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Sindicatos a la defensiva

La trama de los ERE se acerca a los 200 acusados tras 3 años de investigación

La trama de los ERE se acerca a los 200 acusados tras 3 años de investigación

O los sindicatos reaccionan, o se los van a comer por los pies. Y no sólo se los va a comer la derecha, sino también mucha gente de izquierdas, como la que esta semana se ha sentido defraudada, dolida y enfadada con la manera en la que han respondido a las denuncias sobre su gestión de subvenciones públicas y su papel en el fraude de los ERE.

Defraudados ante la clamorosa evidencia de que se han hecho mal muchas cosas con el dinero recibido de las administraciones. Dolidos porque su actitud a la defensiva, su obstinado oscurantismo, su empeño en matar al mensajero, sólo ayuda a los que, en efecto, están empeñados en una implacable campaña de desprestigio en su contra. Enfadados porque, con todo lo que ha llovido ya en España y Andalucía en materia de corrupción, parece que no han aprendido nada.

Es verdad, la jueza Alaya no necesitaba montar un circo de detenciones de unos dirigentes que probablemente hubieran ido voluntariamente a declarar al juzgado. Sí, nada indica que haya existido lucro personal, como ha dicho la propia Guardia Civil. Y sí, es injusto que muchos medios crucifiquen a UGT y CCOO mientras olvidan que el que está en la cárcel es el ex presidente de la CEOE, que Rajoy sigue sin responder por el escándalo Bárcenas o que dirigentes del PP como el alcalde de Jaén admiten el cobro de sobresueldos sin que pase nada.

Pero los sindicatos se equivocan de plano si creen que basta con decir que todo es mentira. Que nada es lo que parece. Que la derecha, los jueces, la prensa les tienen manía. UGT no puede convocar una estrambótica rueda de prensa y asegurar –con una fantasmal auditoría en la mano- que la gestión ha sido impecable, justo a la misma hora en la que la presidenta de la Junta anuncia que ya se han recuperado los primeros 25.000 euros gastados indebidamente por la organización. No pueden reunir a sus delegados a las puertas de los juzgados para increpar a la jueza Alaya y esperar la simpatía de la opinión pública. Ni siquiera de los más críticos con la manera de actuar de la magistrada.

Si insisten en esta estrategia, se van a encontrar solos. Susana Díaz ya ha dejado claro que en materia de corrupción no va a dejar pasar ni una a nadie. Ni siquiera a sus hermanos ugetistas. Y hay cada vez más ciudadanos, de todas las ideologías, dispuestos a creer que los partidos políticos, los sindicatos, hasta las ONG, son poco más que un nido de mangantes.

Gentes de izquierdas que públicamente siguen defendiendo, a capa y espada, el papel indispensable de las organizaciones sindicales, pero que íntimamente se sienten cada vez más incómodas al hacerlo. Que necesitan, que exigen, un cambio de rumbo. Una nueva forma de sindicalismo más independiente de las ayudas públicas, más pegado a la realidad, más flexible, transparente, moderno, con otro lenguaje.

Personas que esta semana se han sentido indignadas al escuchar al ministro Montoro decir que los salarios están creciendo, o a la vicepresidenta llamar estafadores, sin prueba alguna, a medio millón de parados. Y que necesitan que haya enfrente unas organizaciones sindicales fuertes, sin complejos ni muertos en el armario, que les paren los pies en seco.

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