitud de González -tan enfrentado a los "gobiernos de las izquierdas populistas latinoamericanas"-, me recuerda a la de Papá Fidel arengando al pueblo vía Granma, sobre qué pensar y hacer: el independentismo catalán es neo-nacismo, queridos niños; la neo-dictadura financiera internacional un imponderable del destino al que resignarnos.

Podemos se desinfla y aunque la pérdida de impulso es leve -2,5 puntos frente a los 8 que pierde el partido de Albert Rivera- basta para que dude votarle esa masa que corteja Íñigo Errejón, con mimo, la que apuesta a caballo ganador.

¿Afrontamos otros cuatro años de gobierno de derecha? ¿O de "Gran coalición", como en Alemania o Austria? Esta parece la disyuntiva de cara a los comicios nacionales. Un verano ha bastado para pasar de la ilusión por el cambio al pragmatismo conservador.

El sueño del pragmatismo produce monstruos. Si Goya viviera, podría pintarnos tumbados en la toalla, lagartos, adormeciéndonos con el mantra "Virgencita, que nos quedemos como estamos", mientras en la frontera se hacinan, asfixian, naufragan, saltan vallas quienes huyen del hambre y esas guerras con que nosotros prometimos cambiarles dictadores por democracias.

¿Este edificio sobre el andamio del caos es el que queremos conservar? ¿Creemos no ya justo sino factible seguir apostando por un capitalismo que cada vez restringe más los focos de prosperidad? ¡Ya no es Europa la Tierra prometida, sino Alemania, Reino Unido, Suecia los destinos que desean igual afganos, sirios y nigerianos que españoles, griegos y portugueses!

Al volver a la ciudad me sorprende, como cada septiembre, el raquítico árbol cuajado de granadas madurando, en el patio de una casa en ruinas, abandonada. Su fertilidad es vana. Engorda y enrojece deliciosos frutos para que caigan y revienten. Casi molesta porque las bolas, hermosas en la copa, en el suelo se pudren y apestan. Pero la vida no ceja. Obstinada, ocupa el espacio tras la cancela y excede la linde, salta a la acera, rueda a la calzada, entra al patio de la vivienda aneja. Hay realidades que no merecen conservarse. Que es imperativo cambiar.

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