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Cuando la realidad llama a las puertas de la escuela

Adolescentes de cinco institutos de educación secundaria andaluces han aprendido a defender los derechos humanos mediante un juego de rol.

Asumen los papeles de grandes empresas, gobiernos y ciudadanía para enfrentarse al problema de la privatización del agua y otros recursos naturales.

Estudiante del IES Itálica durante el proyecto Agualandia

Estudiante del IES Itálica durante el proyecto Agualandia

"No queríamos aceptar su dinero ni trabajar en su empresa, pero como les amparan las leyes internacionales, al final siempre ganan". No es el testimonio de un adulto de Cajamarca, el Amazonas o el Río Madera. No habla ningún ciudadano afectado por una explotación negligente de los recursos naturales. Es el testimonio de una quinceañera que, casi literalmente, se acaba de dar un baño de realidad.

A unos metros del Teatro Romano de Itálica, donde las aguas transcurrían libres por canales y acueductos, los adolescentes del instituto homónimo juegan a ser adultos. Lo hacen en un escenario complicado, pero adaptado. La creación de un micromundo donde los ciudadanos, las empresas y el Estado pugnan por un bien esencial: el agua.

"Queremos que puedan experimentar qué es lo que ocurre cuando se privatiza un recurso esencial para la vida como es el agua y qué impacto tiene sobre otros derechos humanos como la salud o la alimentación", explica Libia Arenal, coordinadora de la Fundación APY, impulsora de la iniciativa pedagógica Agualandia, junto a Zemos 98 y la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Estudiantes del IES Itálica durante el proyecto Agualandia

Estudiantes del IES Jacobo Orellana (Alameda, Málaga) durante el proyecto Agualandia

La iniciativa tiene lugar durante dos días y se materializa en un juego de roles y una enorme maqueta que representa un mundo ficticio creado por ellos mismos mediante materiales reciclados a base de plastilina, temperas y spray. Las cartas y el avance del propio juego van mostrándole a los jóvenes cómo los intereses de las grandes empresas pueden poner en jaque el bienestar de la ciudadanía.

"Durante el juego, el Estado y las empresas prometen que se garantizará que la explotación de los recursos será limpia. Los ciudadanos no se fían a pesar de que se les promete empleo y una mejora de su situación económica", cuenta Leandro Piedra, miembro de la Plataforma de Afectados por la Texaco.

La colorida maqueta fabricada por los alumnos se encuentra en un lugar de honor en la entrada del instituto de Santiponce. Ocupa un puñado de metros cuadrados y por mitad de ella fluye un río con agua real. En sus riberas hay vegetación, cultivos, varias poblaciones y la temida compañía que quiere explotar su petróleo contaminando su río.

Frente a esta maqueta, se vivió meses atrás el clímax del juego: el gobierno, que había rechazado los sobornos, y los ciudadanos se unían contra la empresa cogidos de la mano. "Fue muy emocionante. El alumno que representaba a la empresa casi se echa llorar al verse enfrentado a todos ellos", explica Iván de Miguel, el profesor de tecnología que les ayudó a montar esta selva en miniatura.

Maqueta del proyecto Agualandia en el IES Itálica

Maqueta del proyecto Agualandia en el IES Itálica

A pesar de los esfuerzos de los ciudadanos, en la última ronda la empresa jugó su última baza: los tratados internacionales la amparaban para explotar el petróleo de estas alegres aldeas tropicales. En seguida llegó el segundo jarro de agua fría: lo que habían vivido durante dos intensos días no había sido una ficción, sino una representación de la realidad. En el caso del Instituto Itálica habían representado el caso de Texaco en la Amazonía ecuatoriana, donde 5.000 personas han muerto y miles de niños siguen naciendo con malformaciones a causa de una negligencia ambiental.

"Sin saberlo, nos hemos puesto en el papel de muchas personas. Cuando nos han dicho que era verdad, nos hemos sentido mal. Hay personas que viven esto diariamente", relata una de las estudiantes en el documental creado por Zemos 98. Como explica Pablo Navarro, miembro del colectivo cultural, se trata de una metodología disruptiva que les permite fomentar una conciencia crítica entre los adolescentes. "En la mayoría de centros educativos, las empresas han sido las ganadoras del juego pasando por encima de las decisiones del Estado, aplastando a la ciudadanía y pasando por encima de su vida", añade Navarro.

Como el resultado es desalentador, los educadores tratan también de hacer una pedagogía positiva sobre la importancia de la defensa de los derechos mediante casos prácticos. María Jurado les pone el ejemplo de la remunicipalización de las aguas de Medina Sidonia (Cádiz) a los chicos y chicas de los Institutos Cártama, Jacobo Orellana, Miguel Cervantes, Diamantino e Itálica.

"Al unirnos, se tomarán represalias contra las empresas. Algo pasará. Seguro", expresa con esperanza una de sus compañeras.

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