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De indecentes, zombis y rengos

Rivera decía en Andalucía que no investiría a Susana Díaz, sin la dimisión de Chaves y Griñán, por imputados. Ahora se sienta sin escrúpulos con el presidente de un partido imputado hasta los tuétanos.

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, en la tribuna de oradores del Congreso. /EFE

EFE

Espantá es como pringá, como no se pronuncien así, no suenan. Es lo que hizo Rajoy ante el Rey, dar la espantá, es decir, se produjo por el presidente en funciones, un desistimiento súbito, ocasionado por el miedo. No fue vergüenza torera, no, como diría mi abuela, el aspirante mostró más miedo que vergüenza. Porque si la hubiera tenido, no habría ido ni a ponerse ante el Rey. Si fuera torero, habría sido acompañado al cuartelillo, por orden de la autoridad, por la Guardia civil, por compañeros del agente y señoría Delgado, sentado hoy, no en su coche patrulla, sino en el gallinero del Congreso. Qué tiempos.

El paladín de la responsabilidad y la estabilidad, dicen ahora, primero, detiene el tiempo de investidura, es decir, impide que el calendario corra para que tengamos gobierno, demostrando, de camino las lagunas de la Constitución; en segundo lugar, rodeado de la inmundicia de sus corrupciones y como máximo representante de un partido, por primera vez en la historia de la democracia, imputado , pone al jefe de estado en la tesitura de proponerlo. Seguramente, un presidente de la república, quiero pensar, le hubiera sugerido un paso atrás. Pero bueno, ¿y tu familia? le hubiera contestado el impasible gallego.

Insiste en la indecencia, un rasgo que define a los faltos de honestidad. Una indecencia que no es privativa de la derecha, tiene que ver con la ética, estética y con las estructuras profundas del poder, y su mantenimiento, compartido en estas décadas, dicen algunos que maravillosas, con lo peorcito de la derecha y del socialismo. Solo así se puede explicar la estrategia de aproximación a la derecha indecente por parte de muchos dirigentes socialistas, capitaneados por González. El socialismo no sólo tiene un problema de división interna , tiene otro de división externa, es decir, no rompe con la evolución regresista de su derviches giróvagos, de puerta en puerta giratoria, ya no girando sobre si mismo para mantener privilegios, sino girando descaradamente hacia el statu quo para seguir en lo mismo.

Cuando escribo estas líneas me he desayunado con el erre que erre de los derviches, al parecer, no acaban de enterarse que el comité federal socialista, que supongo que seguirá mandando, le ha dicho a González que no hay indulto, ni para el toro de la corrupción, ni oportunidades para Rajoy, como Platanito de la derecha.

Claro, seguimos con la decencia, mal avenida con las ansias de poder. Rivera decía en Andalucía que no investiría a Susana Díaz, sin la dimisión de Chaves y Griñán, por imputados. Ahora se sienta sin escrúpulos con el presidente de un partido imputado hasta los tuétanos. Merecedor de alojarse, dicen los jueces, en el artículo 570 bis del Código penal, como organización criminal organizada, y en el artículo 22 de la Constitución, como sostiene el constitucionalista Pérez Royo, como asociación ilegal.

De imputados, de indecentes a zombis. Los muertos del pasado, poderosos en el presente, giran y giran sin que sepamos qué pócima mágica, qué brujería los pone en funcionamiento. No sé si se saldrán con la suya, si España vivirá una larga noche de los muertos vivientes, vividores del régimen diría.

A todo esto, a falta de responsabilidad, quizá la mayor responsabilidad sería unas nuevas elecciones, seguimos con un gobierno en funciones, es decir, con un gobierno rengo o cojo. Un gobierno que sabe que no va a seguir pero que actúa como si su reino no fuera de este mundo. Y con unas señorías igualmente cojas. Muchas de ellas saben que no seguirán, que unas elecciones, si se producen, los hace particularmente renquear, porque no van a repetir, quizá de ahí su desesperado canto a la estabilidad con el gobierno que sea, con tal de seguir sentados en sus escaños.

Unas nuevas elecciones traerán, sí o sí, como consecuencia, una gran convulsión orgánica, nuevas caras, líneas rosas, tal vez lo que hace falta para de verdad tener un tiempo nuevo. De momento, las señorías, con buen criterio y previsión, no han buscado alojamiento fijo en Madrid, por lo que pueda pasar. Los de siempre no tienen ese problema, claro.

 

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