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Ruido de banderas

Las elecciones andaluzas corren el riesgo, y con él nuestro futuro, de ser un entremés entre la gran función catalana y las elecciones generales

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Pablo Casado posa con la bandera de España sobre el capó de un coche.

Pablo Casado posa con la bandera de España sobre el capó de un coche.

La presidenta del gobierno de Andalucía, Susana Díaz, convocará en breve elecciones. En Madrid creen que son clave para el devenir político español. Se sabía, se intuía, y  por eso se aprestan desde tiempo los ejércitos electorales  para la gran contienda. Ya han aparecido por aquí abajo los líderes de más arriba. Han venido, sin embargo, a hablar de lo suyo, de sus cuentas para el asalto al poder, para medir apoyos en sus cuitas orgánicas, de Catalunya sobre todo. De cómo queden dependerá su futuro, que no es ni el futuro de España ni mucho menos el futuro de Andalucía.

Así les va bien. De momento, la estrategia es trasladar a Andalucía el conflicto, su conflicto, ese que tanto réditos  les da en España, con punto de ignición en Catalunya. Catalunya, Catalunya, agitación de banderas, patria amenazada; no por Andalucía  precisamente, pero da igual. Aquí como allí se trata del que la tenga más grande, la bandera. Viven de eso, del conflicto. Y ahora lo traen a Andalucía como único argumento, como la manera de no mostrar proyecto alguno para esta parte del Estado. Les va bien, nacieron y respiran con eso, pero no deja de ser una tremenda falta de respeto a los andaluces.

No vienen a rendir cuentas del tiempo que han estado gobernando en España, dándole la espalda, cuando no trabando en trampas eternas, a los problemas andaluces; no vienen a rendir cuentas de una legislatura apoyando al Gobierno andaluz  sin que no hayamos aprobado ni el ingreso en su academia de aprender a pescar. No,  no hemos aprendido a pescar. No se rinden cuentas aquí tampoco de una legislatura baldía. Agitar banderas, y responder con otra más grande desde aquí es la política, peligrosa, de los mediocres; la mejor manera de no hacer nada, de esconder sus incapacidades en solucionar los problemas de los andaluces.

El miedo es que lo consigan.

Desayunaba en mi taberna  de siempre. Unos jubilados discutían acaloradamente sobre Puigdemont y su lío. Mientras, en la pantalla del televisor miles de jubilados vascos partiéndose la cara por su futuro, que es el nuestro. Ese es el panorama. Lo están consiguiendo. Las elecciones andaluzas corren el riesgo, y con él nuestro futuro, de ser un entremés entre la gran función catalana y las elecciones generales. Lo de siempre.

Todo empieza en alguna parte pero no es Andalucía

Ya han estado por aquí, pero de lo de aquí nada. Ninguno de ellos, ni los ministros,   con los pescadores de Barbate, con los afectados almerienses y onubenses por el mapa de radioactividad de España, con los campogibraltareños y el Brexit. Y sin escuchar a Serrat, que sí,  que el corredor mediterráneo empieza aquí, que el camino es de Algeciras a Estambul y no al revés. No. A pesar de la poesía, para ellos todo empieza en alguna parte y quizá termine, un día, en Andalucía.

Banderas, banderas. Las nuestras, las del 4D o el 28F, no iban contra nadie; eran para unirnos en nuestras esperanzas. Que no nos traigan conflictos. Si viven de él que se queden con él, lo nuestro es otra cosa.

Banderas mientras este país lo que necesita son banderillas, pero negras: al paro sobre todo, el mayor del Estado. Pero también a la inercia, al amorcillamiento institucional tras décadas de autogobierno solo en el papel. Los empresarios andaluces dicen que  la incertidumbre de la fecha electoral afecta a las inversiones. ¿A qué inversiones y de quién? Preocupa la estabilidad del  BOJA, pero eso no es autogobierno.

Las elecciones andaluzas, me temo, van a estar acompañadas del frufrú textil de las banderas y con él, el de las batas de cola; ensordecedor ruido folclórico del voto andaluz, otra vez mercancía electoral para lo que pase en otras partes, donde se deciden nuestros intereses sin nosotros. Para eso, no necesitamos autogobierno.

Cuando queríamos autogobierno de primera nos mandaron a Lauren Postigo. Han pasado muchos años y ahora, después de tanto sacrificio y confianza otorgada, parece como que emergiera con fuerza,  resucitara, la figura de Marujita Díaz. Qué bien se lo hubiera pasado la trianera y qué dinerito hubiera sacado paseando su bata, con lo que le gustaba un bolo, con su imperecedero "Banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda..." o "Soldadito español, soldadito valiente". Quién nos lo iba a decir, lo que te vas a perder, Marujita.

Por encima, la mirada exótica de los madriles. Nos tienen seguro (somos solo eso) como exóticos, raros, universales e indiscutibles jugadores titulares del número doce de España. ¡¡¡Que vivan las caenas !!!

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