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Los minutos de la basura en un Estado delirante

El fiasco político, judicial, ante nuestras narices y ante las de Europa es monumental en relación con el conflicto catalán

El último informe del Consejo de Europa deja al Estado malparado en corrupción: a los poderes electos y también a esa corporación rara, no electa, en la que se ha convertido el Poder Judicial, por no hablar de la Fiscalía

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Rajoy comparecerá a partir de las 19 horas en Moncloa tras verse con el Rey

EFE

No hace falta que lo explique para los aficionados al básquet. Para los demás, se trata de esos minutos de un partido que no valen para nada y en donde ya, o no se juega nada o te van metiendo un marcador irremediable. Ante la evidencia, saltan los suplentes, lesionados, transferibles, los que buscan estadísticas... Pero, al final, a otra cosa mariposa. Como el que se ha ido a Manhattan.

Esa sensación tengo, minutos de la basura, fin de la Transición, con un gobierno que se desmorona y con él, una idea de Estado. Puede que no nos estemos dando cuenta, puede que no lo admitan los protagonistas, puede que solo sea un sueño. Pero eso pienso.

Empieza el curso, buenos propósitos, el Gobierno también. Pero este Gobierno puede andárselas de dos maneras: una, con sentido de Estado; otra, con su propio sentido, es decir, el del PP.

En el primer caso, tendrá que entender lo que pasa con Catalunya, que es lo que pasa con la Constitución territorial del Estado, siempre en cuestión, si me permiten, hasta que no admitamos el carácter plurinacional de España, desde hace tantos siglos como siglos hay de resistencia a que así sea.

El fiasco político, judicial, ante nuestras narices y ante las de Europa es monumental en relación con el conflicto catalán. No hace falta entrar en detalles, ni insistir en el fracaso de la política.

Desde el sentido del PP, el Gobierno no acaba de comprender la consecuencia última de la corrupción: corromper los cimientos del Estado. Sería terrible tener que admitir que al final todo es un enorme puré de guisantes para impedir la transparencia en esas cosas de las que usted le habla al señor Rajoy. La justicia, el sistema político, las herramientas del Estado, siguen sin saber quién es M. Rajoy, y eso lo compromete todo. Hoy, la reputación del Ministerio Fiscal y del Poder Judicial, más bien de los jueces, está por los suelos, también el poder legislativo.

El último informe del Consejo de Europa, grupo GRECO, deja al Estado malparado en  corrupción. A todos los poderes, a los electos y también a esa corporación rara, no electa, en la que se ha convertido el Poder Judicial, o algunos jueces, por no hablar de la Fiscalía General del Estado, que como su propio nombre indica, es del Estado y no del Gobierno y, mucho menos, del PP.

Los argumentarios voladores (harán falta controladores mediáticos para tanto tráfico), aseguran que no les ha dado tiempo este año, por el conflicto catalán. Lo que no dicen los argumentarios es que el GRECO lleva afirmando lo mismo desde hace años, años marianos, sobre todo.

Y mientras no han tenido tiempo para cumplir, sí lo han tenido para entorpecer la Justicia con maniobras taimadas, indultos, traslados y otras gollerías, y no han escatimado esfuerzos en no esforzarse en dar más medios a los jueces honestos, que los hay.

Como no han tenido tiempo tampoco para ocuparse de las cosas que interesan a la gente, en terminología mariana, a saber, el paro, la pobreza salarial, la precariedad, temporalidad, pobreza infantil y absoluta. Es decir, no han tenido tiempo para impedir o corregir la desigualdad, principal consecuencia de estos años de recortes y esfuerzo. España es el único Estado miembro de la UE que sigue inmerso en un Procedimiento de Déficit Excesivo, es decir, que está intervenido por Bruselas. Y cuando acabe, preparémonos para las medidas inminentes para acabar con la deuda excesiva, en la que también estamos en zona Champions.

Mientras tanto, los conflictos se perpetúan pero sin responsables. La decadente Transición ha tejido una telaraña protectora que atrapa a sus clientes. El fracaso catalán no tiene responsables. No, porque esa decadente putrefacción alcanza a los medios sinfónicos (Unamuno lo decía con calificativos más porcinos) que han hecho un Houdini a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, haciéndola desaparecer.

Mientras tanto, los Franco se cachondean abiertamente de la democracia, convirtiendo, con la ayuda de la misma prensa, el fallecimiento de la matriarca en un asunto rosa. Siguen disfrutando de los  beneficios del expolio franquista y de sus títulos nobiliarios.

Mientras tanto, el rey emérito cumple 80 años y exige cumpleaños de Estado. El patriarca de los Borbón disfruta de una amable pensión, mientras los españoles la padecen. Una familia ejemplar que aún no ha podido explicar los 2.300 millones de dólares de patrimonio que le atribuyó el New York Times, a pesar de la reconocida menesterosidad en los tiempos en que primero ocupó la jefatura de Estado franquista y luego, la constitucional. A pesar de que, según sus corifeos, le pagamos modestamente. Un rey taumaturgo, al que se le reconocen multitud de prodigios.

Mientras tanto, la derecha se recompone, se reinventa. El PP se hunde pero ahí está Ciudadanos y completa la Gran Coalición informal, pero eficaz, el PSOE. Les sigue, gateando, Podemos, aún en régimen de guardería infantil.

Hernán Rivera Letelier escribió una novela maravillosa, "El arte de la resurrección" . En su historia, un Cristo mundano y pecador acaba haciendo el milagro de su vida que no es otro que la resurrección de una gallina. Eso es todo, la resurrección de la gallina, y aquí de eso, de gallinas y pollos, sabemos mucho.

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